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El Libro de los Espíritus. Preguntas y Respuestas

Flavia Roggerio



Fenómenos que escapan a las leyes de la ciencia común se manifiestan en todas partes y revelan en su causa la acción de una voluntad libre e inteligente. La razón afirma que un efecto inteligente debe tener por causa un poder inteligente y los hechos han probado que ese poder puede entrar en comunicación con los hombres mediante signos materiales.


Preguntado acerca de su naturaleza, dicho poder declaró pertenecer al mundo de los seres espirituales que se despojaron de la envoltura corporal del hombre. Así fue revelada la doctrina de los Espíritus.


Las comunicaciones entre el mundo espirita y el mundo corporal se encuentran en la naturaleza de las cosas y no constituyen ningún hecho sobrenatural, razón por la cual existen vestigios de ellas en la totalidad de los pueblos y en todas las épocas. Hoy se han generalizado y son patentes para todo el mundo.


Los Espíritus anuncian que han llegado los tiempos señalados por la Providencia para una manifestación universal y que, por ser ellos los ministros de Dios y los agentes de su voluntad, tienen la misión de instruir y esclarecer a los hombres, abriendo una nueva era de regeneración para la humanidad.


A lo largo de los últimos años fuimos publicando en esta columna cómo los espíritus influyen en nuestras vidas. Ahora, llegamos al punto donde el decodificador de la Doctrina Espirita, Allan Kardec, se pone en contacto directo con los espíritus para realizar diversas preguntas que, desde el principio de los tiempos, se han hecho eco en la mente humana.


“El libro de los espíritus” es la recopilación de sus enseñanzas. Ha sido escrito por orden y bajo el dictado de Espíritus superiores. No contiene nada que no sea la expresión de su pensamiento y que no haya sido controlado por ellos mismos. Sólo el orden y la distribución metódica de las materias, al igual que las notas y la forma de algunas partes de la redacción, son obra de quien ha recibido la misión de publicarlo.


Entre los Espíritus que han concurrido para la realización de esta obra, muchos vivieron en diversas épocas en la Tierra, donde han predicado y practicado la virtud y la sabiduría. Otros no corresponden, por sus nombres, a ningún personaje cuyo recuerdo haya conservado la historia, pero de su elevación, dan testimonio de la pureza de su doctrina y su vínculo con los que llevan nombres venerables.


Estos son los términos en que ellos han dado por escrito, a través de muchos médiums, la misión de escribir este libro:


“Ocúpate con celo y perseverancia del trabajo que has emprendido con nuestro concurso, porque ese trabajo es nuestro. En él hemos sentado las bases del nuevo edificio que se eleva y que un día habrá de reunir a todos los hombres en un mismo sentimiento de amor y caridad. Pero antes de divulgarlo lo revisaremos juntos para controlar todos los detalles”.


“Estaremos contigo tantas veces como lo solicites, para ayudarte también en tus otros trabajos, pues esta no es más que una parte de la misión que se te confía y que uno de nosotros ya te ha revelado”.


“Entre las enseñanzas que te impartimos, algunas debes reservarlas para ti solo, hasta nueva orden. Nosotros te indicaremos cuando haya llegado el momento de publicarlas. Entretanto, medita acerca de ellas, a fin de que estés preparado cuando te lo digamos. El hombre refina el espíritu por medio del trabajo y tú sabes que sólo por el trabajo del cuerpo, el espíritu adquiere conocimientos”.


“No dejes que la crítica te desaliente. Hallarás contradictores empedernidos, sobre todo entre las personas interesadas en los abusos. Los encontrarás incluso entre los Espíritus, porque los que no están completamente desmaterializados intentan a menudo sembrar la duda por malicia o por ignorancia”. “Con todo, sigue adelante siempre. Cree en Dios y avanza con confianza: nosotros estaremos allí para sostenerte”.


“Se aproxima el tiempo en que la verdad hará eclosión en todas partes”.


“La vanidad de algunos hombres que creen saberlo todo y todo quieren explicarlo a su manera hará que surjan opiniones disidentes. No obstante, los que tengan en vista el gran principio de Jesús se confundirán en el mismo sentimiento de amor al bien y se unirán mediante un vínculo fraternal que abarcará el mundo entero. Dejarán a un lado las miserables disputas de palabras y sólo se ocuparán de las cosas esenciales. La doctrina será siempre la misma, en cuanto al fondo, para quienes reciban las comunicaciones de los Espíritus superiores”.


“Con perseverancia llegarás a recoger el fruto de tus trabajos. El placer que experimentarás cuando veas que la doctrina se propaga y es bien comprendida, será para ti una recompensa cuyo verdadero valor conocerás, tal vez, más en el porvenir que en el presente. No te inquietes, pues, por los espinos y las piedras que los incrédulos o los malos sembrarán en tu camino. Conserva la confianza, con ella llegarás a la meta y serás merecedor de nuestra constante ayuda”.


“Ten presente que los Espíritus buenos sólo asisten a quienes sirven a Dios con humildad y desinterés, mientras que repudian a los que buscan en la senda del Cielo un escalón para las cosas de la Tierra. Los Espíritus buenos se apartan de los orgullosos tanto como de los ambiciosos. El orgullo y la ambición siempre constituirán una barrera entre el hombre y Dios: son un velo que empaña las claridades celestiales y Dios no puede servirse del ciego para que se comprenda la luz”.


Y firmaron...

SAN JUAN EVANGELISTA, SAN AGUSTÍN, SAN VICENTE DE PAUL, SAN LUIS, EL ESPÍRITU DE VERDAD, SÓCRATES, PLATÓN, FENELÓN, FRANKLIN, SWEDENBORG, etc.


Allan Karden, explica que los principios que este libro contiene resultan, ya sea de las respuestas dadas por los Espíritus a las preguntas que directamente se les han formulado en diversas épocas, por intermedio de un gran número de médiums, o bien de las instrucciones que ellos dieron espontáneamente tanto a nosotros como a otras personas acerca de las materias que contiene.


Todo ello ha sido coordinado con el objeto de presentar un conjunto regular y metódico y sólo se dio a conocer después de que los propios Espíritus lo revisaran y corrigieran cuidadosamente en reiteradas ocasiones.


El texto colocado entre comillas a continuación de cada pregunta es la respuesta que dieron los Espíritus. Debido a la complejidad de algunas respuestas, se han diferenciado con otro tipo de letra las notas y explicaciones añadidas por el autor, en los casos en que existe la posibilidad de confundirlas con el texto de las respuestas. Cuando forman capítulos enteros no hay lugar a confusión, de modo que se ha conservado el tipo de letra ordinario.


Comencemos con las preguntas:


Capítulo I – Dios


1. ¿Qué es Dios?


“Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas”.


2. ¿Qué se debe entender por lo infinito?


“Lo que no tiene principio ni fin: lo desconocido. Todo lo que es desconocido es infinito”.


3. ¿Se podría decir que Dios es lo infinito?


“Definición incompleta. Pobreza del lenguaje de los hombres, que es insuficiente para definir las cosas que están por encima de su inteligencia”.

Dios es infinito en sus perfecciones, pero lo infinito es una abstracción. Decir que Dios es lo infinito implica tomar el atributo por la cosa misma y definir una cosa que no es conocida mediante otra que tampoco lo es.


4. ¿Dónde se puede encontrar la prueba de la existencia de Dios?


“En un axioma que aplicáis a vuestras ciencias: No hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre y vuestra razón os responderá”.

Para creer en Dios basta con pasear la mirada por las obras de la creación. El universo existe. Tiene, pues, una causa. Dudar de la existencia de Dios sería negar que todo efecto tiene una causa y afirmar que la nada ha podido hacer algo.


5. ¿Qué consecuencia se puede sacar del sentimiento intuitivo de la existencia de Dios, que todos los hombres llevan en sí?


“Que Dios existe; porque, ¿de dónde le vendría ese sentimiento si no se basara en algo? Es también una consecuencia del principio según el cual no hay efecto sin causa”.


6. El sentimiento íntimo que tenemos de la existencia de Dios, ¿no sería resultado de la educación y producto de ideas adquiridas?


“Si así fuese, ¿por qué vuestros salvajes tienen ese sentimiento?”

Si el sentimiento de la existencia de un ser supremo no fuese más que el producto de una enseñanza, no sería universal y sólo existiría –como las nociones de las ciencias– en quienes hubiesen recibido dicha enseñanza.


7. ¿Se podría encontrar la causa primera de la formación de las cosas en las propiedades íntimas de la materia?


“Pero, en ese caso, ¿cuál sería la causa de esas propiedades? Se necesita siempre una causa primera”.

Atribuir la formación primera de las cosas a las propiedades íntimas de la materia sería tomar el efecto por la causa, pues esas propiedades también son un efecto que debe tener una causa.


8. ¿Qué pensar de la opinión que atribuye la formación primera a una combinación fortuita de la materia; dicho de otro modo, a la casualidad?


“¡Otro absurdo! ¿Qué hombre provisto de buen sentido consideraría la casualidad como un ser inteligente? Además, ¿qué es la casualidad? Nada”.

La armonía que regula las energías del universo pone de manifiesto combinaciones y miras determinadas y por eso mismo, revela un poder inteligente. Atribuir la formación primera a la casualidad sería una falta de sentido, pues la casualidad es ciega y no puede producir los efectos de la inteligencia. Una casualidad inteligente ya no sería casualidad.


9. ¿Dónde se ve, en la causa primera, una inteligencia suprema y superior a todas las inteligencias?


“Tenéis un proverbio que dice: Por la obra se conoce al autor. Pues bien, mirad la obra y buscad a su autor. El orgullo engendra la incredulidad. El hombre orgulloso no quiere nada por encima de él y por eso se llama a sí mismo espíritu fuerte ¡Pobre ser, a quien un soplo de Dios puede abatir!”

El poder de una inteligencia se juzga por sus obras. Ningún ser humano puede crear lo que la naturaleza produce. Por consiguiente, la causa primera es una inteligencia superior a la humanidad. Sean cuales fueren los prodigios realizados por la inteligencia humana, esta inteligencia también tiene una causa y cuanto más grande sea lo que ella realice, tanto más grande será la causa primera. Esa inteligencia superior es la causa primera de todas las cosas, independientemente del nombre con el cual el hombre la designe.


10. El hombre, ¿puede comprender la naturaleza íntima de Dios?


“No; le falta un sentido”.


11. ¿Será algún día dado al hombre comprender el misterio de la Divinidad?


“Cuando su espíritu ya no esté oscurecido por la materia y por su perfección, se haya acercado a la Divinidad, entonces la verá y la comprenderá”.

Debido a la inferioridad de sus facultades, el hombre no puede comprender la naturaleza íntima de Dios. En la infancia de la humanidad, suele confundirlo con la criatura, cuyas imperfecciones le atribuye. Pero a medida que el sentido moral se desarrolla en él, su pensamiento penetra mejor en el fondo de las cosas y se forma una idea de Dios más justa y más conforme a la sana razón, aunque siempre incompleta.


12. Si no podemos comprender la naturaleza íntima de Dios, ¿podemos tener una idea de algunas de sus perfecciones?


“De algunas, sí. El hombre las comprende mejor a medida que se eleva por encima de la materia; las vislumbra con el pensamiento”.


13. Cuando decimos que Dios es eterno, infinito, inmutable, inmaterial, único, todopoderoso, soberanamente justo y bueno, ¿no tenemos una idea completa de sus atributos?


“Desde vuestro punto de vista, sí, porque vosotros creéis abarcarlo todo. Sin embargo, sabed que hay cosas por encima de la inteligencia del más inteligente de los hombres, para las cuales vuestro lenguaje, limitado a vuestras ideas y sensaciones, carece de expresiones. La razón os dice, en efecto, que Dios debe tener esas perfecciones en un grado supremo, pues si le faltara una sola de ellas, o si no la poseyese en un grado infinito, no sería superior a todo y por consiguiente, no sería Dios. Para estar por encima de todas las cosas, Dios no debe sufrir ninguna vicisitud ni tener ninguna de las imperfecciones que la imaginación pueda concebir”.

Dios es eterno. Si hubiese tenido un principio habría salido de la nada, o bien habría sido creado por un ser anterior. Así, de grado en grado, nos remontamos a lo infinito y a la eternidad. Es inmutable. Si estuviese sujeto a cambios, las leyes que rigen el universo no tendrían ninguna estabilidad. Es inmaterial. Esto significa que su naturaleza difiere de todo lo que llamamos materia. De otro modo no sería inmutable, pues estaría sujeto a las transformaciones de la materia. Es único. Si hubiese muchos Dioses no habría unidad de miras ni unidad de poder en el ordenamiento del universo. Es todopoderoso. Porque es único. Si no tuviese el poder soberano, habría algo más poderoso que Él o tan poderoso como Él. No habría hecho todas las cosas y las que no hubiese hecho serían obra de otro Dios. Es soberanamente justo y bueno. La sabiduría providencial de las leyes divinas se revela tanto en las más pequeñas cosas como en las más grandes. Esa sabiduría no da lugar a dudas acerca de su justicia y de su bondad.  


14. Dios, ¿es un ser distinto, o sería –según la opinión de algunos– la resultante de todas las fuerzas e inteligencias del universo reunidas?


“Si fuese así, Dios no existiría, pues sería el efecto y no la causa. Él no puede ser ambas cosas a la vez”. “Dios existe; no podéis dudarlo; eso es lo esencial. Creedme, no vayáis más allá. No os extraviéis en un laberinto del que no podríais salir. Eso no os haría mejores, sino tal vez un poco más orgullosos, porque creeríais saber y en realidad no sabríais nada. Dejad a un lado, pues, todos esos sistemas. Tenéis suficientes cosas que os incumben más directamente, comenzando por vosotros mismos. Estudiad vuestras propias imperfecciones a fin de deshaceros de ellas. Eso os resultará más útil que querer penetrar lo impenetrable”.


15. ¿Qué pensar de la opinión según la cual los cuerpos de la naturaleza, la totalidad de los seres y mundos del universo serían partes de la Divinidad y constituirían, en conjunto, la propia Divinidad? Dicho de otro modo, ¿qué pensar de la doctrina panteísta?


“Como el hombre no puede convertirse en Dios, quiere al menos ser una parte de Él”.


16. Quienes profesan esa doctrina pretenden encontrar en ella la demostración de algunos de los atributos de Dios: como los mundos son infinitos, Dios es por eso mismo infinito; como el vacío o la nada no existe en ninguna parte, Dios está en todas partes; como Dios está en todas partes, puesto que todo es parte integrante de Dios, Él confiere a todos los fenómenos de la naturaleza una razón de ser inteligente. ¿Qué se puede oponer a este razonamiento?


“La razón. Reflexionad con madurez; no os será difícil reconocer el absurdo”.

La doctrina panteísta hace de Dios un ser material que, aunque dotado de una inteligencia suprema, sería en mayor dimensión lo que nosotros somos en pequeño. Ahora bien, dado que la materia se transforma sin cesar, si Dios fuese así no tendría ninguna estabilidad; estaría sujeto a todas las vicisitudes, incluso a todas las necesidades de la humanidad; carecería de uno de los atributos esenciales de la naturaleza divina: la inmutabilidad. Las propiedades de la materia no pueden unirse a la idea de Dios sin rebajarlo en nuestro pensamiento. Todas las sutilezas del sofisma no conseguirán resolver el problema de su naturaleza íntima. No sabemos todo lo que Él es, pero sabemos lo que no puede dejar de ser. Ese sistema está en contradicción con las propiedades más esenciales de Dios, pues confunde al Creador con la criatura, exactamente como si se pretendiera que una máquina ingeniosa fuese parte integrante del mecánico que la ha concebido. La inteligencia de Dios se revela en sus obras como la de un pintor en sus cuadros. No obstante, las obras de Dios no son el propio Dios, así como los cuadros no son el pintor que los ha concebido y ejecutado.


Interesante, ¿verdad?


Durante los próximos meses vamos a publicar todas las preguntas y respuestas del libro en esta sección. Os invitamos a acompañar las publicaciones, siempre con la misión de reflexionar e interiorizar las enseñanzas de los espíritus, además de observar cómo estas informaciones influyen en tu manera de ver y vivir esta vida.








Comentarios

  1. (Allan Karden, explica que los principios) Está mal escrito. Gracias por el artículo, muy bueno.

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