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Conócete a ti mismo

Amigos CEADs,
Este sábado tuvimos un participativo e interesante estudio del Evangelio; no era para menos, con tan atractivo tema: “Conócete a ti mismo”, imposible no reflexionar a profundidad un punto que despierta mucha inquietud desde épocas remotas, como en la antigua Grecia, frase que se podía ver inscrita en el pronaos del Templo Apolo en Delfos y filósofos como Sócrates, Platón, Pitágoras, entre otros, la analizaban a profundidad.

En el estudio, hemos examinado las palabras de Agustín de Hipona, quien nos invita a que todos los días, antes de acostarnos, analicemos que hemos hecho bien, mal y a quien hemos incomodado, con el fin de cada día intentar no cometer los mismos errores y trascender en nuestro crecimiento espiritual.
Ciertamente, el autoconocimiento está supeditado a nuestra capacidad de dejar el orgullo a un lado y no justificar nuestros actos, cosa que con frecuencia hacemos, y que por tanto estamos llamados a superar. Es así que, para evitar esta manifestación del orgullo, podemos hacer el ejercicio de colocar nuestros actos en los demás y ver si los juzgaríamos, si los consideraríamos inapropiados o poco moral. Tener la madurez de reconocer nuestros defectos, es tan importante como nuestra reencarnación, porque en realidad es nuestro principal compromiso. 

En ese mismo orden de ideas, comentamos también la importancia de no angustiarnos con nuestros defectos, porque superarlos no es una cuestión súbita. Todo proceso de reforma y educación requiere de tiempo y su extensión dependerá de la voluntad que coloquemos en ello. La Doctrina Espírita nos da las herramientas para comprender la filosofía de la vida, pero no nos da solución milagrosa a nuestros problemas, si así fuera, no tendríamos ningún mérito en nuestro crecimiento moral.     
La práctica del autoconocimiento, la tenemos en nuestro día a día, con más intensidad en quienes nos manifiestan con crudeza aquello que les disgusta de nosotros. Esto, generalmente, no lo tomamos a buen agrado, pero es una herramienta que con frecuencia nos pone Dios con el fin de alertarnos en qué estamos fallando. 
Dediquemos tiempo para cultivar nuestra felicidad, para superar nuestros vacíos existenciales, para superar nuestras malas inclinaciones, para conocernos, y sabiendo que la felicidad transitoria que nos ofrecen las riquezas materiales, no es más gratificante que la del porvenir. 

Hagamos de nosotros instrumentos de paz, seamos ejemplo para nuestros amigos y para aquellos que nos observan, siempre con Jesús delante de nosotros, preocupándonos más por nuestros defectos, y siendo indulgentes para con los de los demás, así como nos gustaría fuesen para con los nuestros. 
Los esperamos en CEADS y en nuestro Blog,

Hasta pronto!!!   

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