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El ejercicio de dignidad nuestro de cada día

Hola familia,

ayer en la clase del Evangelio según el Espiritismo nos dedicamos a la reflexión acerca de estas palabras de difícil comprensión pronunciadas por Jesús:

"_ Bienaventurados los afligidos".

¿Cómo comprender estas palabras con el corazón entumecido por el materialismo? ¿Si sólo el momento presente es el que cuenta, si el gozo instantáneo es lo que se busca por encima de las realizaciones que sólo el tiempo tiene el poder de revelar, cómo comprender esta máxima de Jesús? No hay manera... 

Es necesario levantar la mirada, comprender que el hombre es artífice de su destino, heredero de sí mismo. El presente es una consecuencia del pasado y a la vez, la semilla del futuro. No únicamente en nivel histórico, social o cultural. También y por encima de todas estas dimensiones de la existencia humana, en nivel espiritual. Sin la clave de la reencarnación, regida como es por la ley de causa y efecto, no se puede comprender ni esta, ni muchas de las afirmaciones de Jesús.


El afligido tiene una gran oportunidad en sus manos. Si se afronta a la expiación o a la prueba con fe, esperanza y sentido del deber, se libera de las causas de sus tormentos y siembra un futuro de más paz y armonía para sí. Por otro lado, si se hunde en la depresión, si se rebela contra Dios o contra la "suerte", si decide hacer "justicia" por sus propias manos, si hace en fin, a los demás, lo que no desearía que se le hiciera a él, la oportunidad estará perdida y habrá que haberse con consecuencias todavía peores que las causas anteriores de las dificultades enfrentadas sin honor. Es necesario ser valientes ante las dificultades de la vida, tener fe, aceptarlas cuando pican a nuestra puerta, aprender de ellas... Puede ayudar alejarse de la situación, mirarla como si fuéramos un observador, y preguntarnos cosas... ¿Qué aprende uno cuando le pasa esto? De qué manera se le doblega el orgullo? ¿Qué es lo que aprende a valorar? El ejercicio de dignidad es más ennoblecedor cuanto más dura sea la lección.


La verdadera desgracia, ¿sabemos cuál es? Los espiritistas sí, lo sabemos. No es la pobreza, la enfermedad, la soledad o el mal de amores. La verdadera desgracia es no haber todavía despertado para valores espirituales. Es estar todavía en el sueño del ego, en la ignorancia del amor, en la rebeldía ante el deber moral. Los valores de nuestra sociedad, basados en el inmediatismo, la competencia y el individualismo, hacen culto del ego. Los que, aun que de forma incipiente, hemos empezado a asimilar las verdades espirituales, educamos nuestras almas para la paciencia, la solidaridad y el amor.

¡Estamos en ello!








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