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Mientras aprendemos a amar...

Hola familia,

ayer en CEADS tuvimos una tarde más de rico intercambio y crecimiento. Dedicamos la tarde a comprender un poco más a fondo las enseñanzas de Jesús a la luz de las aclaraciones de los espíritus. El tema de la tarde, “la indisolubilidad del matrimonio”. Empezamos leyendo, en El Evangelio según el Espiritismo, primeramente el texto en el que Jesús le dice a un grupo de hombres “No separe el hombre lo que Dios unió”, y a continuación los ítems 1 al 4, del cap. XXII.

La lectura y el debate que se siguió nos ayudó a comprender que cuando el amor es
verdadero en una unión entre dos seres, se está en comunión con Dios. Esta clase de amor no se puede separar, sea por la distancia física sea por intereses económicos o materiales de cualquier orden. La orientación de Jesús nos recuerda que la unión entre dos seres debe darse por el amor que acerca la pareja a Dios y que no debemos inmiscuir intereses mundanos en asuntos que se deben tomar con responsabilidad y compromiso. Sin embargo, el mismo Cristo les dice a los hombres, cuando le preguntan porqué entonces Moisés permitiría que devolvieran sus mujeres con una carta de divorcio, diciendo, “Es por causa de la dureza de vuestros corazones”. Si el hombre ya supiera amar sin dejar que la sensualidad, la ganancia o el estatus social influyera en sus uniones conyugales, no habría separaciones o rupturas. Hace dos mil años, nos recordaba Jesús de la dureza de nuestros corazones y el número de separaciones que ocurren cada año nos sigue dando muestras de que el amor que acerca las parejas a Dios sigue siendo todavía hoy una asignatura pendiente para la humanidad.

El Evangelio según el Espiritismo nos enseña que, mientras el hombre progresa, también progresan sus leyes. Se puede entender que la calidad del sistema jurídico de cada agrupamiento sociocultural está en proporción directa con la evolución moral de los seres que viven bajos dichas leyes. No todas las personas que viven en una sociedad tienen el mismo grado de observancia de las leyes divinas, por esto es necesario que la ley humana exista. Las leyes humanas, en ninguna parte son perfectas, y en muchísimos casos nos gustarían que fueran mejores instrumentos para aplicar la justicia y la paz social. No siempre es así. La ley humana es imperfecta, pero por lo menos podemos confiar en que evoluciona, juntamente con las sociedades y los espíritus que las conforman. A diferencia de la humana, la ley divina es inmutable, perfecta y justa. Si alguna vez no comprendemos la justicia de las leyes divinas, debemos aceptar que el problema no estará en cómo la Inteligencia Cósmica gestiona la vida, sino en nuestra limitada capacidad de comprensión de todos los fenómenos, las causas y efectos implicados en cada proceso.

Las separaciones, por tanto, no son contrarias a la ley de Dios. Si no existe madurez emocional en ambas partes para aprovechar la convivencia de forma a superar deudas pasadas, es preferible apartarse hasta que, en posteriores encarnaciones, la vida se encargue de traer de vuelta todas las personas que necesitamos reencontrar para evolucionar. Toda separación es sólo momentánea, porque, destinados como estamos todos a la perfección, nos armonizaremos con todos los seres de la creación. Sí, ¡el amor lo puede todo! Incluso esperar.


Algunas preguntas relacionadas al “carma” que puede unir a dos parejas son material de interesante. ¿Dos personas que tenían en su plan reencarnatorio unirse como pareja, no deberían quedarse juntas hasta el final para recatar las deudas del pasado?

En primer lugar, hay que aclarar que en nuestro planeta, en proporción al número de seres que reencarnan cada día, todavía son pocos aquellos que disponen de un “plan reencarnatorio”. Segundo, incluso entre aquellos que, habiendo despertado ya para la realidad espiritual, sí disponen de un plan reencarnatorio, ésto es todo lo que es “un plan”. No tienes detalles de experiencias, si no clases de pruebas a las que los seres reencarnantes de pueden enfrentar. En tercer lugar, y posiblemente lo más importante, ¡sólo el amor rescata! Solemos pensar que debemos mantener una relación de sufrimiento para recatar una deuda pasada, pero no funciona así. “Sufrir” una relación no libera de una deuda, será necesario amar a la persona en cuestión. demasiado frecuentemente, aceptar al otro y ir más allá, amándole, resulta una tare muy difícil en el momento evolutivo que estamos viviendo. No pasa nada. Como seres inmortales que somos, lo posponemos hasta que ambos estemos en condiciones evolutivas más adecuadas para enfrentarnos a las necesidades de reparación conjunta que la justicia divina establezca que debemos experimentar.

Mientras no ha llegado este momento, nos podemos separar, resguardándonos del rencor o del resentimiento. Si no sabemos amar a una persona o ella no nos sabe amar de forma a que esta relación nos armonice con la ley de amor, la podemos respetar como ser humano, dejando que siga su camino, hasta que más adelante, nos volvamos a ver, si es necesario. ¿Cómo saber si una relación nos armoniza con la ley de amor? Muy fácil, basta con observar si esta unión conduce a la felicidad de ambos seres en la relación. Si es así  seguramente hace felices a muchos otros de la convivencia de la pareja.


Podemos acabar así, deseando que todas las ex-parejas que pasaron o que pasarán por nuestras vidas, allí donde estén, reciban el respeto que emana de nuestros corazones hacia ellas, como seres humanos, criaturas de Dios; también podemos pedir que todos los que vivimos en pareja, sepamos, en cada gesto de la convivencia diaria, buscar elaborar esta armonía que produce felicidad y acerca a Dios.

Cariños de la hermana menor

Comentarios

  1. GRAN VERDAD!!!!, para que estar en situaciones en las que hay más sufrimiento que felicidad,es mejor la separación, es dificial desde luego cuando se ama de verdad, afrontar el desenlace de la separación, y más si la vida que has llevado no a sido un camino de rosas,solo queda aceptar.

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