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Se buscan corazonres pacificados

Hola familia,

ayer hicimos nuestra última sesión de lectura de El Evangelio según el Espiritismo de agosto. A partir de la semana que viene, empezamos nuevo curo y volvemos a nuestras actividades normales. Las podéis comprobar en nuestra página web.

El fragmento del evangelio que nos tocó leer ayer es el que os pongo a continuación.

Mundos inferiores y mundos superiores
La clasificación de mundos inferiores y mundos superiores es más bien relativa que absoluta, porque un mundo es inferior o superior con relación a los que están encima o debajo de él en la escala progresiva. Tomando la tierra como un punto de comparación, podemos formarnos una idea del estado de un mundoinferior, suponiendo al hombre en el grado de las razas salvajes o de las naciones bárbaras que aun se encuentran en su superficie, y que son restos de su estado primitivo. En los mundos más atrasados los seres que los habitan son de algún modo rudimentarios; tienen la forma humana, pero sin ninguna hermosura; los instintos no están templados por ningún sentimiento de delicadeza ni de benevolencia, ni por las nociones de lo justo y de lo injusto, la única ley es allí la fuerza brutal. Sin industria y sin invenciones, los habitantes emplean su vida en conquistar su alimentación. Sin embargo, Dios no abandona ninguna de sus criaturas: en el fondo de las tinieblas de la inteligencia yace latente la vaga intuición de un Ser supremo, más o menos desarrollada. Este instinto basta para hacer que unos sean superiores a otros, preparando su aparición a una vida más completa, porque éstos no son seres degradados, sino niños que crecen. Entre estos grados inferiores y los más elevados, hay innumerables escalones, y entre los espíritus puros desmaterializados y resplandecientes de gloria con dificultad se reconocen aquellos que animaron esos seres primitivos, de la misma manera que en el hombre adulto es difícil reconocer el embrión.
Entre otras cosas, hablamos de cómo nos sigue chocando la inferioridad en nuestro planeta, de la violencia en lugares como Siria y  Palestina, por ejemplo. La verdad es que todavía queda mucho por pacificar este mundo de pruebas y expiaciones, pero cada uno debe empezar por pacificar su propio corazón. Sólo corazones pacificados podrán ser algún día pacificadores, instrumentos útiles en las obras de amor y paz. De momento, lo mejor que podemos hacer es pedir a la espiritualidad que actúe en estas zonas. Vibrar en amor por los que sufren es sin lugar a dudas una forma de caridad. ¿Cómo hacerlo? Hay una forma de “orar” poco convencional que nos parece muy acertada: en lugar de hacer la típica plegaria, se visualiza lo que uno quiere que sea realidad. Por ejemplo, durante algunos instantes de concentración y relajación, emitir pensamientos en los que se visualiza el auto al fuego, las casas siendo reconstruidas, las familias volviendo a reunirse, el alimento y la medicina llegando a los que necesitan… En lugar de “pedir” que les llegue ayuda, SENTIR que son ayudados. Tal vez sea algo como, en lugar de creer en un mundo mejor, crear este mundo mejor con la fuerza del pensamiento. Esta forma de orar la hemos aprendido con los indígenas americanos, mira por dónde… Os pongo el video que la explica.


Oremos por nuestro mundo y pacifiquemos nuestros corazones. Sólo corazones pacificados pueden esparcir la paz que todos deseamos para la humanidad.


Cariños de la hermana menor

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