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Si me amáis, guardad mis mandamientos

Ayer en CEADS tuvimos una sesión más de Estudio Sistematizado del Espiritismo. El tema de la clase, “El consolador prometido”, fue una rica oportunidad de aprendizaje e intercambio de puntos de vista.

En la Doctrina Espírita se considera al Espiritismo como la tercera gran revelación a los hombres. La primera la trajo Moisés, en la forma del decálogo; la segunda, la personificó Jesús. sus enseñanzas morales y su legado a través de los evangelios; la tercera no tuvo un protagonista encarnado, sino que llegó por las voces de todos los espíritus que participaron en la codificación. La tercera revelación es para nosotros el consolador prometido por Jesús, cuando durante la última cena con los apóstoles, les dice estas palabras:
Si me amáis, guardad mis mandamientos. - Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que more siempre con vosotros. - El espíritu de la verdad a quien no puede recibir el mundo, porque ni lo ve, ni lo conoce; mas vosotros lo conoceréis; porque morará con vosotros, y estará en vosotros. - Y el Consolador, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mí nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo aquello que yo os hubiese dicho. (San Juan. cap. XIV, v. 15, 16, 17 y 26).
Jesús ya sabía que íbamos a necesitar un consolador… Pero, ¿quién necesita un consolador? El que sufre necesidades materiales o afectivas; el que necesita una palabra de amparo en las horas de expiación o pruebas; el que busca serenidad y ánimo nuevo en las palabras de alguien que le quiera bien. Sí, Jesús sabía que necesitaríamos un consolador porque veía nuestro nivel evolutivo así como la elevación de sus mandamientos. El Maestro sabía que íbamos a caer más de una vez mientras perseguíamos el perfeccionamiento moral. Si sufrimos, lo sabemos, es que necesitamos corregir equivocaciones del pasado, aprendiendo a vivir y convivir con todos como hermanos. 


Para consolarnos nos ha enviado el Maestro la Doctrina Espírita. Ella nos habla a la razón a la vez que nos ampara y fortalece mientras experimentamos las pruebas más dolorosas. Nos habla el codificado de tres fases en la difusión de el espiritismo: la primera es la de la curiosidad, cuando las mentes se sienten provocadas por fenómenos o ideas que no comprenden y así se interesan por el espiritismo. La segura es la del conocimiento, estudio y asimilación del contenido de nuestra filosofía. La tercera fase es aquella en que, habiendo ya satisfecho la curiosidad y conocido los principios de la doctrina, las personas transforman sus vidas, poniendo en la práctica los consejos de los espíritus. Pese a que Kardec hablaba de las fases de la difusión del Espiritismo cmi Doctrina entre los pueblos, también es posible pensar que individualmente pasamos por estas tres fases.

Ojalá podamos todos alcanzar la tercera fase pronto, viviendo como nos recomiendan las voces que el Maestro envió para educar a nuestros corazones. Por nuestro propio bien y de toda la humanidad.

Cariños

Equipo de Divulgación

CEADS

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