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Misiones de los pueblos en la Tierra

Muy buenas noches,


Este sábado seguiremos estudiando las ocupaciones y las misiones de los espíritus, tanto encarnados y desencarnados.

Si recordáis la clase anterior del ESDE, nuestros monitores nos propusieron un reto. Nos pidieron que pensáramos en las misiones de los pueblos en la Tierra. Los incas, los griegos, los egípcios, los pueblos primitivos… 

La propuesta es pensar e incluso investigar qué tipo de misión pueden compartir espíritus que encarnan en un determinado tiempo y espacio de forma colectiva. 

Para motivar la búsqueda de esas respuestas os dejamos el tiem Raza adámica del capítulo XI - Génesis espiritual de La Génesis según es Espiritismo.



Raza adámica

38. De acuerdo con la enseñanza de los Espíritus, fue una de esas importantes inmigraciones, o si se prefiere, una de esas colonias de Espíritus provenientes de otra esfera, la que dio origen a la raza simbolizada en la persona de Adán, la cual por esa razón se denomina raza adámica. A su llegada a la Tierra, el planeta ya estaba poblado desde tiempos inmemoriales, como América cuando llegaron los europeos.
Más adelantada que las que la habían precedido en este globo, la raza adámica es, en efecto, la más inteligente, la que impulsa el progreso de las demás.
El Génesis nos la muestra industriosa desde sus comienzos, apta para las artes y las ciencias, sin que haya pasado aquí por la infancia intelectual, lo que no sucede con las razas primitivas, pero que concuerda con la opinión de que estaba compuesta por Espíritus que ya habían alcanzado cierto
progreso.
Todo prueba que la raza adámica no es antigua en la Tierra, y nada se opone al hecho de que habita en este globo desde hace apenas unos miles de años, lo que no estaría en contradicción ni con los
hallazgos geológicos ni con las investigaciones antropológicas, sino que, por el contrario, tendería a confirmarlas.

39. En el estado actual de los conocimientos, es inadmisible la doctrina según la cual el género humano en su totalidad proviene de un solo individuo desde hace seis mil años. Las principales
consideraciones que la refutan, apoyadas tanto en el orden físico como en el moral, se resumen
en los siguientes enunciados:Desde el punto de vista fisiológico, algunas razas presentan tipos particulares característicos que no permiten atribuirles un origen común. Hay diferencias que evidentemente no se deben al efecto del clima, puesto que los blancos que se reproducen en los
países de los negros no se vuelven negros, y viceversa. El calor del sol tuesta y oscurece la epidermis, pero nunca ha convertido a un blanco en negro, ni le ha achatado la nariz, ni cambió sus rasgos fisonómicos, ni le convirtió en crespo ni lanoso el cabello lacio y sedoso. Hoy se sabe que el color del negro proviene de un tejido subcutáneo especial, característico de la especie.
Debemos entonces considerar que las razas negra, mongólica y caucásica tuvieron orígenes propios
y nacieron simultánea o sucesivamente en diferentes partes del globo.
Su cruzamiento produjo las razas mixtas secundarias. Los caracteres fisiológicos de las razas primitivas constituyen un indicio evidente de que provienen de tipos especiales. Las mismas consideraciones se aplican, por consiguiente, tanto para los hombres como para los animales, en lo que respecta a la pluralidad de los troncos. (Véase el Capítulo X, § 2 y siguientes.)

40. Adán y sus descendientes están representados en el Génesis como hombres esencialmente inteligentes, puesto que desde la segunda generación construyen ciudades, cultivan la tierra y forjan
los metales. Sus progresos en las artes y en las ciencias son rápidos y duraderos.
No se podría concebir, por lo tanto, que ese tronco haya tenido como ramas numerosos pueblos tan atrasados, de inteligencia tan rudimentaria, al tal punto que en nuestros días aún rozan la animalidad, además de que han perdido la fisonomía e incluso hasta el mínimo recuerdo tradicional de lo que hacían sus padres.
Una diferencia tan radical en las aptitudes intelectuales y en el desarrollo moral constituye una prueba, no menos evidente, de que existe una diferencia de origen.

41. Independientemente de los descubrimientos geológicos, la prueba de la existencia del hombre en la Tierra antes de la época determinada por el Génesis se extrae de la población del globo.
Sin aludir a la cronología china, que según algunos se remonta a treinta mil años atrás, documentos de probada autenticidad muestran que Egipto, la India y otros países ya estaban poblados y florecientes, como mínimo tres mil años antes de la Era Cristiana, es decir, mil años después de la creación del primer hombre, según la cronología bíblica. Documentos y observaciones recientes
no dejan ninguna duda en cuanto a las relaciones que han existido entre América y los antiguos egipcios, de donde deducimos que esa región ya estaba poblada en aquella época. Sería preciso,
entonces, admitir que en mil años la posteridad de un solo hombre fue capaz de poblar la mayor
parte de la Tierra.
Ahora bien, semejante fecundidad estaría en flagrante contradicción con todas las leyes antropológicas.

42. Esa imposibilidad se vuelve aún más evidente cuando se admite, de acuerdo con el Génesis, que el diluvio destruyó a todo el género humano, con excepción de Noé y su familia, que no era
numerosa, en el año 1.656 del mundo, es decir, 2.348 años antes de la Era Cristiana. En ese caso, la población de la Tierra apenas se remontaría a Noé. Ahora bien, cuando los hebreos se establecieron
en Egipto, años después del diluvio, ese país ya era un poderoso imperio, que habría sido poblado –sin mencionar otras regiones–, en menos de seis siglos, tan sólo por los descendientes de Noé, lo cual no es admisible.
Observemos, asimismo, que los egipcios recibieron a los hebreos como extranjeros. Sería sorprendente que aquellos hubiesen perdido el recuerdo de un origen común tan cercano, cuando conservaban religiosamente los monumentos de su historia.
Así pues, una rigurosa lógica, corroborada por los hechos, demuestra de la manera más categórica que el hombre está en laTierra desde un lapso indeterminado, muy anterior a la época que señala el Génesis. Ocurre lo mismo con la diversidad de los troncos primitivos, dado que demostrar la falsedad de una proposición equivale a demostrar la proposición contraria.
Si la geología descubriera rastros auténticos de la presencia del hombre antes del gran período diluviano, la demostración sería aún más completa.

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