Ir al contenido principal

La ofensa bajo la óptica Espírita

Ayer en CEADS tuvimos la oportunidad de escuchar a Janaina Minelli de Oliveira. La compañera nos presentó la conferencia titulada “La Ofensa bajo la óptica Espírita” y confesó antes de empezar: “De todas las conferencias que he hecho hasta hoy, esta es la que más me ha ayudado a crecer”.

Janaina empezó explicando lo que nos dice Joana de Angelis, a través de Divaldo Franco, en el libro “Conflictos Existenciales”, sobre la ofensa. Dice Joana que el individuo que se siente ofendido lo hace por ser defraudado en su ambición a ser valorado positivamente por el otro y reacciona con un ego agredido y subestimado. La persona ofendida depende del reconocimiento exterior de su valor y desea que los demás le traten “como se merece”. Cuando no sucede así, el ego se rebela y abre espacio para el sentimiento de la ofensa. La tristeza, el rencor, el resentimiento, el odio y la depresión son todos subproductos de la ofensa. Cuando se convierte en fijación mental, propicia sintonía psíquica entre el verdugo y la víctima, desencadenando graves desequilibrios. 


Algo que resulta profundamente sorprendente es la condición para que algo nos resulte ofensivo. ¿Sería el fondo de lo que se nos dice? ¿El tono o el volumen de la voz de quién nos ofende? ¿Dependería de quién nos dice tal o cual cosa? Se ve que no va por ahí. La condición primera para que una persona de sienta ofendida es que no se conozca bien a sí misma, sea insegura y dude de su valía. Además, su estilo de gestión emocional tienda a reprimir lo que percibe como agresivo para su ego. Si lo meditamos bien, tiene que ser así. Si alguien nos dice algo, lo que sea, como sea, que no nos sienta bien, hay dos opciones: o bien corresponde y lo que hay que hacer es disculparse y hacer esfuerzos para corregir lo que se pueda; o bien no corresponde, no es cierto, y lo que no es cierto sencillamente no nos debería hacer daño. El problema viene de que a menudo nos encontramos dependientes de que se nos reconozca nuestro valor exteriormente. La persona que no se conoce a sí misma, no sabe su valor. Si no es valorada por los demás, se siente defraudada, como apuntaba Joana de Angelis. 

Es cierto que hay personas que “necesitan ofender”. ¿Por qué lo hacen? 1. Para afirmarse a sí mismas mediante el ejercicio del poder. 2. Para descargar sus tensiones en alguien que consideran más débil. 3. Porque no han aprendido a canalizar su energía emocional de forma creativa y amorosa y recurren a lo más fácil: destruir y dañar. Bien mirado, esta persona nos debería compadecer… De hecho, el consejo que encontramos en “El libro de los Espíritus” sobre cómo proceder ante las ofensas es claro:
886 – ¿Cuál es el verdadero sentido de la palabra caridad tal como la entendía Jesús?
– Benevolencia para con todos, indulgencia con las imperfecciones ajenas, perdón de las ofensas.
Hay algo que quedó muy clarito en el estudio presentado por Janaina ayer: la ofensa no depende de lo que me dice el otro, y sí de cómo me lo tomo yo. No es lo que me hace, es como lo interpreto. Puedo escoger interpretar los que me dicen como una mala gestión de los sentimientos de alguien que está bajo mucha tensión. O puedo ponerme triste (ego en sufrimiento) porque no me valoró positivamente. Escoger la primera opción es un ejercicio que todos debemos hacer.


Janaina nos habló de la profilaxia ante la ofensa. Está compuesta de 3 pasos. El primero consiste en tener en cuenta la opinión de las personas a quiénes no caemos del todo bien sobre nosotros. Nuestros amigos son benevolentes con nuestras imperfecciones. es preciso admitir que hay algo de verdad en lo que nuestros “enemigos” piensan de nosotros. El segundo aspecto de la profilaxia es responder a lo que percibimos como agresión, pero es preciso practicando el autocontrol. No tiene que ser al momento de la ofensa y siempre se ha de recordar que fue como nosotros interpretamos lo que se nos dijo o ocurrió. Cuando nos acerquemos a la persona es importante decir: Fulano, me sentí de tal manera por aquello que me dijiste. Es diferente que decir: “Lo que dijiste me hedió”. La tercera etapa de la profilaxia, es un movimiento. Una vez hemos penetrado en el “territorio ofensa”, sea como ofensor u ofendido, si queremos resolver la situación de desequilibrio y sufrimiento, es preciso recorrer la “ruta del perdón”.

¿Qué actitud es la más acertada si tenemos que convivir con personas criticonas?
  • Aprender a protegernos con un buen paraguas de autoestima
  • Aprender a gestionar nuestras emociones caóticas
  • No retener basura emocional
  • Expresar asertivamente cómo nos sentimos ante su conducta
  • Evitar entrar en su rueda de críticas
El espíritu Simeón, parafraseando al Maestro en su respuesta a la pregunta de Pedro: Señor, ¿Cuàntas veces debo perdonar a mi hermano?, nos da una importante lección:
Jesús, el justo por excelencia, responde a Pedro:Tú perdonarás, pero sin límites;tú perdonarás siempre que ofensa te sea hecha;tú enseñarás a tus hermanos ese olvido de sí mismo que le hace invulnerable contra el ataque, los malos procederes y las injurias;tú serás benigno y humilde de corazón no midiendo nunca tu mansedumbre;tu harás, en fin, lo que desees que el Padre celeste haga por tí;¿no tiene El que perdonarte muy a menudo, y cuenta, acaso, elnúmero de veces que su perdón desciende a borrar tus faltas?                                                    (Simeón, Bordeaux, 1862)

Que todos podamos aprender a perdonar las ofensas recibidas,o lo que sería todavía mejor, no tenerlas en consideración. Poco a poco nos vamos abriendo a la necesidad de doblegar el ego, dominar el orgullo, cultivar una auto-estima sana que nos permita comprender que somos seres humanos tan dignos de amor y respeto como todos los demás: ni más, ni menos. En la teoría no es difícil de comprender. Pasemos a la práctica.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El camino del convencimiento

David Santamaría ¿Cuál podríamos pensar que es el mejor procedimiento para convencer a alguien de que los postulados espiritistas son ciertos y correctos? ¿Sería por el contacto con la fenomenología mediúmnica? O, tal vez, ¿sería más efectivo hacerlo a través del razonamiento? De entrada nos encontramos con una condición inherente al espiritismo y es la de ser totalmente contrario al proselitismo. Allan Kardec tenía perfectamente claro que hay que dar explicaciones detalladas a quien manifiesta un interés sincero en tener información; pero, que no tiene ningún sentido intentar convencer a los que tienen animadversión por todo lo que tenga que ver con el espiritismo, ni a aquellas personas que tienen suficiente con sus profundas convicciones religiosas. O sea, que únicamente dedicaríamos atención a aquellos que muestren un interés real, por mínimo que este sea y que, en más de una ocasión, pueden estar en el campo del ateísmo o del materialismo. En El Libro de los Médiums, primera parte

El dormir y los sueños

Jordi Santandreu Lorite Allan Kardec interrogó a los Espíritus acerca del dormir y de los sueños, como no podía ser de otra manera, ya que desde tiempos inmemoriales el Ser Humano ha asociado el dormir con traspasar una puerta velada por el oscuro manto de la materia. Lo que se supone que hay detrás de ese umbral se ha interpretado de maneras diferentes según la época y el lugar. Los sueños han estado asociados, en general, a la dimensión espiritual de la vida, al más allá . En todas las tradiciones antiguas, desde la Grecia de Platón y Sócrates, a la India de los Upanishads, pasando por el Egipto de los faraones, el mundo de los sueños era aquél en el que dioses y humanos podían reencontrarse. En el Antiguo Testamento hay numerosas referencias a sueños proféticos, como el de Abraham o el de Jacob, que soñó con “una escalera apoyada en tierra, que en su extremo llegaba al cielo. Ángeles subían y bajaban por ella. Jehová, que estaba en lo alto, dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham y

COVID-19: ¿Una oportunidad perdida?

Humberto Werdine  Estoy escribiendo este texto en los primeros días de septiembre de 2020, en el auge del inicio de la segunda ola del virus COVID 19, aquí en Europa. Mi familia fue alcanzada, mi esposa y una de mis hijas. Mi hija está prácticamente recuperada y mi esposa se recupera poco a poco. Ninguna de ellas necesitó ingreso hospitalario. Agradezco a Dios todos los días por su recuperación. Tengo amigos que han sufrido mucho con este virus. Unos tuvieron que ser entubados y se recuperaron después de muchas semanas de angustia y dolor. Otros, no tuvieron la misma suerte y fallecieron. Todos los que partieron eran de una edad parecida a la mía, entrados ya los 60 años. Esta misma semana, una querida amiga me envió un mensaje a mi whatsapp privado, calificando a esta enfermedad de maldita. He recibido varios comentarios parecidos de muchas y diversas personas que usan un adjetivo similar para esta enfermedad y, algunos, cuestionando por qué Dios habría mandado una enfermedad tan pern