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El trabajo, herramienta para el progreso moral e intelectual

Hola familia,

ayer en CEADS Janaina Minelli nos presentó la charla “El trabajador Espírita”. ¿Es este trabajador un protegido de la espiritualidad esclarecida? ¿Tines menos problemas que los demás en su vida? ¿O quizá más por disponerse a luchar contra las fuerzas invisibles que se oponen al amor y a la paz?

Janaina empezó explicándonos que el Libro de los Espíritus nos presenta el trabajo como
una ley natural. Es parte de la vida misma: nos guste o no, debemos comprender que no hemos venido a la Tierra de vacaciones, ¡a disfrutar que la vida son cuatro días!, como dicen algunos. ¡No! El trabajo es una herramienta para nuestro progreso moral e intelectual, así como sirve para rescatar deslices cometidos en encarnaciones anteriores, tal y como nos aclaran las preguntas 675 y 676 de El Libro de los Espíritus:
675  ¿Sólo debe entenderse por trabajo las ocupaciones materiales?

Toda ocupación útil es un trabajo.
676 ¿Por qué es impuesto el trabajo al hombre?

Es una expiación y un medio de perfeccionar su inteligencia.
Nos dicen los espíritus que Dios quiere que cada uno se haga útil, según sus facultades. Esta es una afirmación grave, porque nos debe conducir a analizar nuestras propias potencialidades, nuestros talentos. Está claro que somos distintos unos de los otros, que cada uno tiene sus propias aptitudes. Pues ya podemos comprender de esta manera que dichos talentos nos son confiados para que realicemos obras útiles, tanto para nosotros mismos como para los demás. No exclusivamente en nuestras ocupaciones materiales, si no en todas las oportunidades de colaborar con el bien común. Nos ha dicho Janaina que el Espiritismo es una Doctrina que conduce a la acción, jamás a la pasividad. Ir al centro Espírita sin despertar para la necesidad de servir y colaborar es efectivamente ignorar el mensaje de los espíritus codificadores.


Una de las cosas en que la conferenciante hizo hincapié fue que en el centro espírita no trabajan únicamente los que tienen cargo o los médiuns, como muchos podrían pensar. Todo aquél que se acerque al centro está contribuyendo, con la calidad de los fluidos que emanan de su mente y corazón, para conformar el ambiente vibratorio del centro.

“Las vibraciones del ambiente de un Centro Espírita son elementos indispensables en los servicios realizados por los trabajadores invisibles de la tercera revelación.”
(…)
“Un Centro Espírita donde las vibraciones de sus frecuentadores irradien de mentes respetuosas, corazones sinceros, aspiraciones elevadas… Un Centro Espírita fiel observador de los principios recomendados por los organizadores de la Doctrina Espírita , se elevará en la confianza de la espiritualidad esclarecida, llenando de honor a sus dirigentes en los dos planos de la vida”.
(…)
“Los locales donde se desvían a prácticas extravagantes o poco apropiadas, serán en el espacio considerados clubs donde se aglomeran aprendices del espiritismo en sus horas de ocio.”

Si deseamos que nuestro centro esté considerado un núcleo de amor y caridad por la espiritualidad esclarecida, nos recomienda Bezerra de Menezes que observemos los siguientes principios:
  • Vigilemos por toda forma de intercambio emocional, verbal o físico;
  • Trabajemos con abnegación incansable;
  • Silenciemos las quejas;
  • Irradiemos ternura y alegría de servir;
  • Hagamos lo mismo en nuestros hogares;
  • Seamos cumplidores de nuestros deberes sociales y profesionales;
  • Mantengamos mentes y corazones respetuosos en todas las reuniones;
  • Seamos fieles a los principios doctrinarios de la codificación.
No queramos empezar, pues, la casa por el tejado. Primero un centro y sus trabajadores deben ofrecer las condiciones para que la espiritualidad pueda contar con ellos en operaciones delicadas de atención fraterna a encarnados y desencarnados. Esta calificación viene del más profundo y sincero deseo y alegría de servir, de la humildad y de la observación de las enseñanzas de la Doctrina.


No todos tenemos que ser trabajadores espíritas. Hay diversos sectores de servicio entre encarnados y desencarnados entre musulmanes, católicos, laicos, etc. Pero los que conocemos la doctrina espírita estamos llamados a ser más que espectadores de la belleza del mundo espiritual. Estamos llamados a colaborar con él, haciendo nuestra propia reforma moral para ser dignos de las tareas de consuelo y orientación a enfermos del alma encarnados y desencarnados.

Comprendamos por tanto que el trabajador espírita es una persona que no tiene ni más ni menos problemas dificultades que los demás. Las tendrá en su ruta evolutiva según los deslices que haya cometido en existencias anteriores sean de mayor o menor gravedad. Lo que la Doctrina hace por nosotros no es liberarnos de los problemas, si no capacitarnos para enfrentarlos con más disposición y equilibrio emocional.

Como dijo el Maestro, “muchos son los llamados”. Depende de cada uno de nosotros ser escogidos como servidores en las tareas de iluminación necesarias para que nuestro planeta pueda seguir adelante en esta transición planetaria.


Cariños de la hermana menor  

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