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La Nueva Era

La Nueva Era
(Janaina Minelli)


El Evangelio según el Espiritismo nos habla de una nueva era. ¿Qué características tiene esta nueva etapa de la humanidad? Los espíritus que participaron en la codificación de la Doctrina Espírita advierten que la revolución que se está gestando es de orden moral, no material. Los ideales de libertad que existen hoy en la sociedad son precursores de valores que renovarán el mundo a través de la ética cristiana. Los hombres se reconocerán hermanos unos de los otros y habrá caridad en los corazones para con todos. El corazón y el amor marcharán unidos a la ciencia. En suma, nos dicen los espíritus, la Tierra debe transformarse en una morada adecuada para espíritus superiores a los que hoy residimos en ella.


Un momento, ¿y nosotros, los actuales arrendatarios? Este es efectivamente un momento decisivo para la humanidad. Es necesario invertir el tiempo con sabiduría, limando el propio carácter a través del servicio al prójimo. Nos recuerdan los espíritus la imagen evangélica de las vírgenes locas que fueron sorprendidas por el esposo. Nos advierten, que estemos preparados, que no hagamos como ellas. La preparación consiste en abandonar las actitudes de orgullo y vanidad. Es preciso doblegar el ego, hacer hueco en el corazón para la humildad, para el perdón, para la renovación de valores, sentimientos, pensamientos y actitudes. La Tierra no nos pertenece. Su patrón vibratorio se eleva a medida que la revolución moral toma cuerpo. Lentamente, pero de forma imparable, la humanidad despierta para una etapa de principios espirituales más elevados. Es necesario acompañar este movimiento ascendiente si deseamos vivir la nueva era anunciada por los espíritus en la Tierra. 

Foto: Marcelo Nogare
Moisés inició la obra de renovación de conciencias. Jesús la trascendió, ejemplificando una forma de amor ágape irresistible al que le busca con sinceridad. La doctrina espírita pone al abasto tanto del hombre sencillo, así como del hombre instruido, las enseñanzas evangélicas y la ley natural, de orden divino Todo lo que es de orden divino tiene objetivo grande y útil. Así es el Espiritismo. Al hombre sencillo, le aclara las metáforas y alegorías de difícil comprensión presentes en el discurso atemporal del Maestro. Al hombre instruido, le satisface la expectativa de la mente acostumbrada a la razón, presentando de forma lógica la ley de evolución a la que todos los seres, criaturas de Dios, estamos sometidos. Seamos sencillos o instruidos, tenemos posibilidades de conocer la ley de amor. Vivirla es responsabilidad de cada uno, tarea que cabe a cada ser existencia tras existencia.

Dios confirió al hombre la capacidad del libre albedrío. Cada uno es por este principio responsable de las elecciones que hace, del ritmo y la dirección que imprime a su trayectoria evolutiva. Con profundo respeto por las opciones que cada ser realiza, el Maestro nos educa en la ley de amor. El mandamiento es claro: hacer con los demás, los que nos gustaría que hicieran con nosotros mismos. La otra cara de la moneda es la ley de causa y efecto: dar es recibir. No por otra razón se suele decir comúnmente que somos señores de nuestras elecciones y esclavos de sus consecuencias.

Muchos piensan que la llamada Nueva Eratardará mucho en llegar y actúan como las vírgenes locas, malgastando su tiempo entre orgullo, vicio e inactividad. Los espíritas, sin embargo, aprendemos que heredaremos la Tierra en la justa medida de lo que hagamos por su progreso y por el nuestro propio. Sea todo espiritista sincero un trabajador incansable de su propia renovación, la renovación de la humanidad y del adviento de la nueva era.

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