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Uranografía - Parte I

CAPÍTULO VI - URANOGRAFÍA GENERAL (PARTE 1 DE 3)
(Rafael Navarrete)


El espacio y el tiempo

Se han dado muchas definiciones de espacio, a lo largo de la historia, la más difundida es la que dice que el espacio es la extensión que separa a dos cuerpos, pero esa definición es inexacta, pues allá donde no hallan dos cuerpos, no puede existir el espacio, y eso no es correcto, pues sería finito; otras definiciones nos dicen que es el lugar donde se mueven los mundos y planetas o que es el vacío donde se agita la materia. Es evidente que no entendemos lo que es, pues nos es difícil figurar algo ilimitado o establecer su infinitud.

El tiempo, al igual que el espacio, también es una palabra de difícil entendimiento, ya que está ligado a la eternidad, y porque nosotros tenemos la necesidad de comprenderlo a través de nuestro sentido del tiempo, del día y de la noche, pero esto es un error, ya que en la Tierra, el tiempo reemplaza la eternidad por una cantidad determinada de generaciones (aunque nos parezca una enormidad de tiempo), pero la Tierra un día desaparecerá, o nosotros cambiaremos de morada universal, y la manera de mensurar el tiempo cambiará, así pues, hay una manera distinta de medir el tiempo en cada mundo, pero la eternidad sigue su curso y todas las formas de medirlo son efímeros frente al ilimitado que es el tiempo. "El tiempo no es más que una medida relativa de la sucesión de cosas transitorias. La eternidad no es susceptible de ninguna medición, desde el punto de vista de la duración. Para ella no hay comienzo ni fin: todo es presente.

Foto: Marcelo Nogare


La materia

"A primera vista, nada parece más profundamente variado y diferente que las diversas sustancias que componen el mundo (...) Sin embargo, podemos establecer, como principio absoluto que todas las sustancias, conocidas o no, por más distintas entre sí que parezcan, son sólo formas diferentes que representa la misma materia, variedades que adopta bajo la dirección de las innumerables fuerzas que la gobiernan (...) La química descubrió un número considerable de principios hasta hoy desconocidos, los cuales forman, las diversas sustancias y los diferentes cuerpos que ha estudiado y que actúan, simultáneamente, de acuerdo con ciertas leyes y en determinadas proporciones en la Naturaleza. Ha denominado a esos principios cuerpos simples, porque los considera primitivos y no factibles de descomponer (el oxígeno, nitrógeno, carbono, cloro, fósforo, yodo, oro, plata, mercurio, estaño, hierro, sodio, potasio, calcio, etc.)".



La Naturaleza aún continúa, y esos materiales constitutivos del mundo material no son más que la materia cósmica primitiva, simple y diversificada en toda una multiplicidad de operaciones bajo las leyes universales que producen una variedad de combinaciones ilimitadas, tal como es ilimitada las combinaciones para producirse la materia. Así, ya sea una sustancia que pertenezca a los fluidos propiamente dichos, o sea, cuerpos imponderables, o que esté revestida de los caracteres y propiedades ordinarios de la materia, no hay en todo el Universo más que una sola sustancia primitiva: la materia cósmica universal.

Las leyes y las fuerzas

Así como hay una sola sustancia simple y primitiva, generadora de los cuerpos, pero diversificada en sus combinaciones, de igual modo, todas las fuerzas (pesadez, cohesión, afinidad, atracción, magnetismo, electricidad) y todos los movimientos vibratorios (sonido, calor, luz), que rigen el Universo, dependen de una ley universal diversificada en sus efectos, la cual fue imposta en la Creación para constituir armonía y estabilidad. Todas esas fuerzas son eternas y universales, como la Creación misma. Son inherentes al fluido cósmico, actúan en todo y por doquier, preparando, dirigiendo, conservando y destruyendo los mundos en los diversos períodos de vida.

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