La Génesis, los milagros y las predicciones según el Espiritismo

Vera Lucia Dalessio



La obra espírita "La Génesis, los milagros y las predicciones según el Espiritismo"publicada por Allan Kardec en 1868 es uno de los cuatro pilares de la Doctrina Espírita.


Ella nos lleva a conocer, entender y practicar aún mejor, todas las preciosas enseñanzas de Dios, traídas a través de los tiempos, por filósofos, matemáticos, astrólogos, físicos, químicos, formando las bases de luz y esclarecimiento para la llegada de Jesús Cristo y la perpetuación y seguimiento de sus enseñanzas.


En el preludio del “Evangelio Según el Espiritismo” tenemos:


“Los Espíritus del Señor, que son las virtudes de los cielos, como un ejército inmenso que se moviliza tan pronto haya recibido la orden de su comandante, se esparcen por toda la superficie de la Tierra; semejantes a las estrellas que caen del cielo, vienen a iluminar el camino y a abrir los ojos a los ciegos. En verdad os digo, que han llegado los tiempos en que todas las cosas deben ser restablecidas en su verdadero sentido, para disipar las tinieblas, confundir a los orgullosos y glorificar a los justos. Las grandes voces del cielo retumban como el sonido de la trompeta, y se reúnen los coros de ángeles. Hombres, nosotros os convidamos a este divino concierto; que vuestras manos pulsen la lira; que vuestras voces se unan y que en un himno sagrado se extiendan y vibren de uno a otro extremo del Universo. Hombres, hermanos a quienes amamos, nosotros estamos a vuestro lado; amaos también unos a otros, y decid desde el fondo de vuestro corazón, haciendo la voluntad del Padre que está en el cielo: ¡Señor! ¡Señor! Y podréis entrar en el reino de los cielos”.



El Espíritu de Verdad

                                                                                             

Que mejores palabras podrían nos guiar a el entendimiento de la Génesis, publicada después de cuatro años de ese libro, y que lo completa, como se fuera la base de un edificio, con todas las informaciones y enseñanzas ya citadas en las anteriores obras de Kardec.


En el capítulo 1, Caracteres de la Revelación Espírita, vemos que Dios preparó la humanidad para que, poco a poco, y en conformidad con su evolución física y moral, fuese aprendiendo los conocimientos para pensar, entender, y evolucionar dentro de sus principios divinos, que comandan los mundos físico y espiritual. Sería muy difícil si no existieran estos siglos de preparación y la presencia viva de Jesús Cristo, en nuestro mundo.


Empezamos a comprender las enseñanzas a través de Moisés, del Decálogo, Faro de la Humanidad, y después de más de 1.200 años, tuvimos la confirmación, a través del Maestro Jesús, que construyó el edificio de sus enseñanzas, basándose en este mismo Decálogo.


Moisés, como profeta, reveló a los hombres la existencia de un Dios único, Señor soberano y creador de todas las cosas. Promulgó la ley del Sinaí y creó las bases de la fe verdadera. Jesús Cristo tomó de la antigua ley lo que es eterno y divino y desechó lo que sólo era transitorio, meramente disciplinario y de hechura humana, y agregó la revelación de la vida futura, aquella de la que Moisés no había hablado, la relacionada con las penas y recompensas que esperan al hombre después de la muerte. Por lo tanto, Moisés y Jesús son los grandes reveladores que cambiaran la faz del mundo, y en ellos está la prueba de la misión divina que tenían. 


Con Jesús empezamos a entender las bases espirituales de nuestra vida terrenal. Por medio de sus palabras y sus hechos, comprendemos que tenemos un Dios misericordioso, clemente, justo y bueno, que perdona a los arrepentidos y juzga a cada uno por sus obras. Además, nos dijo “Vuestra verdadera patria no es de este mundo; está en el reino de los cielos”.


En nuestra época tuvimos una revelación de grande importancia, a que nos revela la posibilidad de comunicación con los seres del mundo espiritual: La Revelación Espirita o la Tercera Revelación. 


Hasta nuestros días, la comunicación estaba oculta y en nada ayudaba a la humanidad. Su característica es que su origen pertenece a Dios, la iniciativa a los espíritus, y su elaboración es obra del hombre. Es una ciencia de observación y no producto de la imaginación.


 “Vuestra verdadera patria no es de este mundo;
está en el reino de los cielos”.


El Espiritismo es una consecuencia directa de la doctrina cristiana porque ten como base las mismas palabras de Jesús (como Jesús, que partió de las palabras de Moisés). Gracias a esta doctrina, que posee un poder moralizador incalculable, el hombre sabe de dónde viene, hacia dónde va, porque está sobre la Tierra, por qué sufre en esta vida temporalmente, y comprende que la justicia de Dios todo lo penetra.


Una de las leyes más importantes reveladas por el Espiritismo es la pluralidad de existencias, que explica las diferencias de posición social, las muertes prematuras, las desigualdades de aptitudes intelectuales y morales, además de muchas otras cosas. Da más consuelo, más tranquilidad al corazón, esperanzas más legítimas, certezas mayores.


A cada nueva existencia, el hombre tiene los medios de redimirse y reparar sus actitudes y progresar hasta una purificación futura. Esta Tercera Revelación se produjo en millares de sitios diferentes y todos ellos se convirtieran en centros de difusión. Aun que en ninguno de ellos la enseñanza fue completa, por la variedad y cantidad de temas a tratar y otras exigencias, aptitudes y conocimientos necesarios. Se hizo en diferentes lugares, de manera parcial, con una gran cantidad de intermediarios y así sigue, una vez que todo no ha sido revelado.


Dios no confió a un solo espíritu la difusión de la Doctrina. Quiso que pequeños y grandes cooperasen con su granito de arena para que se estableciese entre todos, un lazo solidario, que había faltado a las otras doctrinas de fuente única. 


Los espíritus, como los hombres, poseen una cuota limitada de conocimientos. Era preciso un trabajo colectivo y controlado. Su carácter es esencialmente progresivo.  El Espiritismo marcha al ritmo del progreso y siempre habrá de rectificarse.


Desde el punto de vista moral, Dios otorgó al hombre una guía: su conciencia, que le dice: “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan a ti”. 


En el corazón del hombre hay inscrita una moral natural. Él sabe lo que es correcto o no. El hombre lo sabe desde siempre, pero no lo pone en marcha, y la doctrina le recuerda eso y le enseña los principios que unen a los vivos a los muertos, completa los rasgos acerca del alma, de su pasado y su porvenir, y se basa en las leyes de la Naturaleza. Hablan de solidaridad, caridad, fraternidad.


Los espíritus son las almas de los hombres y todos, de todas categorías, que asisten en ese trabajo, actúan como colaboradores. Pero, somos nosotros los encargados de discernir lo que es bueno de lo que no es, y de aprovechar sus enseñanzas. Ellos se abstienen de enseñarnos lo que podemos descubrir con nuestro esfuerzo.


Debemos aprender de ellos, pues hasta el más pequeño puede enseñarnos alguna cosa. El hecho de las manifestaciones no tiene nada de extraordinario: es la Humanidad espiritual que viene a conversar con la Humanidad corporal. El espiritismo vino a llenar el vacío creado por la incredulidad, animar a los abatidos por la duda, o la perspectiva de la nada, y para darle a todas las cosas su razón de ser.

Debemos prepararnos para el reino de Dios, del bien, anunciado por Jesús Cristo, terminando con el orgullo, el egoísmo, y la incredulidad. 




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