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Nociones elementales de la Obsesión

Flávia Roggerio



En las últimas ediciones hemos discurrido respecto a la mediumnidad y de cómo, frecuentemente, estamos bajo la influencia de los Espíritus. Esta influencia puede ser buena, como la que ejercen los Espíritus familiares y nuestro ángel guardián, o puede ser mala por la interferencia de un espíritu inferior. 



¿Qué es la Obsesión?


La obsesión es una especie de enfermedad de orden psíquico y emocional. Significa el dominio que algunos Espíritus logran adquirir sobre algunas personas y es practicada sólo por Espíritus inferiores que se agarran a aquellos que pueden utilizar, algunas veces, como presas para realizar sus malas acciones. 


Los Espíritus imperfectos son instrumentos destinados a probar la fe y la constancia de los hombres en el bien. Como Espíritus que somos, debemos progresar en la ciencia de lo infinito y por esto pasar por las pruebas del mal para llegar al bien. La misión de los Espíritus superiores es la de ponernos en el buen camino. Cuando malas influencias obran sobre nosotros es porque las atraemos con el deseo del mal. Los Espíritus inferiores vienen a cooperar con el mal, cuando deseamos hacerlo. Sólo si queremos, pueden ayudarnos a hacer el mal. Si tenemos propensión al homicidio, estaremos rodeados de una nube de Espíritus que nos fomentarán esta idea; pero otros nos rodearán también e influirán en sentido del bien, lo que equilibra la balanza, abandonándonos a nuestro libre albedrío. 


La influencia negativa de un Espíritu obsesor puede afectar la vida mental de cualquier ser humano, alterando sus emociones y raciocinio, llegando en algunos casos a alcanzar su cuerpo físico. Si la obsesión se intensificará y no fuera tratada espiritualmente en su debido tiempo, podría ocurrir un aumento de afinidad fluídica entre el obsesor y el obsesado, lo que acarrearía el agravamiento de la enfermedad. La influencia espiritual sólo es calificada como obsesión cuando se observa una perturbación constante. Si la influencia verificada es apenas esporádica, no se clasificará como una obsesión. 


Sí, los Espíritus buenos sólo hacen el bien. Los Espíritus inferiores interfieren en la voluntad del individuo, haciendo que él tenga acciones contrarias a su deseo natural. La obsesión sólo se instala en la mente del paciente cuando el obsesor encuentra debilidades morales que puedan ser explotadas. Son puntos débiles que naturalmente casi todos nosotros tenemos. De este modo se concluye que todos estamos sujetos a la obsesión, incluidos los médiums. 



Allan Kardec, el decodificador del espiritismo, las clasificó en tres niveles: 


Obsesión Simple

Cuando el médium tiene conciencia de que no obtiene nada bueno de la comunicación, no hace caso a la influencia del Espíritu y éste cansado de que no se le oiga se retira.


Fascinación

El Espíritu que le domina se apodera de su confianza, hasta paralizar su propio juicio y hacerle encontrar sublimes las comunicaciones más absurdas. El obseso no tiene conciencia de lo que ocurre.


Subyugación

Se llega a sufrir una dominación tal, que el Espíritu puede arrastrarle a las más ridículas y comprometedoras determinaciones. En ocasiones hay un dominio corporal. 


Un Espíritu jamás podrá revestir momentáneamente la envoltura corporal de una persona viva, es decir, introducirse en un cuerpo animado y obrar en lugar del que está encarnado. El no penetra en un cuerpo como tú en una casa. Se identifica con un Espíritu encarnado que tiene los mismos defectos y las mismas cualidades para obrar de común acuerdo, pero siempre es el encarnado quien obra como quiere sobre la materia de que está revestido. Un Espíritu no puede sustituir al que está encarnado porque el Espíritu y el cuerpo están ligados hasta el tiempo señalado para el término de la existencia material.



Terapéutica integral


La obsesión, como todas las enfermedades, puede ser curada a través de tratamientos especializados. Para tratar esa enfermedad espiritual, son necesarios algunos procedimientos terapéuticos:


a) Concientización - Se debe concientizar al paciente de la situación de enfermo en que se encuentra para que, con su fuerza y voluntad, pueda ayudarse en la cura.


b) Reeducación - Es preciso orientar moralmente al obsesado sobre la posibilidad de mejoría de su conducta en la vida diaria. Que se esfuerce para evitar los vicios más groseros y que procure controlar sus malas tendencias.


c) Evangelización - Se debe mostrar al enfermo la necesidad de observar las enseñanzas morales del Evangelio de Jesús. Que frecuente de manera regular la Casa Espírita hasta que su obsesión sea curada o esté bajo control.


d) Diálogo con el obsesor – Orientar moralmente al Espíritu obsesor en las reuniones mediúmnicas, evocándolo a través de médiums preparados para esta tarea.


e) Reequilibrio familiar - Cuando sea necesario el equipo responsable por el tratamiento del paciente deberá orientar moralmente a su familia, la cual en algunos casos puede estar involucrada directa o indirectamente en el problema obsesivo.


f) Tratamiento médico - En aquellos casos en que el proceso obsesivo se presenta con consecuencias en la salud física, el paciente deberá recibir asistencia de un profesional habilitado que le administre medicamentos si fuese necesario.


g) Ascendencia moral - Para conseguir buenos resultados en las tareas de desobsesión es preciso que el equipo de atención tenga ascendencia moral sobre el Espíritu obsesor y eso únicamente es posible cultivando una vida moral saludable.


Para todos los casos de personas que se encuentran en tratamiento para la desobsesión es recomendable que frecuenten un Centro Espírita, por lo menos hasta que su obsesión esté bajo control.


La firmeza de voluntad y la oración son medios eficaces de curar las obsesiones. El murmurar algunas palabras no basta para lograr lo que se desea. Dios asiste a los que practican y no a los que se limitan a pedir. Preciso es pues que el obsesado haga por su parte lo necesario para destruir la causa que en sí misma atrae a los Espíritus malos. 


Para neutralizar la mala influencia de los Espíritus inferiores debemos hacer el bien y poner toda nuestra confianza en Dios. De esta forma rechazamos su intervención y destruimos aquello que puedan querer tomar sobre nosotros. Debemos guardarnos de escuchar las sugerencias de los Espíritus que nos suscitan malos pensamientos, que promueven discordias entre nosotros y que nos excitan a todas las malas pasiones. Desconfiemos sobre todo de los que exaltan nuestro orgullo, porque nos atacan por el lado débil. He aquí por qué nos hace decir Jesús en la oración dominical: 


¡Señor! no nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal.


Trataremos las causas de la obsesión en la próxima edición.

Hasta entonces, y cada día ¡Orad y vigilad!



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