Ir al contenido principal

La fuente de los voluntarios al trabajo con la espiritualidad superior

Hola familia,

en la clase de ayer, nos dedicamos al tema del magnetismo y los magnetizadores en la clase del ESDE. El estudio es profundo y complejo, pero quedémonos con lo básico, siempre comprendiendo que la comprensión de la Doctrina de los Espíritus no es algo que se logre sin esfuerzo, dedicación y perseverancia. Siempre quedarán aspectos por comprender y profundizar, lo cual se traduce en la invitación de esta luminosa Doctrina para que, a través de nuestro interés en vencer nuestra propia ignorancia, sigamos estudiando las obras básicas codificadas por Allan Kardec.

Como decía, quedémonos con lo básico:

¿Qué es el magnetismo? Una transformación del fluido cósmico universal, una forma de energía radiante. Según Emmanuel, el magnetismo es un fenómeno de la vida y constituye una manifestación natural en todos los seres.


¿Qué se entiende por magnetizador? Todas las personas disponen de magnetismo, pero es posible que en función de facultades más ostensibles, educación de su voluntad o estudios de las leyes naturales, algunas personas logren producir efectos más evidentes, como el transporte de objetos o el control sobre otras personas, induciéndoles al sueño o a actuar de determinadas maneras.

¿Qué es el mediun curativo? alguién que, poseyendo ciertas características de magnetizador, recibe el concuso de espíritus elevados y emplea sus facultades de forma desinteresada, en beneficio del prójimo. 

¿Qué diferencia hay entre el magnetizador y el médium curativo? El magnetizador utiliza de sus propios recursos fluídicos y facultades de manipulación magnética para lograr la producción de efectos visibles. El médium curativo, en cambio, ofrece muy poco de sí mismo, más allá de un ferviente deseo de ser útil al prójimo: lo que produce la cura del paciente es una combinación, por un lado, del interés que la espiritualidad superior tenga en la producción de la cura y, por otro lado, el cambio de actitud que el paciente evidencie en su comportamiento moral. No hay que olvidar que las enfermedades del cuerpo tienen su origen en el alma. Con esto se quiere decir que no son una casualidad o una fatalidad del destino. Las enfermedades son pruebas o expiaciones que necesitamos vencer para el recate de deudas del pasado o para prepararnos adecuadamente para el futuro. Si el paciente no presenta una predisposición evidente para la espiritualidad superior de que ha superado ya la prueba que le era necesaria con la enfermedad, es decir, si se mantiene en el patrón vibratorio que le ha generado a sí mismo la necesidad de la dolencia, difícilmente habrá una cura real.

¿Hay que formarse para ser un médium curativo? La mejor manera de educarse a sí mismo para la labor de ser un vehículo de los fluidos sutiles de la espiritualidad superior en beneficio del prójimo es la propia elevación moral. Ésta consiste en vencer a las imperfecciones, dominar el orgullo, silenciar al egoísmo, superar la vanidad… El que vive según estos principios, en los abrazos y palabras de consuelo que pueda ofrecer al prójimo, dona más de sí que mil magnetizadores juntos.


¿El médium curativo puede cobrar por su labor? Como hemos dicho, poco más que su deseo de ser útil sale de él mismo. El “servicio” que ofrece viene de los espíritus superiores que se acercan a cualquier persona que desinteresadamente pretenda colaborar con el bien, el amor y la paz. El que cobre o acepte pagos indirectos “a voluntad”, como se suele decir, no podrá, por la lógica, atraer hacia sí el interés de espíritus elevados, que buscan colaboradores entre las personas altruistas, humildes, generosas y benevolentes.

El amor es, sin lugar a dudas, la fuente de la que deben beber todos los voluntarios al trabajo con la espiritualidad superior. ¡Qué podamos acercarnos a esta fuente, beber de ella, para no volver a tener sed jamás.


Cariños de la hermana menor 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El camino del convencimiento

David Santamaría ¿Cuál podríamos pensar que es el mejor procedimiento para convencer a alguien de que los postulados espiritistas son ciertos y correctos? ¿Sería por el contacto con la fenomenología mediúmnica? O, tal vez, ¿sería más efectivo hacerlo a través del razonamiento? De entrada nos encontramos con una condición inherente al espiritismo y es la de ser totalmente contrario al proselitismo. Allan Kardec tenía perfectamente claro que hay que dar explicaciones detalladas a quien manifiesta un interés sincero en tener información; pero, que no tiene ningún sentido intentar convencer a los que tienen animadversión por todo lo que tenga que ver con el espiritismo, ni a aquellas personas que tienen suficiente con sus profundas convicciones religiosas. O sea, que únicamente dedicaríamos atención a aquellos que muestren un interés real, por mínimo que este sea y que, en más de una ocasión, pueden estar en el campo del ateísmo o del materialismo. En El Libro de los Médiums, primera parte

El dormir y los sueños

Jordi Santandreu Lorite Allan Kardec interrogó a los Espíritus acerca del dormir y de los sueños, como no podía ser de otra manera, ya que desde tiempos inmemoriales el Ser Humano ha asociado el dormir con traspasar una puerta velada por el oscuro manto de la materia. Lo que se supone que hay detrás de ese umbral se ha interpretado de maneras diferentes según la época y el lugar. Los sueños han estado asociados, en general, a la dimensión espiritual de la vida, al más allá . En todas las tradiciones antiguas, desde la Grecia de Platón y Sócrates, a la India de los Upanishads, pasando por el Egipto de los faraones, el mundo de los sueños era aquél en el que dioses y humanos podían reencontrarse. En el Antiguo Testamento hay numerosas referencias a sueños proféticos, como el de Abraham o el de Jacob, que soñó con “una escalera apoyada en tierra, que en su extremo llegaba al cielo. Ángeles subían y bajaban por ella. Jehová, que estaba en lo alto, dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham y

COVID-19: ¿Una oportunidad perdida?

Humberto Werdine  Estoy escribiendo este texto en los primeros días de septiembre de 2020, en el auge del inicio de la segunda ola del virus COVID 19, aquí en Europa. Mi familia fue alcanzada, mi esposa y una de mis hijas. Mi hija está prácticamente recuperada y mi esposa se recupera poco a poco. Ninguna de ellas necesitó ingreso hospitalario. Agradezco a Dios todos los días por su recuperación. Tengo amigos que han sufrido mucho con este virus. Unos tuvieron que ser entubados y se recuperaron después de muchas semanas de angustia y dolor. Otros, no tuvieron la misma suerte y fallecieron. Todos los que partieron eran de una edad parecida a la mía, entrados ya los 60 años. Esta misma semana, una querida amiga me envió un mensaje a mi whatsapp privado, calificando a esta enfermedad de maldita. He recibido varios comentarios parecidos de muchas y diversas personas que usan un adjetivo similar para esta enfermedad y, algunos, cuestionando por qué Dios habría mandado una enfermedad tan pern