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La Reencarnación: Justicia y necesidad

Ayer en la clase del ESDE, volvimos a hablar sobre la reencarnación. Esta vez, el estudio de la doctrina de los espíritus nos invitaba a reflexionar sobre la justicia y la necesidad de esta ley natural.

Nos enseñan los espíritus que, después de residir temporalmente en el Espacio, el alma vuelve a nacer en la condición humana, trayendo consigo la herencia, buena o mala, de su pasado; reaparece en el escenario terrestre para ajustar deudas que contrajo, conquistar nuevas capacidades que habrán de facilitarle la ascensión y acelerar su marcha hacia adelante.

La ley de las reencarnaciones explica y completa el principio de la inmortalidad. No puede entenderse que el Espíritu, destinado a la perfección, consiga realizar todo el progreso en una sola existencia física. Los acontecimientos de la vida diaria desechan tal idea. Debemos ver, en la pluralidad de las vidas del alma, la condición necesaria para su educación y su progreso. Es a costa de sus propios esfuerzos y de sus luchas que el Espíritu, que se redime su estado de aprendiz y se eleva gradualmente, camino a las innumerables habitaciones del Universo. Cada uno lleva para la otra vida y trae, al nacer, la semilla de su pasado. Hoy somos el resultado de las experiencias vividas en el pasado, como mañana seremos el producto de nuestras acciones de hoy.


No todas las almas tienen la misma edad, ni todas han subido con el mismo ritmo sus niveles evolutivos. Unas han corrido una prolongada carrera y ya se han aproximado al apogeo de sus progresos terrestres; otras apenas comienzan su ciclo de evolución en el seno de las humanidades. Estas son las almas jóvenes, las que tienen menos tiempo de emanadas del Foco Eterno (...) Una vez dentro de la humanidad, ocuparán lugar entre los pueblos salvajes o entre las razas bárbaras que pueblan los continentes atrasados, las regiones desheredadas del Globo. Y cuando, por fin, penetran en nuestras civilizaciones, aún fácilmente se dejan reconocer por la falta de desembarazo, de habilidad, por su incapacidad para todas las cosas y, principalmente, por sus pasiones violentas. De esta manera, por el encadenamiento de nuestras estaciones terrestres, se continúa y completa la obra grandiosa de nuestra educación, la lenta edificación de nuestra individualidad, de nuestra personalidad moral. Es por esa razón que el alma tiene que encarnar sucesivamente en los medios más diversos, en todas las condiciones sociales; y es pasando alternadamente por vidas de pobreza o riqueza, por experiencias de renuncia y trabajo, que irá comprendiendo que los bienes materiales son transitorios e irá desarrollando valores espirituales superiores. Son necesarias las existencias de estudio, las misiones de dedicación, de caridad, por vía de las cuales se ilustra la inteligencia y el corazón se enriquece con la adquisición de nuevas cualidades; después vendrán las vidas de sacrificio por la familia, por la patria, por la humanidad.
Habrá por cierto, existencias donde el orgullo y el egoísmo serán reprimidos, a través de las pruebas dolorosas de rescate de un pasado de errores. Así se define, pues, la pluralidad de las existencias, o reencarnación. Es una ley natural, necesaria al perfeccionamiento humano.

La lectura conjunta y el intercambio de impresiones, ideas y dudas fue como siempre muy rico. Seguimos adelante con el estudio de la Doctrina Espírita, mientras buscamos, cada uno a su ritmo y a su manera, educar nuestros corazones y mentes para sacar máximo provecho de la presente encarnación. 

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