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Educación para la vida y para la muerte

Hola familia,

la clase de ayer fue una oportunidad más para comprender el proceso de la desencarnación. La muerte, los espiritistas sabemos, es un fenómeno biológico. La extinción de la vida física supone para el alma el retorno a la pátria espiritual. El Libro de los Espíritus nos ofrece informaciones claras e interesantes sobre este proceso. Empezamos la clase leyendo el texto disponible con antelación en el blog y después nos reunimos en grupos para profundizar en la lectura de diferentes situaciones.

Por regla general lo que se puede decir es que el merecimiento del alma y su conciencia de la vida espiritual condicionan la forma como se dará el proceso de desencarnación. Es decir, como hayamos vivido, según el bien que hayamos hecho, las emociones que haya mos cultivado, tendremos un despertar más o menos suave en el otro plano de la vida.



A partir de aquí, nos comentan los espíritus situaciones que están siempre condicionadas por esta regla general. En la muerte natural, por ejemplo, que se produce por la vejez o como resultado de una larga enfermedad, la separación del cuerpo espiritual del cuerpo físico es casi siempre gradual y suave - principalmente en los que han cultivado valores elevados. Los lazos que unen el espíritu a la materia se van desprendiendo poco a poco y el espíritu, antes mismo de la extinción completa de la energía vital en su cuerpo, ya empieza a participar en el mundo espiritual. Para el que se ha preparado para este momento a través de la reforma interior y de la conciencia del mundo espiritual, la muerte es un alivio. Para el que intuye que no vivió en armonía con la ley de Dios, la muerte causa miedo y hace aferrarse a la materia.

En casos de muertes violentas o abruptas, los lazos que unen el espíritu al cuerpo están todavía muy “apretados”, por decirlo de alguna manera. La separación entre el cuerpo físico y el espiritual se da después de la extinción de la muerte biológica, lo que puede producir mayor turbación en el espíritu. En todo caso, como hemos dicho antes, lo que realmente determina la existencia de mayor o menor turbación, la presencia o ausencia de sufrimiento, la aceptación o el rechazo a la nueva realidad espiritual, es siempre el patrimonio intelectual y moral del espíritu. Según como se haya conducido, las amistades espirituales o los enemigos desencarnados que haya conquistado, nos despertamos en el mundo espiritual.



Todo esto, la Doctrina Espírita nos esclarece para que sepamos vivir y convivir mejor. La educación para la muerte es en primer lugar, fuente de inspiración y transformación para mejor en la vida. Por esto no nos cansaremos nunca de repetir que no hace falta “entender” como se da la desencarnación para tener un despertar más sereno en el otro plano de la vida. Lo que realmente hace falta es vivir haciendo al prójimo lo que nos gustaría que se nos hiciera. No ser espiritista supone más dificultades para un tránsito suave a la otra vida. La contraparte de este razonamiento, tan verdadero como és mismo, es comprender que, si por un lado no hay que ser espiritista para desencarnar de forma más feliz, ser espiritista tampoco asegura una entrada tranquila al mundo espiritual. Decirse espiritista y seguir posponiendo la transformación de hábitos como la maledicencia, la crítica, la intolerancia, el orgullo y la vanidad es un pasaporte seguro para la turbación espiritual trás la muerte física.

Acabamos la clase felices por el aprendizaje de la tarde. Pero quedaba todavía una sorpresa: la semana del 08 al 13 de septiembre, CEADS celebró diversos actos por la prevención del suicidio. Este año, además de la crónica escrita que ya presentamos en el blog, hemos podido contar con un hermoso resumen audiovisual. Se ve que la espiritualidad hizo nuevos e importantes fichajes para esta temporada =) Después de la oración final, vimos el corto realizado por Ernesto. Lo comparto aquí también, para que corra la voz: 

Si el Departament de Salut no actúa, la epidemia del suicidio seguirá;
de lo que nosotros dependa, sin embargo, ya no será silenciosa.


Si todavía no lo has hecho, por favor, 


Cariños de la hermana menor

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