El lado oscuro de la fuerza

Por David Santamaría


La Fuerza (en el universo de Star Wars creado por George Lucas) es un campo de energía metafísico y omnipresente creado por las cosas que existen que impregna el universo y todo lo que hay en él manteniéndolo unido, y que da a los Jedi y a los Sith su poder, estos pueden controlar y utilizar la Fuerza con el cuerpo para lograr habilidades como la telequinesis, la clarividencia, el control mental, una amplificación de reflejos, la velocidad y otras capacidades físicas y psíquicas. 



Hace ya más de 40 años que escuchamos utilizar habitualmente este concepto de “la Fuerza”. Algunos piensan que podría tener relación con elementos de filosofías orientales tales como el chi o el prana.

Pero, ¿tendría alguna correspondencia este concepto en la doctrina espirita? Debería ser “algo” que lo penetrara todo, que lo conectara todo, “algo” a lo que todo el mundo tuviera acceso. Podríamos examinar algunos ítems que cumplirían con esas expectativas:

Dios: la Causa Primera de todas las cosas lo penetra todo, lo alcanza todo, está en todas partes.

La materia cósmica universal: la materia también está en todo lugar, ya sea como materia o como energía.

Los fluidos espirituales: son una variedad especializada de la materia cósmica universal. Están caracterizados, cualificados, por el pensamiento de los Espíritus, desencarnados o encarnados.

El pensamiento: los pensamientos fluyen por doquier. Decía Léon Denis que vivimos en un océano de pensamientos. El pensador norteamericano Prentice Mulford afirmaba que continuamente atraemos pensamientos ajenos acordes con nuestras tendencias, ya sean buenas o malas.

La mediumnidad: decía Kardec, que, en mayor o menor medida todos somos médiums (aunque se reserve específicamente este nombre para quienes poseen esta capacidad de forma ostensible y reiterada). No olvidemos que la “Fuerza”, en las películas de Lucas, comporta capacidades que podemos asociar perfectamente con la fenomenología anímica (telepatía, clariaudiencia,...) y mediúmnica (telequinesis, videncia,…).

La acción de los Espíritus desencarnados: también ellos están en todas partes; podemos afirmar, sin dudar, que nunca estamos solos.

Las anteriores propuestas por sí solas no se ajustan totalmente a las características de la “Fuerza”. Sin embargo, seguramente, comprenderíamos la acción de ella, en el contexto espirita, como siendo una combinación de la acción de los Espíritus (Kardec decía que son una de las fuerzas de la Naturaleza) y la utilización de todo tipo de energías (fluidos espirituales), ya sea por parte de los Espíritus desencarnados o encarnados (también la mediumnidad, en este caso).


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En la serie Star Wars se cualifica a la “Fuerza” tanto con características positivas como negativas. En todos esos filmes se advierte sobre el gran poder de la acción del “lado oscuro de la Fuerza”. En Espiritismo también sabemos, o deberíamos saber, sobre el poder de la acción negativa de determinados elementos del mundo espiritual. Sin embargo, hemos de ser prudentes en no tener la tentación de achacar todos nuestros males, todos nuestros problemas, a esa acción negativa del mundo de los Espíritus; de hecho, nos las apañamos bastante bien nosotros solos para buscarnos problemas y actuar negativamente a causa de nuestra inferioridad moral. El problema, especialmente para nosotros, es que con esas actitudes nuestras llamamos la atención de individuos del “lado oscuro” (permítaseme la licencia de llamarlos así), que secundan y se suman a nuestras actitudes equivocadas.

En el mundo material reconocemos fácilmente la existencia de un “lado oscuro”. Por esto no podemos dudar de que ese “lado oscuro” también actúe de forma similar desde el ámbito espiritual. Sin embargo, en demasiadas ocasiones se tiene una visión ingenua de la realidad de las actividades de los Espíritus desencarnados. Se tiende a pensar que, una vez desencarnados, la comprensión de las cosas aumenta cuasi milagrosamente, como si el mero hecho de haber dejado la materia nos proporcionara un conocimiento superior de las cosas. Realmente no es así en la mayoría de casos. Siempre habrá Espíritus sensatos y honorables a quienes el hecho de desencarnar les proporcionará, sin duda, una más amplia comprensión de su realidad; pero, a nivel general, el hecho de dejar la materia no comporta en absoluto un mayor entendimiento de ese nuevo estado. Generalmente somos y estamos, en el mundo espiritual, tal y como éramos y estábamos en el mundo material. Si éramos sobrios y estábamos relativamente centrados, así seguiremos. Si nuestro comportamiento era inapropiado y reprobable, así continuaremos, y con muchas posibilidades de engrosar el contingente del “lado oscuro”.

Según se desprende de los relatos mediúmnicos, el “lado oscuro” está perfectamente organizado. 

El hecho de que esté compuesto por Espíritus con poco nivel moral no significa, de ninguna manera, que su nivel intelectual sea bajo. Eso se ve, así mismo, en el mundo material; hay espíritus encarnados con conductas morales muy erróneas, pero que son perfectamente capaces intelectualmente. Esta realidad es ciertamente desconcertante porque tendemos a pensar que a mayor inteligencia debería corresponderse una superior moralidad. Sin embargo, Kardec ya nos enseña que esa correlación no siempre se da, ni mucho menos. ¿Por qué? Probablemente porque la cantidad de esfuerzo que implica el progreso moral es muy superior al que se necesita para aprender intelectualmente. 

La intelectualidad necesita esfuerzo, a veces mucho esfuerzo; sin embargo, la lucha moral es mucho más dura porque compromete mucho más. Es más duro luchar contra el egoísmo y el orgullo propios que no elevar el nivel intelectual. No obstante, nunca podremos suponer, ni por asomo, que el conocimiento intelectual pueda ser considerado como una rémora o como un obstáculo para el progreso moral. La inteligencia, a la larga o a la corta, es la que nos indicará la inevitabilidad de cambiar nuestra actitud y mejorar moralmente, aunque sea poco a poco.

¿Hasta dónde llega la capacidad de actuar del “lado oscuro”? 
La capacidad es amplia; pero, como en todo, todo tiene un límite. Así mismo lo vemos en las actividades del “lado oscuro” encarnado; las leyes materiales, más pronto o más tarde, suelen erradicar ese tipo de actividades. Pero, somos conscientes de que no siempre es así y que, en bastantes ocasiones, los perpetradores de esas acciones negativas se sustraen a la acción de la justicia. Sin embargo, hemos de estar convencidos de que esa sustracción se da en el mundo material; pero, no hay forma posible de evadirse a la acción de la justicia divina. No obstante esa certeza, ¿por qué la acción de la justicia divina no se efectúa siempre en el mundo material? Veamos algunos párrafos de la obra de Kardec  El Evangelio según el Espiritismo (cap. V, ítems 5, 6 y 7)

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La ley humana contempla ciertas faltas y las penaliza. El condenado puede, pues, reconocer que sufre la consecuencia de lo que ha hecho. Con todo, la ley no abarca, ni puede abarcar, todas las faltas.

La prosperidad del malo sólo es momentánea, pues si no expía hoy, expiará mañana, mientras que el que sufre está expiando su pasado.

Así se explican, mediante la pluralidad de las existencias y el destino de la Tierra como mundo expiatorio, las anomalías que presenta la distribución de la felicidad y de la desgracia entre los buenos y los malos en este mundo. Esas anomalías sólo existen en apariencia, porque se las considera solamente desde el punto de vista de la vida presente. No obstante, aquel que se eleve con el pensamiento, de modo de abarcar una serie de existencias, verá que a cada uno se le ha dado la parte que merece, sin perjuicio de la que le corresponderá en el mundo de los Espíritus, y descubrirá que la justicia de Dios nunca cesa.

Por lo tanto hemos de ceñirnos a esta última frase “la justicia de Dios nunca cesa”. Si las consecuencias de las acciones negativas no repercuten durante la presente encarnación, pareciendo que se está sorteando la acción de la justicia, esas consecuencias las encontraremos en el mundo de los Espíritus y en próximas encarnaciones. Sin la perspectiva que nos da la pluralidad de existencias del alma, se hace imposible aceptar las injusticias que se observan en nuestro planeta.

Volvamos al “lado oscuro”.  Pareciera que estamos inermes ante su actuación, especialmente la del “lado oscuro desencarnado”. Esos Espíritus actúan con aparente impunidad ya que nosotros no los vemos y, por lo tanto, no podemos estar prevenidos ante sus acciones. Este anterior razonamiento no es correcto, a pesar de ser real el hecho de que la mayoría de encarnados no percibimos el entorno espiritual que nos rodea; no obstante ello, no podemos soslayar la realidad de que la calidad (buena o mala) de nuestro personal entorno espiritual es exclusivamente nuestra. Conforme aseveraba Léon Denis la ley de las atracciones es ineludible. O sea, dándole la vuelta al refrán se puede afirmar que: dime cómo eres y te diré con quién andas. Somos, la mayoría, Espíritus imperfectos y atrasados moralmente; sin embargo, sigue dependiendo de nuestro esfuerzo el conectar con un “lado cada vez menos oscuro”. Y, así, ser cada encarnación vivida  un poquito (aunque sea muy poquito) más conscientes, consecuentes y felices.

Terminaremos estas reflexiones en el mismo estilo como se han iniciado: ¡Que la (buena) fuerza os acompañe!

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