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La revolución sobre la salud

LA REVOLUCIÓN SOBRE LA SALUD

Vicente Pessoa (Asociación Médico Espírita de Goiania - Brasil)
Traducción: Gilda Aguilera


La revolución industrial se inició en el Reino Unido a mediados del siglo XVIII y, se expandió al resto del mundo en el siglo XIX. No se pudo frenar el progreso de las máquinas. Éstas sustituyeron al esfuerzo humano en las fábricas y en la agricultura. A lo largo de su trayectoria, la revolución culminó en una explosión tecnológica y digital, ya en el siglo XX.

En este mismo  siglo XX, se descubre la molécula de la vida. Localizada en el núcleo de las células, llamado ácido desoxirribonucleico o, simplemente, ADN. Se nos dieron a conocer sus componentes, su estructura, sus funciones y los factores que pueden influenciar  en el ejercicio de estas funciones. Fue la revolución genética del siglo XX, cuya evolución culminó con el mapa genético de todos los genes que componen  el código genético humano, o proyecto genoma y reconocimiento de la epigenética.

Basado en los descubrimientos que siguieron a la revolución tecnológica y digital, que la revolución industrial proporcionó, y también  apoyada en la explosión de conocimientos  en biología molecular, las prácticas en salud tuvieron un profundo impacto positivo en el siglo XX. En los últimos 50 años se ha producido un salto sobre los mecanismos de las dolencias y sus tratamientos, como nunca antes la humanidad había visto. Las enfermedades consideradas antes como letales e intratables, hoy caminan, si no para la cura definitiva, sí para el  control efectivo. Proporcionando una vida más larga y de mayor calidad para sus portadores.



Las vacunas eliminaron  la viruela, y muchas otras enfermedades están próximas a su erradicación. Los antibióticos combaten infecciones antes inevitablemente letales. La insulina sintética y los antihipertensivos controlan bien la diabetes mellitus y la hipertensión arterial. Las técnicas quirúrgicas se han vuelto mínimamente invasivas y con poquísimo dolor. El pronóstico y supervivencia de enfermos de cáncer, han mejorado muchísimo con nuevos métodos de diagnósticos, cada vez más precoces y con intervenciones terapéuticas, cada vez más resolutivas. Los órganos han sido trasplantados con éxito y hemos llegado al punto de conseguir transformar una célula diferenciada, como la de la piel, en célula llamada pluripotente, capaz de transformarse en cualquier otra célula del cuerpo humano.

Entre tanto no podemos olvidar, de que las prácticas en salud tienen una doble vertiente. Esto significa que, tanto el paciente, el portador de una condición clínica, como también el terapeuta y el profesional de la salud, necesitan de su propia revolución  personal moral e íntima, para poder alcanzar curaciones definitivas y perennes.

Lo que podemos ver en nuestra práctica profesional diaria, son terapeutas y profesionales de la salud muy necesitados de una revolución moral y de una reforma íntima. Trabajan respaldados por el aparato tecnológico y digital de la revolución industrial y por los recursos innovadores y sorprendentes de la biología molecular, pero se olvidan  del factor humano. Pero, ¿qué  es el factor humano?

A nuestro entender, el factor humano, se explica por las máximas evangélicas de “amar al prójimo como a sí mismo” y “por hacer al otro lo que le gustaría que le hicieran a uno”. Los terapeutas modernos formados y entrenados  en  academias materialistas se olvidan de que los pacientes son personas que poseen valores y una historia tras sus condiciones. Ven a sus pacientes como una maquinaria fisiológica y adoptan sus decisiones con el objetivo  de restablecer el buen funcionamiento de la máquina, cuando el ideal es el restablecimiento del operador.



Foto: Marcelo Nogare
Algunos colegas no comprenden  cómo las máximas evangélicas, arriba citadas, pueden llevarse a  la práctica hospitalaria y ambulatoria. Piensan que para hacer eso necesitan transformarse en verdaderos “predicadores profesionales de la palabra de Cristo”. Aunque veamos que la palabra de  Cristo es el “camino, la verdad y la vida” entendemos que los pacientes tienen sus propias  creencias y religiones que deben ser respetadas. De esa forma, compatibilizar el evangelio con las prácticas de la salud exige: atención, buena voluntad, respeto, cuidado y consuelo. Es preciso recibir bien a los pacientes, usar el tiempo necesario para oír su historia, entender sus dificultades y sus dudas. Mantener el contacto visual y el verdadero interés en escucharles. Examinándoles y haciéndoles sentir que son atendidos. Explicar con calma y paciencia las condiciones de su salud orgánica y las propuestas terapéuticas. Abordar los aspectos de su espiritualidad,  no con  el objetivo de convencerlos para seguir esta o aquella opción religiosa, pero sí con el objetivo de entender de qué manera ese paciente concibe la vida y lidia con sus dificultades.

De esa forma, los profesionales de la salud, consiguen colocarse en posición de auxiliar y consolar mucho más que de  curar y, sin percatarse, están aplicando justamente las máximas de “amar al prójimo como a tí mismo” y de “hacer al prójimo aquello que te gustaría que te hicieran a tí”.

El benefactor Emmanuel, en la pregunta 94 de “El Consolador”, esclarece: “la medicina humana, comprendida y aplicada dentro de sus finalidades superiores, constituye una noble misión espiritual. El médico honesto y sincero, amigo de la verdad y dedicado al bien, es un apóstol de la Providencia Divina; de la cual recibe la asistencia e inspiración  necesaria, sean cuales fueren los principios religiosos por él escogidos en la vida.

Es por ello que creemos que la gran revolución en  las prácticas de la salud, mucho más que la revolución industrial, digital y molecular, es la revolución en la que Chico Xavier creía “la revolución en la que creo es aquella enseñada por nuestro Señor Jesús Cristo. Que comienza por  la reforma de cada uno en base a: que hagamos a los otros aquello que deseemos que los otros nos hagan” En los tiempos de regeneración en que vivimos esperamos encontrar cada vez más prácticas de esta revolución dentro de la asistencia de la salud. Cuando esa práctica sea la realidad dominante, podremos decir que caminamos firmemente rumbo a la verdad y a la vida.

Vicente Pessoa. Médico infectólogo, perteneciente a la AME-Goiânia

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