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Una especie de lucidez

Hola familia,

Ayer en CEADS hablamos de la fe. Algo tan difícil de definir, tan personal como la fe, sugiere muchas inquietudes. Es posible que alguna vez alguien nos haya intentado explicar algo relacionado a la fe, qué es, cómo se conquista, cómo se cultiva o cómo se demuestra, por ejemplo, y no hayamos sido capaces de comprender. También es posible que en alguna ocasión no hayamos sido capaces de explicar a alguien de lo que sabemos, creemos o sentimos. Es que la fe no es algo fácil de entender ni de explicar. Podemos hablar de fe en uno mismo, en Dios, en la vida, en la consecución de un objetivo.

Algunas personas creen poderosamente en sí mismas y piensan que no deben nada a Dios o a la espiritualidad. 

“En el sentido propio es cierto que la confianza en sus propias fuerzas hace al
hombre capaz de ejecutar cosas materiales, 
que no consigue hacer quien duda de sí”.


El espiritismo y el Evangelio, sin embargo, nos llaman al ejercicio de la humildad. Es perfectamente válido creer en sí mismo, pero es igualmente importante ser grato a Dios y a los buenos espíritus por las conquistas diarias.

Aquél que posee la fe verdadera es siempre auxiliado 
por los buenos espíritus en la consecución de sus objetivos.

En la Doctrina Espírita, adoptamos una fe razonada: la lógica es una aliada que nos ayuda a acercarnos, tanto cuanto nuestra incipiente elevación moral nos permite, a comprender las leyes naturales. Es cierto que Jesús dijo: “…si tuvierais fe del tamaño de un grano de mostaza, diríais a esa montaña: transpórtate de aquí para allá y ella se transportaría, y nada sería imposible.” Pero debemos entender sus palabras en el sentido moral. Las montañas a que se refiere el Maestro son las dificultades, las resistencias, la mala voluntad, el interés material, el egoísmo, la ceguera del fanatismo, el orgullo, las ideas preconcebidas, etc.

Muchos obstáculos y dificultades que enfrentamos en nuestra vida, se deben,
también, a nuestra falta de fe, a nuestra incredulidad.


La fe robusta da la perseverancia, la energía y los recursos que hacen que se venzan los obstáculos, así en las pequeñas cosas como en las más grandes. El que diga que no tiene fe se engaña a sí mismo: todos tenemos la intuición de Dios. es la centella divina que existe en nuestros corazones. Antes o después se desarrollará y nos guiará hacia la plenitud. Muchas personas con quienes convivimos afirman no tener fe. No hay que impacientarse o perder la esperanza. Cada cual tiene su momento y todos despertaremos para la realidad transcendental de la vida: fe en el hombre así como en el Creador.

“La fe da una especie de lucidez que permite se vea, en pensamiento, 
la meta que se quiere alcanzar y los medios de llegar allá…”


Deseando que la fe razonada nos guíe hacia la felicidad, elevo el pensamiento al Maestro y le doy las gracias por no perder la fe en la humanidad. Que su corazón divino continue iluminando nuestro camino y encendiendo nuestra fe.

Cariños de la hermana menor

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