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Corazón, alma y entendimiento



Hola familia,

Como de costumbre, ayer nos reunimos en CEADS para el estudio de la Doctrina de los Espíritus. Empezamos con una lluvia de ideas: ¿Qué entendíamos por la moral?, nos preguntó Marcello. Surgieron algunas respuestas:

  • Unas pautas de comportamiento en conformidad a las leyes divinas.
  • Un pacto que hacemos los humanos para ser civilizados.
  • Hacer a los demás sólo lo que quieres que te hagan a ti...

Luego fuimos a la definición de la Real Academia Española para la palabraMORAL.

Moral (Del lat. morālis). Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia. Que no pertenece al campo de los sentidos, por ser de la apreciación del entendimiento o de la conciencia.  Ciencia que trata del bien en general, y de las acciones humanas en orden a su bondad o malicia.

El concepto está muy cercano a nuestras nociones intuitivas del concepto de la moral, pero otro nos llamó enormemente la atención. La definión de VIRTUD MORAL a algunos nos ha parecido psicografiada… ;)

Virtud moral. Hábito de obrar bien, independientemente de los preceptos de la ley, por sola la bondad de la operación y conformidad con la razón natural.

Este es el sentido de la moral que el espiritismo nos da a conocer. En la pregunta 629 deEl Libro de los Espíritus, Kardec quiere saber ¿Qué definición puede darse de la moral? Y los espíritus contestan:

 La moral es la regla para conducirse bien, es decir, la distinción entre el bien y el mal. Está fundada en la observación de la ley de Dios. El hombre se conduce bien cuando todo lo hace con la mira y para el bien de todos; porque entonces observa la ley de Dios.


Antes tal respuesta, la pregunta 630 parece inevitable: ¿Cómo puede distinguirse el bien del mal? Y los espíritus contestan:

El bien es todo lo que está conforme con la ley de Dios, y el mal todo lo que de ella se aleja. Así, hacer el bien es conformarse con la ley de Dios, y hacer el mal es infringir esa ley.

A mayor comprensión de la ley de Dios, mayor es la capacidad de discernimiento del ser y también mayor su responsabilidad sobre sus propios actos. El “mal”, por tanto, es una forma de referirse a la ignorancia de las leyes divinas, es decir, un estado transitorio por el que pasan todas las criaturas en evolución, viajeros en la luz. De esto se desprenden innumerables consideraciones filosóficas, pero, por lo menos, dos conclusiones prácticas muy evidentes:

  • La indulgencia con otros seres, todavía ignorantes de la ley divina, es un reflejo del conocimiento del destino al que estamos determinados todas las criaturas: la perfección. Es evidente que los espíritus superiores lo comprenden, una vez que pese a las limitaciones morales de los agrupamientos humanos, siguen generosamente colaborando con el progreso de la humanidad.
  • Sólo puede decir que verdaderamente conoce la Ley de Dios el que hace el bien. Recitar preguntas del Libro de los Espíritus de memoria, haberse leído los cuatrocientos libros psicografiados por Chico Xavier, tener un doctorado o dos en teología o filosofía no implica en conocimiento de la ley de Dios. A través de sus actos de altruismo, humildad, compasión y fraternidad se reconoce al que ha comprendido la ley divina.

Actitudes de crítica, orgullo, egoísmo y tantas otras imperfecciones que descubrimos en nuestro carácter de forma cotidiana son signos de ignorancia de la ley de Dios. Y es que leyendo el texto de estudio descubrimos que a medida que vamos aprendiendo a distinguir el bien del mal, nos vamos moralizando. Es decir: se trata de un proceso; no conocemos la ley divina de golpe; no nos iluminamos de la noche a la mañana. La evolución no da saltos y, como dijo Kardec, desprendiendo sabiduría y poesía, “En la naturaleza todo se encadena, desde el átomo hasta el arcano”.

Pues bien, aprendices de arcanos, hermanos de mi alma ignorante, mientras deambulamos en la sombra, buscamos nuestra propia luz. Elevemos el pensamiento en actitud de gratitud, por el auxilio de la espiritualidad superior y busquemos inspiración en el ejemplo de nuestro Amado Maestro para abrir nuestras conciencias al primero y mayor mandamiento de la nueva ley: en definitiva, un mandamiento de amor.

Amarás a Dios de todo corazón, y de toda tu alma y de todo tu entendimiento. Y el segundo, semejante es a éste. "Amarás a tu prójimo como a tí mismo".

Cariños de la hermana menor

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