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La puerta estrecha

Hola familia,

el sábado que viene tendremos Estudio Sistematizado del Evangelio. Nuestro monitor nos envía el texto de estudio. ¡Os esperamos!

Cariños de la hermana menor

La puerta estrecha

3. “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta de la perdición, y espacioso el camino que conduce a ella, y muchos son los que entran por ella. En cambio, ¡qué pequeña es la puerta de la vida! ¡Y qué estrecho el camino que conduce a ella! ¡Y qué pocos son los que la encuentran!” (San Mateo, 7:13 y 14.)
4. Y alguien le hizo esta pregunta: “Señor, ¿serán pocos los que se salven?” Él les respondió: “Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os aseguro que muchos procurarán entrar y no podrán. Y cuando el padre de familia haya entrado y cerrado la puerta, vosotros desde afuera comenzaréis a golpear, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Y él os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces comenzaréis a decir: ‘Comimos y bebimos en tu presencia, y en nuestras plazas públicas enseñaste’. Y él os responderá: ‘No sé de dónde sois. Apartaos de mí todos vosotros, que practicáis la iniquidad’.”Entonces habrá llanto y crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, mientras vosotros sois arrojados fuera. Y vendrán de Oriente y de Occidente, de Septentrión y del Mediodía, para participar del festín en el reino de Dios. Entonces, los que fueron los últimos serán los primeros, y los que fueron primeros serán los últimos.” (San Lucas, 13:23 a 30.)

5. La puerta de la perdición es ancha porque las malas pasiones son numerosas, y la mayoría de los hombres frecuenta el camino del mal. La puerta de la salvación es estrecha porque el hombre que quiere penetrar por ella debe hacer grandes esfuerzos sobre sí mismo para vencer sus malas tendencias, y pocos se resignan a ello. Esta enseñanza es el complemento de la máxima: “Muchos son los llamados, y pocos los escogidos”.
Tal es el estado actual de la humanidad terrena, pues dado que la Tierra es un mundo de expiación, en ella predomina el mal. Cuando se haya transformado, el camino del bien será el más frecuentado. Aquellas palabras deben, pues, entenderse en un sentido relativo y no absoluto. Si ese debiera ser el estado normal de la humanidad, Dios habría condenado voluntariamente a la perdición a la inmensa mayoría de sus criaturas: suposición inadmisible desde el momento en que se reconoce que Dios es la justicia y la bondad por excelencia.
No obstante, ¿de qué delitos se habría hecho culpable esta humanidad para merecer una suerte tan penosa, en su presente y también en su porvenir, si ella estuviese en su totalidad relegada a la Tierra y si el alma no hubiera tenido otras existencias? ¿Por qué tantos inconvenientes sembrados en su camino? ¿Por qué esa puerta tan estrecha que sólo a unos pocos es dado trasponer, si la suerte del alma está fijada definitivamente después de la muerte? Así, con la unidad de la existencia, el hombre está siempre en contradicción consigo mismo y con la justicia de Dios. En cambio, con la anterioridad del alma y la pluralidad de los mundos, el horizonte se ensancha; se hace la luz los puntos más obscuros de la fe; el presente y el porvenir se eslabonan con el pasado, y sólo entonces se llega a comprender toda la profundidad, toda la verdad y toda la sabiduría de las máximas de Cristo.

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