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Uranografía general

CAPÍTULO VI - URANOGRAFÍA GENERAL (PARTE 3 DE 3)
(Rafael Navarrete)

La vida universal:

Las obras de Dios son creadas para el pensamiento y la inteligencia, los mundos son moradas de seres que las contemplan y descubren el poder y la sabiduría de Aquél que las formó. La inteligencia humana encuentra difícil de creer que todos esos globos, planetas y estrellas distantes sean simples masas de materia inerte y sin vida. “Esos astros que se armonizan en sus vastos sistemas están habitados por inteligencias que no son seres desconocidos unos de otros, sino seres que llevan en la frente las señales del mismo destino, que se reunirán temporalmente según sus funciones de vida, y que se encontrarán de nuevo según sus mutuas simpatías”. Es preciso agregar que la humanidad es solidaria, en eso consiste el misterio de la eternidad futura.

Diversidad de los mundos:

Detrás de un sol, siempre habrá otro sol, detrás de una galaxia, habrá siempre otra galaxia, detrás de una nebulosa, habrá siempre otra nebulosa, así es el espléndido panorama de la armonía del cosmos: perfecta e infinita, que solo tendremos capacidad de entenderla de acuerdo a nuestra futura evolución espiritual.

Es importante saber el poner la Tierra dentro de la jerarquía de los mundos, y es bueno derrotar la presunción humana, el orgullo y humillarnos ante la grandeza absoluta. No obstante es importante percibir, en todas partes, el espectáculo de la Creación, el poder de la Naturaleza. ¿Acaso no reconocemos en cualquier criatura terrestre, el sello del Creador? En toda la creación, en toda la naturaleza, se ve, se encuentra esta verdad universal: “la naturaleza todopoderosa obra conforme a los lugares, los tiempos y las circunstancias;  es una sola en su armonía general, aunque múltiple en sus producciones; juguetea con el Sol tanto como con una gota de agua; puebla de seres vivos un mundo inmenso con la misma facilidad con que hace eclosionar el huevo depositado por la mariposa.


Foto: nasa.org
Pues, pongámonos a pensar: 
Si en un único planeta como el nuestro, ínfimo ante todo el Cosmos, ya podemos encontrar tamaña variedad de vidas; cuánto más pujante y desarrollada debe ser la perspectiva de amplitud, la variedad, la diversidad, de formas y colores que debe de haber en los mundos y planetas del éter.

“Del hecho de que vuestra naturaleza animada comience en el zoófito y culmine en el hombre, que la atmósfera alimente la vida terrestre, que el elemento líquido la renueve sin cesar, que vuestras estaciones hagan que se sucedan en esa vida los fenómenos que las distinguen, no deduzcáis que los millones de millones de planetas que ruedan en la inmensidad sean semejantes a aquel en el que habitáis. Lejos de eso, aquellos difieren de acuerdo con  las disímiles condiciones que les han sido prescriptas, y conforme al papel que le cupo a cada uno en el escenario del mundo. Son variadas piedras preciosas de un inmenso mosaico, flores diversas  de un maravilloso jardín”.

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