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Mundos Transitorios



Hermanos de mi alma,

el sábado hablaremos de un tema denso. Con la ayuda de la espiritualidad amiga, que nunca nos deja abandonados a nuestras limitaciones e ignorancia, lo sacaremos adelante. ¡Nos vemos este sábado!

Cariños de la hermana menor

MUNDOS TRANSITORIOS 
X
 REGIONES ESPIRITUALES 
EN LA PSICOSFERA DE LA TIERRA



En el capítulo VI de «El Libro de los Espíritus», titulado «De la vida del Espíritu», hay tres preguntas (234, 235 y 236) que se refieren a los mundos transitorios de la siguiente manera:

Son «(...) mundos particularmente destinados a los seres errantes, mundos que les pueden servir de residencia temporaria, especie de campamentos, de campos donde descansan de una prolongada erraticidad, estado que siempre es un tanto penoso. Son posiciones intermedias entre los otros mundos, graduadas de acuerdo con la naturaleza de los Espíritus que pueden acceder a ellas, donde gozan de relativo bienestar. (...)» Los mundos transitorios no sirven para la encarnación de los seres corporales porque «(...) la superficie es en ellos estéril y quienes lo habitan no necesitan nada (...)» y aún su esterilidad es transitoria.

Por ejemplo, la Tierra ya fue mundo transitorio «durante su formación». Hoy es clasificado como planeta de expiaciones y pruebas, prestándose, por lo tanto, a la encarnación y reencarnación de Espíritus que necesitan pasar por las vicisitudes que ofrece el planeta. Rodeando a la Tierra, en el plano extrafísico, existen regiones o esferas espirituales de diferentes grados evolutivos, ofreciendo características que varían entre simples lugares de permanencia temporaria y verdaderas ciudades espirituales. Esas regiones se dividen gradualmente en lugares de sufrimiento e ignorancia, hasta aquellos donde el Espíritu, en estado de mayor entendimiento, es feliz. «Considerando a la penitencia en su aspecto expiatorio, existen numerosos lugares de prueba en la esfera invisible para vosotros, destinados a la regeneración y a la preparación de entidades perversas o reincidentes en el crimen, a fin de que conozcan las primeras manifestaciones del remordimiento y el arrepentimiento, que las etapas iniciales de la obra de redención. (...) Estas forman parte de las llamadas zonas inferiores.
La serie «André Luiz» nos informa respecto a estas diferentes regiones espirituales. En la obra «Liberación», cap. 4 se hace referencia a una ciudad situada «en el vasto dominio de las tinieblas», limítrofe con la Tierra, que es así descrita por André Luiz:

«(...) La claridad solar era diferente. Un humo ceniciento cubría el cielo en toda su extensión. La volitación se había tornado dificultosa. La vegetación exhibía un aspecto siniestro y angustiado. Los árboles se cubrían con escaso follaje y las ramas, casi secas, daban la impresión de ser brazos erguidos en súplicas dolorosas. Aves agoreras, de gran tamaño, de una especie que podría ubicarse dentro de la familia de los cuervos, graznaban sordamente, semejantes a pequeños monstruos con alas que espiaban a presas ocultas. Lo más aflictivo, sin embargo, no era el cuadro desolador, más o menos parecidos a otros de mi conocimiento, sino los llamados angustiosos que prevenían de los charcos. Gemidos típicamente humanos eran pronunciados en todos los tonos (...)» En el libro «En el Mundo Mayor» de la misma serie, André Luiz nos da noticias acerca de una organización de asistencia, en una zona intermedia, para la atención a estudiantes relativamente espiritualizados, pero todavía ligados al círculo carnal, y a discípulos recién liberados del campo físico. La enorme institución «(...) estaba repleta de seres situados entre las esferas inferiores (...)» y las superiores, seres con inmensidad de problemas, que se planteaban preguntas de toda especie.

En el libro «Volví», del Hermano Jacobo, el autor nos habla acerca de una colonia espiritual situada en las esferas más elevadas: «(...) El camino que transitábamos estaba bordeado de flores, algunas de las cuales parecían elaboradas con una sustancia radiante, lo que convertía al paisaje en una copia del firmamento. Los árboles próximos parecían cubiertos de estrellas. (...)» «Por fin, ¿a qué país fui arrebatado por la muerte? ¿Habría subido la Tierra al Cielo o bajado el Cielo a la Tierra? (...) «(...) Vi desdoblarse ante mis ojos extasiados, el paisaje florido y brillante de una aldea feliz (...) Atravesábamos extensas y hermosas avenidas, bordeadas por vegetación caprichosa y agradable, cuando tuve la satisfacción de ver a algunos pájaros, distinguidos por una singular belleza. Cantaban extáticos, (...) glorificando a la Divinidad.»


¿Serían mundos transitorios, a cuyo respecto tan poco hablaron a Kardec los Espíritus Superiores, estas mismas colonias o regiones espirituales de que nos habla André Luiz? Es evidente que tales dependencias están destinadas a los Espíritus liberados del envoltorio carnal pero todavía necesitados de reencarnaciones (por lo tanto, Espíritus errantes) e íntimamente ligados a nuestro planeta por las acciones cometidas en el pasado. El hecho de que los Espíritus que elaboraron «El Libro de los Espíritus» hayan afirmado que la Tierra fue un mundo transitorio durante su formación, condujo a Kardec a decir que:

«(...) De esta manera, durante la prolongada sucesión de los siglos que transcurrieron antes de la aparición del hombre en la Tierra, durante los lentos períodos de transición que testifican las capas geológicas, aún antes de la formación de los primeros seres orgánicos, en aquella masa informe, en aquel árido caos, donde los elementos se encontraban entremezclados, no faltaba la vida. Seres exentos de nuestras necesidades, de nuestras sensaciones físicas, allí encontraban refugio. Quiso Dios que, aún así, todavía imperfecta, la Tierra sirviera para alguna cosa. ¿Quién osaría afirmar que, entre los millones de mundos que giran en la inmensidad, uno solo, uno de los más pequeños, perdido en el seno de la multitud infinita de ellos, goza del privilegio exclusivo de ser poblado? ¿Cuál es entonces la utilidad de los demás? ¿Los habría hecho Dios únicamente para que nos recrearan la vista? Suposición absurda, incompatible con la sabiduría que brilla en todas sus obras e inadmisible siempre que consideremos la existencia de todos los que no podemos percibir. Nadie negará que en esta idea de la existencia de los mundos todavía inadecuados para la vida material y, no obstante, ya poblados de seres vivos apropiados a tal medio, existe algo grande y sublime, en lo que tal vez se encuentre la solución de más de un problema.

En relación con esas afirmaciones y la comprensión de que los Espíritus de las regiones espirituales limítrofes con la Tierra necesitan volver, nuevamente, o encarnar por primera vez en nuestro planeta, las colonias espirituales descritas por André Luiz no parecen ser los mismos mundos transitorios mencionados en «El Libro de los Espíritus».

Parece que la obra «El Pensamiento de Emmanuel» refuerza nuestra suposición cuando dice:
Podemos interpretar de tres maneras, a los efectos de estudio, la palabra «moradas» mencionada en el Evangelio:a) Los mundos que componen el Universo, donde otras humanidades realizan su marcha evolutiva.b) Las diversas zonas espirituales superiores e inferiores, más allá de las fronteras físicas, donde palpita la vida con la misma intensidad que en las metrópolis humanas.c) Los diferentes departamentos de la Mente, donde permanecen pensamientos y reacciones, dramas y tragedias, anhelos y realidades del Espíritu.
Nadie podrá imaginar cuántos mundos habitados existen realmente; pero ningún espírita pone en duda que innumerables humanidades viven en esos mundos, felices unos, infelices otros.

Los departamentos de la Mente son, a nuestro entender, otras tantas moradas individuales, como depósitos de las realizaciones más o menos felices de las inteligencias encarnadas o no encarnadas.

En lo que atañe a las diversas regiones espirituales, sabemos que comunidades redimidas habitan en zonas más elevadas de la Espiritualidad, a las que los obreros aplicados son conducidos periódicamente en un proceso de estímulo al esfuerzo personal. En las zonas vibratorias más ligadas a la Tierra se estacionan, temporalmente, almas todavía vinculadas a las sensaciones y problemas de la vida física, debido a que el peso específico de sus organizaciones periespirituales, por presentar cierta densidad, no les permite mayores ascensiones. (...)» Como su nombre lo indica, esos mundos no tendrían la superficie física eternamente estéril; como todo evoluciona en el Universo, tanto ellos como los Espíritus están sometidos a la ley del progreso. «(...) Los Espíritus que se encuentran en esos mundos pueden abandonarlos, a fin de dirigirse a donde deban. Imaginaos que fueran como bandadas de aves que se posan en una isla, aguardando a que se recuperen sus fuerzas, para proseguir su destino.»

Concluimos diciendo que los mundos transitorios posiblemente forman parte de los cuerpos celestes diseminados en el Universo, pudiendo ser un planeta, un satélite o algo similar. En fin, las regiones espirituales, también denominadas zonas, colonias o esferas, corresponden a las colectividades de no encarnados existentes en los planos de los Espíritus, vinculadas a este o aquel planeta.

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