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Desencarnación

DESENCARNACIÓN
Tercero texto de la serie Ciclo de la Vida 
(Jesús Valle)


Los espiritistas llamamos desencarnación al momento en que se produce la muerte del cuerpo físico y el espíritu queda nuevamente libre, regresando al mundo espiritual. La palabra muerte la asociamos mentalmente a “desaparición” y produce un gran respeto en la conciencia humana, y en muchas ocasiones miedo, principalmente por el desconocimiento de lo que hallaremos durante y después de ese momento crucial, y es algo normal porque nuestro instinto de supervivencia nos hace temer la muerte, incluso cuando creemos en la vida extra física, es un mecanismo de salvaguarda de la vida orgánica.

Foto: Marcelo Nogare

El Espiritismo es una revelación ofrecida por los mismos espíritus que la presentaron a los hombres, constituyendo el Consolador prometido por Jesucristo en los evangelios, y por medio de Él podemos saber mejor qué nos espera tras el túmulo. La Doctrina Espírita explica que somos espíritus en medio de una experiencia carnal, y esta terminará en un momento u otro, poco podemos hacer al respecto, si no es prepararnos de la mejor forma posible.

En la cuestión 155 de El Libro de los Espíritus, Allan Kardec pregunta a los espíritus: ¿Cómo se opera la separación del alma y del cuerpo? Y estos respondieron: Rotos los lazos que la retenían se libera. Esto quiere decir que la desencarnación, o muerte, es un proceso natural, que nos lleva de una etapa a otra de la vida, pasando de la vivencia física a la espiritual. En la primera el espíritu vive atrapado por la materia, a la que tiene que esforzarse en dominar; en la segunda, tras la muerte, volverá al mundo espiritual del que procede. 

Gracias a la literatura mediúmnica obtenida por el trabajo del médium brasileño Francisco Cándido Xavier disponemos de muchas páginas que ejemplifican lo expuesto por Kardec en la Doctrina Espírita, así, en el libro Los Mensajeros, de la serie psicografiada por el espíritu André Luiz, en su capítulo 48, encontramos el caso de una muchacha de grandes virtudes y de las dificultades ocasionadas durante su desencarnación por la ausencia de una idea de continuidad de la vida. La falta de un pensamiento religioso sobre este asunto le produjo ciertos problemas que hubiera podido evitar de haber educado su mente sobre la idea de la supervivencia, pues muy a menudo nuestras creencias materialistas condicionan en gran medida las condiciones de nuestro traspaso al mundo espiritual.

Durante este proceso de separación del espíritu del cuerpo se produce la llamada turbación, período en el que el espíritu entra en un estado de somnolencia más o menos profunda, pudiendo llegar a la inconsciencia total, nos aclara Allan Kardec. Esta fase de turbación puede mantenerse desde unas pocas horas hasta meses, dependiendo su duración de la mayor o menor afinidad del espíritu con la materia, es decir, que cuanto más se identifique el espíritu con la materia más se aferra a ella y más tarda en liberarse. Este aspecto del proceso de desencarnación, explica Kardec, puede aumentar nuestro sufrimiento al alargar innecesariamente ese estado de turbación aferrándonos a un cuerpo que ya no tiene vitalidad.

Foto: Marcelo Nogare
En El Cielo y el Infierno, cuarto libro de Allan Kardec presentando la doctrina espiritista, hallamos varios ejemplos de desencarnación que merecen ser estudiados; desde los casos de espíritus malvados y criminales, hasta los de espíritus que podemos considerar felices, pasando por toda una escala en la que encontramos testimonios de las más variadas situaciones, más o menos felices, más o menos trágicas, siempre en relación directa con el tipo de vida que llevaron.

El proceso de la desencarnación debemos de pasarlo todos y gracias al Espiritismo sabemos que está en nuestras manos conseguir que ese momento sea una transición más corta y apacible. 

Tomemos el ejemplo de un paciente que debe pasar inevitablemente por el quirófano y los médicos le aconsejan una dieta especial para acelerar su recuperación; si hace caso omiso de esas recomendaciones y su recuperación se hace más prolongada y dolorosa únicamente a él le cabe la responsabilidad, al no escuchar los buenos consejos de los doctores.



Foto: Marcelo Nogare
¿Qué nos recomiendan los buenos espíritus? Que sigamos una dieta rica en pensamientos positivos y constructivos para nuestra conciencia, abundante amor y tolerancia para con todos, lecturas edificantes que nos aporten buenos ejemplos de vida y así lograr el desapego de todo lo material, que ciertamente necesitamos para vivir, pero que debemos ser conscientes que es solo un medio de trabajo para el espíritu eterno. Creer en Dios, en las enseñanzas de Jesucristo, tener fe en la continuidad de la vida nos ayudarán en gran medida en esos momentos claves.

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; de otra manera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” Juan 14, 1-2

Creemos en un Dios de vida, por tanto no creemos en la muerte y si en la vida eterna del espíritu a imagen y semejanza del Creador, que nos dio la existencia para experimentar y crecer, aprendiendo a través de muchas vidas y así conocer lo bueno y lo malo para poder distinguirlo. 

La muerte no existe, es un paso más, el final de un capítulo, la caída del telón, un cerrar de ojos que al abrirlos de nuevo nos descubrirá la magnífica realidad de la vida.

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