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Mundos transitorios

VIDA ESPÍRITA - MUNDOS TRANSITORIOS - CAPÍTULO VI
(Andrea Leripio)

“No se turbe vuestro Corazón, creed en Dios, y creed también en mí. Hay muchas moradas en la Casa de mí Padre: Si así no fuese, ya os lo habría dicho, pues me voy para prepararos el lugar, volveré y os llevaré conmigo, a fin de que donde yo estuviera, también estéis vosotros (S. Juan, Cap. XIV, versículo 1 a 3).

Entre todas las moradas existentes en el universo, están los diferentes planetas, como las diferentes esferas espirituales que existen a su alrededor, y también hay mundos que son una especie de campamentos, de campos para descansar de una larga erraticidad. Son los mundos transitorios, su superficie es estéril  y los que los habitan no tienen necesidades. Esta situación de mundo transitorio, tal como el nombre ya nos sugiere, no es definitiva, sino que es solamente temporal.
Foto: Marcelo Nogare

La Tierra en su creación fue también un mundo transitorio. Nada en la Naturaleza es inútil. Cada cosa tiene su finalidad y su destino. Nada está vacío, sino todo está habitado y la vida se encuentra por doquier. Así, durante la larga secuela de siglos que transcurrieron antes de la aparición del hombre en la Tierra, en el curso de esos lentos períodos de transición atestiguados por las capas geológicas, incluso antes de la formación de los primeros seres orgánicos, sobre aquella masa informe, en ese árido caso en que los elementos se hallaban confundidos, la vida no estaba ausente. Seres que no tenían ni nuestras necesidades ni nuestras sensaciones físicas encontraban aquí un refugio. Dios ha querido que, aun en ese imperfecto estado, sirviera ella para algo.

¿Quién se atrevería a decir, pues, que entre esos miles de millones de mundos que en la inmensidad circulan, uno solo, uno de los más pequeños, perdido entre la multitud de ellos, tuviese el privilegio exclusivo de estar poblado? ¿Cuál sería en tal caso la utilidad de los demás? ¿Sólo los habría hecho Dios para que recrearan nuestra vista? 

Suposición absurda, incompatible con la sabiduría que de todas sus obras dimana, e inadmisible si se piensa en todos aquellos mundos que no podemos percibir. Nadie negará que hay en esta idea de los mundos todavía inadecuados para la vida material, y sin embargo poblados por seres vivientes que se adaptan a ese medio, algo de grande y de sublime, donde se encuentra quizá la solución de más de un problema.

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