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De dolor y solidaridad

Hablar de la muerte no es algo para lo que se nos ha educado. Como mucho, en raras conversaciones menos triviales, nos acercamos al tema como en un ejercicio intelectual. Cuando consideramos la muerte como una posibilidad, podemos experimentar el miedo o el rechazo, pero no tenemos realmente emociones tan intensas hasta el punto de modificar nuestra forma de entender la vida misma. Hasta que nos sucede a nosotros. Un ser querido se va y nos deja la tarea de recomponer nuestro mundo emocional, aprender a vivir con su ausencia presente o su presencia ausente, según como se mire. Ya nada es como antes a partir del momento mismo en el que nos enteramos de su desenlace. Aplacar el dolor emocional causado por el duelo requiere fuerza, tiempo, apoyo, paciencia… Cuando la persona a quien amas se va por las puertas del suicidio, sin embargo, el trabajo es aún más intenso, el dolor es más punzante, la estupefacción ante la muerte es más espantosa, la tarea de vivir sin él o ella se hace más dura.
A las personas que tienen lazos afectivos con suicidas se les considera “sobrevivientes”. Éstos son los que quedan aquí, a este lado de la vida, enfrentándose a todas las dificultades a las que uno tiene que hacer frente por la pérdida de un ser amado y a muchas otras más. Entre ellas, está el sentimiento de culpa del sobreviviente por no haber podido evitar el acto desesperado de su familiar o amigo, por no haberle dedicado más tiempo, más atención, por no haber estado allí. Al natural e inevitable dolor causado por la ausencia del que se ha ido, se le pueden sumar emociones tan duras y contradictorias como la rabia, la impotencia y el resentimiento. También existe el miedo a que el suicidio sea hereditario y que vuelva a ocurrir en la familia. El vacío que el suicida deja en el corazón de los sobrevivientes retumba incansablemente el eco de una pregunta, ¿por qué?

El tabú alrededor del suicidio

A este cuadro espantoso, se suma el estigma social y religioso que han convertido al suicidio en un tema tabú. Para que podamos romperlo, nos faltan las herramientas adecuadas. Por ejemplo, faltan habilidades sociales para que demos al sobreviviente la oportunidad curativa de expresar libremente todo el dolor que lleva dentro. Es preciso darle oportunidad de compartir su pena de forma abierta, sin miedo o vergüenza. Falta aclarar que el suicidio NO es hereditario y que aunque lo fuera en nada podría determinar cómo uno tiene que vivir su vida. El suicidio no es una enfermedad, pese a lo nuestra sociedad mezquinamente materialista e individualista nos quiera hacer creer. Nadie está genéticamente condenado a suicidarse, aunque el historial familiar de suicidio es un factor de riesgo importante de comportamiento suicida, particularmente en familias en que la depresión es común. En general, nos falta educación emocional para abordar el suicidio de forma empática y altruista. Lo planteamos, si lo hacemos, como algo que le sucede a las familias de los demás, pero que jamás nos ocurrirá. Sobre todo nos falta una conciencia espiritual que sea capaz de ayudar las personas a elevarse por encima del castigo y de la culpa, promoviendo el auto-perdón y el perdón. Es urgente entender la esencia de la vida como un período de aprendizaje en el cual nos enfrentamos a pruebas con el fin de superar dificultades y crecer. Lo que abunda, en cambio, es crisis, futbol y violencia, pero estos y la mayoría de los temas que ocupan las portadas de los diarios nos alejan diametralmente de lo que nos urge: entender que sólo hay más vida después de la vida.

La solidaridad es la mejor medicina

El día 19 de noviembre es un día marcado en el calendario internacional para que demostremos amor y solidaridad a los sobrevivientes del suicidio. Este día nos brinda la oportunidad de hacer un tipo de caridad a los que muchos no estamos acostumbrados: la escucha activa. No cuesta dinero, pero es de un valor transcendental. Es posible que ni siquiera sepamos cuántos sobrevivientes hay muy cerca de nosotros, escondidos como están tras el velo de la vergüenza, del miedo y del estigma. Abracemos este día como una oportunidad de hablar del tema en el trabajo, en familia y con amigos. Tantos tabúes hemos visto diluirse hasta convertirse en parte de la historia. Rompamos este tabú más. Verbalicemos nuestro rechazo al suicidio y nuestro apoyo a sus sobrevivientes para que la vida sea siempre la única opción posible, por dura que se nos pueda parecer a menudo.

El Centro Espírita Amalia Domingo Soler organiza el día 19 de noviembre de 2011 una charla en celebración del Día Internacional de los Sobrevivientes del Suicidio, a las 17:30, en el Hotel Silken Ramblas Catalunya.  

La entrada al acto es libre y gratuita.

Comentarios

  1. Hoy todos somos sobrevivientes. Cada hermano y cada hermana que ha marchado por las puertas del suicidiones mi hermano y mi hermana. El dolor de cada sobreviviente es mi dolor y mi fe sera su fe.

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  2. Gracias a todos los que os habeis implicado en la organizacion de este humilde acto. Gracias a los que habeis asistido. Gracias a los que habeis cambiado vuestras fotos de perfil de Facebook. Gracias a los que habeis enviado pensamientos de solidaridad a los sobrevivientes y a sua famlias. Gracias a los que habeis enviado vuestras buenas vibraciones! Gracias a los que habeis comentado, dicho que os gusta, compartido en vuestros muros de Facebook y blogs la informacion del evento. Gracias a la espiritualidad amiga, que permite que pese a nuestras limitaciones y imperfecciones, hagamos cosas tan bonitas como la que hemos hecho esta tarde: reunirnos en solidaridad, apoyarnos unos a otros y crecer en fuerza, alegria y fe. Un beso cariñoso de la hermana menor!!!

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