Ir al contenido principal

¿Quién es tu prójimo?

Hola familia, 

Ayer nuestra querida monitora Andrea nos guió en una enriquecedora clase sobre la caridad. Para empezar, escuchamos a la tan conocida parábola del buen samaritano: 
“ Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.”
Luego Andrea nos dividió en dos grupos y dio a cada grupo un reto diferente. El primer grupo debería hacer una breve representación de una situación cotidiana en la que podemos usar de caridad con “el prójimo más prójimo”. El grupo preparó una escena que quizá os suene de algo… 
Una chica entre apresurada y mal educada pide adelantarse en la cola del supermercado. Una señora le deja pasar, no viene de ahí… en milésimas de segundo pondera que es capaz de poner sus prioridades en este caso en segundo plano y deja pasar a la chica. La siguiente persona en la cola, sin embargo, no reacciona con la misma amabilidad, diciéndole que quién se cree, etc, etc. La chica y esta persona se intercambian algunos insultos, mientras un obsesor insufla el desequilibrio de la chica. Cuando ésta le pregunta a la cajera del supermercado con evidente enfado cuánto vale la botella de aceite que quiere comprar, ésta le informa: “La botella vale 1,30… Pero la sonrisa es gratis!”. La chica llega a casa donde le espera su pareja. Entra echando pestes, pero su pareja, en lugar de responder en la misma onda, le trata con paciencia y la tranquiliza. También le llega a la chica una vibración de amor en forma de oración. ¿de dónde venía? La señora que había estado delante suyo en la cola del super, que pedía a la espiritualidad amiga por ella.
El grupo consideró que la mujer en la cola, la cajera y la pareja de la chica actúan con caridad. La primera tratando con amabilidad a una desconocida; la segunda, sirviendo con humildad a una persona en evidente desequilibrio emocional; la pareja, ofreciendo paciencia la persona que había libremente elegido como su compañera. ¿Se merecerá esta chica algo maleducada la bondad de todas estas personas? Sí o no, ¿qué importa? La caridad no debe hacerse por el merecimiento del que la recibe, sino por la capacidad de donación del que la practica, sin esperarse nada a cambio: ni siquiera la gratitud en forma de buenos modales. Es muy fácil hacer la caridad con desconocidos, amigos, compañeros de trabajo y familiares que se portan educada y amablemente. Lo difícil es hacer lo mismo con los que se encuentran en desequilibrio emocional.
Al segundo grupo, Andrea pidió que listaran actitudes de caridad en cuatro campos diferentes: con uno mismo, en la familia, en el trabajo y con los desconocidos. Os pongo a continuación las sugerencias prácticas de caridad para la vida cotidiana de nuestros compañeros:

Con nosotros mismos
  • El auto-perdón
  • Cuidar el cuerpo y el espíritu
  • No hacerse la víctima (auot-compasión)
  • Aceptar los propios defectos y tener disposición para cambiar
  • Amarse sin vanidad ni orgullo

Con la familia y amigos 
  • Paciencia
  • Amar con desapego
  • Incentivar al cambio con el ejemplo 
  • Tolerancia
  • Oración/vibraciones

En el trabajo
  • Ser justo, actuar con ética
  • No criticar, respetar, no juzgar
  • Orientar, enseñar y ayudar
  • Tolerar Tener empatía
  • Tener una sonrisa y buen homor, hacer lo mejor que se puede
  • Oración

A la gente de la calle
  • Oración
  • Interesarse por el desconocido
  • Controlar el pensamiento negativo
  • Respetar y tener civismo y tolerancia
  • Ayuda monetaria


Jesús nos invita a usar de misericordia, más allá del sectarismo religioso. El espiritismo, que nos convoca a la vivencia de los valores evangélicos en la vida cotidiana, nos enseña que hay innumerables oportunidades de hacer la caridad a cada momento, en nuestros hogares, en nuestros locales de trabajo y en todas partes donde la vida nos convoca a seguir evolucionando.

Pidamos al Maestro que nos haga permeables a sus enseñanzas y a las palabras de los espíritus, cuyas voces nos hablan desde el otro lado de la tumba de valores que debemos cultivar con urgencia. Que la paciencia, la tolerancia y el respeto puedan hacerse un hueco definitivamente en nuestros pensamientos, actitudes y palabras.

Cariños de la hermana menor

Comentarios

  1. . COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA

    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente

    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El camino del convencimiento

David Santamaría ¿Cuál podríamos pensar que es el mejor procedimiento para convencer a alguien de que los postulados espiritistas son ciertos y correctos? ¿Sería por el contacto con la fenomenología mediúmnica? O, tal vez, ¿sería más efectivo hacerlo a través del razonamiento? De entrada nos encontramos con una condición inherente al espiritismo y es la de ser totalmente contrario al proselitismo. Allan Kardec tenía perfectamente claro que hay que dar explicaciones detalladas a quien manifiesta un interés sincero en tener información; pero, que no tiene ningún sentido intentar convencer a los que tienen animadversión por todo lo que tenga que ver con el espiritismo, ni a aquellas personas que tienen suficiente con sus profundas convicciones religiosas. O sea, que únicamente dedicaríamos atención a aquellos que muestren un interés real, por mínimo que este sea y que, en más de una ocasión, pueden estar en el campo del ateísmo o del materialismo. En El Libro de los Médiums, primera parte

El dormir y los sueños

Jordi Santandreu Lorite Allan Kardec interrogó a los Espíritus acerca del dormir y de los sueños, como no podía ser de otra manera, ya que desde tiempos inmemoriales el Ser Humano ha asociado el dormir con traspasar una puerta velada por el oscuro manto de la materia. Lo que se supone que hay detrás de ese umbral se ha interpretado de maneras diferentes según la época y el lugar. Los sueños han estado asociados, en general, a la dimensión espiritual de la vida, al más allá . En todas las tradiciones antiguas, desde la Grecia de Platón y Sócrates, a la India de los Upanishads, pasando por el Egipto de los faraones, el mundo de los sueños era aquél en el que dioses y humanos podían reencontrarse. En el Antiguo Testamento hay numerosas referencias a sueños proféticos, como el de Abraham o el de Jacob, que soñó con “una escalera apoyada en tierra, que en su extremo llegaba al cielo. Ángeles subían y bajaban por ella. Jehová, que estaba en lo alto, dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham y

COVID-19: ¿Una oportunidad perdida?

Humberto Werdine  Estoy escribiendo este texto en los primeros días de septiembre de 2020, en el auge del inicio de la segunda ola del virus COVID 19, aquí en Europa. Mi familia fue alcanzada, mi esposa y una de mis hijas. Mi hija está prácticamente recuperada y mi esposa se recupera poco a poco. Ninguna de ellas necesitó ingreso hospitalario. Agradezco a Dios todos los días por su recuperación. Tengo amigos que han sufrido mucho con este virus. Unos tuvieron que ser entubados y se recuperaron después de muchas semanas de angustia y dolor. Otros, no tuvieron la misma suerte y fallecieron. Todos los que partieron eran de una edad parecida a la mía, entrados ya los 60 años. Esta misma semana, una querida amiga me envió un mensaje a mi whatsapp privado, calificando a esta enfermedad de maldita. He recibido varios comentarios parecidos de muchas y diversas personas que usan un adjetivo similar para esta enfermedad y, algunos, cuestionando por qué Dios habría mandado una enfermedad tan pern