Ir al contenido principal

El lugar que ocupamos en el universo

Querida familia CEADS,

Ayer en nuestro querido centro hablamos de la pluralidad de los mundos habitados. Empezamos viendo este video… 


Y luego pasamos a la lectura del texto de estudio de la clase. Lo que vino a continuación fue un interesante intercambio de opiniones y experiencias sobre el tema. La ciencia oficial todavía no tiene comprobación empírica (material) de la existencia de vida en otros planetas, pero, como el físico más destacado de la actualidad, Stephen Hawking, afirma, esta es una hipótesis perfectamente razonable, anclada en la lógica. Desde una perspectiva estrictamente científica, nada hace suponer que seamos especiales: nuestro planeta ocupa una posición periférica en nuestra galaxia, que no es más que un punto luminoso en el océano de galaxias que componen el universo. Éste es sencillamente demasiado grande para que podamos creer ser los únicos por aquí.

Mientras los científicos deambulan con sus hipótesis, los espiritistas tenemos la comprobación empírica de la pluralidad de los mundos habitados en la supervivencia del espíritu y en la ley de la reencarnación. La psicografía nos habla de mundos y moradas espirituales, aclarando que es una simplificación hablar de la división entre plano espiritual y plano físico. Lo que existen son diferentes realidades o frecuencias vibratorias que se interpenetran, cada una de ellas poblada por seres que recogen en su campo de actuación los elementos que estructuran sus cuerpos. A mayor elevación moral e intelectual, más sutil o etérea es la materia que caracteriza el mundo o plano de la vida; a menor elevación, más densa es la materia que le caracteriza (menor frecuencia vibratoria).

Las características de los mundos habitados varían, como nos enseña nuestra doctrina, hasta el infinito. Para efectos didácticos, sin embargo, solemos utilizar las categorías a continuación como forma de acercarnos a esta complejidad:
  • Mundos primitivos. Destinados a las primeras encarnaciones del alma humana. Mundos donde las pasiones reinan soberanas.
  • Mundos de expiaciones y pruebas. Mundos donde todavía domina el mal. Es la categoría a la que pertenece la Tierra.
  • Mundos de regeneración. Mundos en los que las almas que todavía deben expiar, recuperan nuevas fuerzas.
  • Mundos intermedios. Mundos donde hay mezcla de defectos y virtudes.
  • Mundos dichosos. Mundos donde el bien prevalece sobre el mal. 
  • Mundos celestes o divinos. Residencia de los Espíritus Puros.
En las próximas clases seguiremos con el tema, sin la pretensión de agotarlo. Simplemente deseamos comprender que, desde las informaciones que la doctrina espírita nos ofrece, que la hipótesis considerada lógica y razonable por los científicos es una realidad tan palpable como aquella en la que nos movemos. Únicamente, no tenemos los sentidos físicos, ni tampoco los instrumentos científicos, capaces de identificar su existencia.

Comprender que vivimos en un mundo de expiación y pruebas, tan lejos de la perfección de los mundos celestes, residencia de los espíritus puros, no deja de ser un duro golpe al orgullo de la raza humana. Nosotros, que ayer mismo descubrimos que el sol no giraba alrededor de la Tierra y que ésta no es el epicentro del universo, somos los mismos que hace dos mil años acogimos con asombro las palabras de un hijo de carpintero que decía “Hay muchas moradas en la casa de mi Padre”.

Que la contemplación de la inmensidad del universo nos conduzca a la humildad y que la voz del dulce Rabí nos despierte la conciencia entorpecida por la ignorancia para la verdad, el amor y la vida.

Cariños de la hermana menor

Comentarios

Entradas populares de este blog

El camino del convencimiento

David Santamaría ¿Cuál podríamos pensar que es el mejor procedimiento para convencer a alguien de que los postulados espiritistas son ciertos y correctos? ¿Sería por el contacto con la fenomenología mediúmnica? O, tal vez, ¿sería más efectivo hacerlo a través del razonamiento? De entrada nos encontramos con una condición inherente al espiritismo y es la de ser totalmente contrario al proselitismo. Allan Kardec tenía perfectamente claro que hay que dar explicaciones detalladas a quien manifiesta un interés sincero en tener información; pero, que no tiene ningún sentido intentar convencer a los que tienen animadversión por todo lo que tenga que ver con el espiritismo, ni a aquellas personas que tienen suficiente con sus profundas convicciones religiosas. O sea, que únicamente dedicaríamos atención a aquellos que muestren un interés real, por mínimo que este sea y que, en más de una ocasión, pueden estar en el campo del ateísmo o del materialismo. En El Libro de los Médiums, primera parte

El dormir y los sueños

Jordi Santandreu Lorite Allan Kardec interrogó a los Espíritus acerca del dormir y de los sueños, como no podía ser de otra manera, ya que desde tiempos inmemoriales el Ser Humano ha asociado el dormir con traspasar una puerta velada por el oscuro manto de la materia. Lo que se supone que hay detrás de ese umbral se ha interpretado de maneras diferentes según la época y el lugar. Los sueños han estado asociados, en general, a la dimensión espiritual de la vida, al más allá . En todas las tradiciones antiguas, desde la Grecia de Platón y Sócrates, a la India de los Upanishads, pasando por el Egipto de los faraones, el mundo de los sueños era aquél en el que dioses y humanos podían reencontrarse. En el Antiguo Testamento hay numerosas referencias a sueños proféticos, como el de Abraham o el de Jacob, que soñó con “una escalera apoyada en tierra, que en su extremo llegaba al cielo. Ángeles subían y bajaban por ella. Jehová, que estaba en lo alto, dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham y

COVID-19: ¿Una oportunidad perdida?

Humberto Werdine  Estoy escribiendo este texto en los primeros días de septiembre de 2020, en el auge del inicio de la segunda ola del virus COVID 19, aquí en Europa. Mi familia fue alcanzada, mi esposa y una de mis hijas. Mi hija está prácticamente recuperada y mi esposa se recupera poco a poco. Ninguna de ellas necesitó ingreso hospitalario. Agradezco a Dios todos los días por su recuperación. Tengo amigos que han sufrido mucho con este virus. Unos tuvieron que ser entubados y se recuperaron después de muchas semanas de angustia y dolor. Otros, no tuvieron la misma suerte y fallecieron. Todos los que partieron eran de una edad parecida a la mía, entrados ya los 60 años. Esta misma semana, una querida amiga me envió un mensaje a mi whatsapp privado, calificando a esta enfermedad de maldita. He recibido varios comentarios parecidos de muchas y diversas personas que usan un adjetivo similar para esta enfermedad y, algunos, cuestionando por qué Dios habría mandado una enfermedad tan pern