domingo, 11 de febrero de 2018

Justicia Divina

¡Buenos días!

Ayer nos hemos reunido algunos de los trabajadores de la cada espírita con el objetivo de compartir experiencias, inquietudes y mejorar los proyectos que CEADS mantiene para todos los asistentes.

Trabajadr@s CEADS
Hicimos una pequeña dinámica, que cada trabajador indicará una palabra que definiera "El trabajo en la casa espírita es...". Una vez la lista preparada, cada trabajador tenía que indicar las 5 más importante para el mismo; y montamos un cuadro de palabras, de la más importante, según los votos individuales.

Nuestras expectativas

Hemos hablado de la importancia que hay del compromiso en la casa espírita, para con uno mismo y para con los demás. Concluimos que el AMOR está en todas las palabras y que nos falta mucho que hacer para que las palabras con menos votos sean tan importantes para nosotros.
Finalizamos la reunión con palabras de motivación de los responsables de áreas de CEADS y las opiniones de los trabajadores sobre el funcionamiento de nuestra querida casa espírita.

A continuación, abrimos las puertas al público para el estudio de la tarde, con el tema Justicia Divina, del Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita. Además de la clase siempre especial de la Educación Espírita Infantil.

Os dejamos el texto estudiado para seguir con nuestra aprendizaje:

JUSTICIA DIVINA

Con el advenimiento de la Doctrina Espírita el concepto de cielo e infierno sufrió gran transformación. Ya no se representan como regiones circunscriptas de beatífica felicidad o de sufrimientos atroces y eternos, respectivamente. «(…) Sin embargo, de existencia en existencia, hoy aprendemos que la vida se expande triunfal, en todos los dominios universales sin fin; que la materia asume diferentes estados de fluidez y condensación; que los mundos se multiplican infinitamente en el cosmos; que cada espíritu permanece en determinado momento evolutivo y que, por eso, el cielo es, en esencia, un estado del alma que varía conforme la visión interior de cada uno. (…)» «(…) El Infierno puede simbolizarse en una vida de pruebas extremadamente dolorosas, sin la certeza de que haya otra mejor. (…)» Por lo tanto, la felicidad o la desdicha después de abandonar el envoltorio corporal es inherente al grado de perfeccionamiento moral de cada Espíritu y, también, a la categoría del mundo que habita. Las penas o sufrimientos que cada uno experimenta son dolores morales y están en relación con los actos practicados. No existe, pues, una recompensa ni un sufrimiento que sean gratuitos, obtenidos sin mérito, sino manifestaciones de la Ley de Causa y Efecto.

«(…) El alma o Espíritu sufre en la vida espiritual las consecuencias de todas las imperfecciones que no consiguió corregir en la vida corporal. Y su estado, feliz o desgraciado, es inherente a su grado de pureza o impureza. (…) La completa felicidad está vinculada con la perfección, es decir, con la purificación completa del Espíritu. Toda imperfección es, a su vez, causa de sufrimiento y de privación de gozo, del mismo modo que toda perfección adquirida es fuente de gozo y atenuante de sufrimientos. (…) No hay imperfección del alma que no acarree funestas e inevitables consecuencias, como no hay ni una sola buena calidad que no sea fuente de gozo. La suma de las penas es, de tal manera, proporcional a la suma de las imperfecciones, como la de los gozos a la suma de las calidades. (…) (…) En virtud de la ley del progreso que da a toda alma la posibilidad de adquirir el bien que le falta, como la de despojarse de lo que tiene de malo, conforme con el esfuerzo y la voluntad propios, resulta que el futuro está abierto a todas las criaturas. Dios no rechaza a ninguno de sus hijos, sino que los recibe en su seno a medida que alcanzan la perfección, dejando a cada cual el mérito de sus obras. (…) (…) El Infierno está en todas partes donde haya almas sufrientes y el cielo, igualmente, donde hubiere almas felices. (…)» 

A cada Espíritu, Dios facilita los medios para mejorar y le ofrece en cada reencarnación un planeamiento coherente, con amor y justicia, donde cada uno tendrá posibilidades de progresar y de expiar las faltas cometidas en existencias anteriores. «(…) La expiación varía según la naturaleza y gravedad de la falta, por lo tanto, la misma falta puede determinar diferentes expiaciones, conforme con las circunstancias, atenuantes o agravantes, en que fue cometida. (…) El arrepentimiento, si bien es el primer paso para la regeneración, no basta por sí solo; son necesarias la expiación y la reparación.

Arrepentimiento, expiación y reparación constituyen, en consecuencia, las tres condiciones necesarias para eliminar las señales de una falta y sus consecuencias. El arrepentimiento suaviza las impresiones amargas de la expiación y abre, con la esperanza, el camino de la rehabilitación; sin embargo, solamente la reparación puede anular su efecto, al destruir la causa. De lo contrario, el perdón sería una gracia, no una anulación. El arrepentimiento puede producirse en cualquier lugar o momento, no obstante, si fuera tardío, el culpable sufre por más tiempo. (…) (…) La reparación consiste en hacer el bien a aquellos a quienes se había hecho mal. Quien no repara sus errores en una existencia, por debilidad o mala voluntad, en una existencia posterior se encontrará en contacto con las mismas personas con las que se hubiera disgustado y en condiciones elegidas voluntariamente, de modo de demostrarles reconocimiento y de hacerles tanto bien como mal les haya causado.» 

Al comprender, de esta manera, el significado de penas y recompensas, debemos esforzarnos para reparar las faltas cometidas en vidas anteriores y aprovechar al máximo la experiencia en la carne, buscando incesantemente el progreso moral. «(…) Toda conquista en la evolución es fruto natural del trabajo, porque todo progreso tiene su precio precio; sin embargo, el problema crucial que el tiempo te impone es una deuda del pasado, que la Ley te presenta para su cobro. Rectifiquemos nuestra ruta, corrigiéndonos. Rescatemos nuestras deudas, ayudando y sirviendo sin distinción. La tarea que posponemos equivale a mayor lucha futura y toda actitud negativa de hoy, en relación con el mal, será como un interés prorrogado en el mal de mañana.»

En conclusión, «pese a la diversidad de clases y grados de sufrimientos de los Espíritus imperfectos, el código penal de la vida futura (elaborado por Allan Kardec tomando como base las enseñanzas de los Espíritus Superiores) puede resumirse en estos tres principios:

1º. - El sufrimiento es inherente a la imperfección

2º. - Toda imperfección, así como toda falta derivada de ella, trae consigo el propio castigo en las consecuencias naturales e inevitables: así, una dolencia castiga los excesos y de la ociosidad nace el tedio, sin que sea necesaria una condena especial para cada falta o individuo.

3º. - Como todo hombre puede liberarse de las imperfecciones por efecto de la voluntad, igualmente puede anular los males consecuentes y asegurar la futura felicidad.

A cada uno según sus obras, tanto en el cielo como en la Tierra: - tal es la Ley de la Justicia Divina.» En materia de premio y castigo, definidos como cielo e infierno, supongámonos frente a un padre amoroso pero justo, que divide su propiedad entre sus hijos, a los que se asocia abnegadamente para que todos ganen prestigio y crezcan, de manera que lleguen a disfrutar la totalidad de sus bienes. El progenitor, compasivo y recto, concede a los hijos, gratuitamente, todos los recursos de la hacienda Divina:

la vestimenta del cuerpo;
la energía vital;
la tierra fecunda;
el aire que nutre;
el monte, como defensa;
el valle, como refugio;
las aguas que circulan;
los embalses naturales;
la sumisión de los diferentes reinos de la naturaleza;
la organización familiar;
los fundamentos del hogar;
la protección de las leyes;
los tesoros de la escuela;
la luz del razonamiento;
las riquezas del sentimiento;
los prodigios del afecto;
los valores de la experiencia;
la posibilidad de servir…

Los hijos reciben todo eso automáticamente, sin que les reclame ningún esfuerzo y el padre sólo les pide que se perfeccionen, cumpliendo con nobleza sus deberes y que se consagren al bien de todos, mediante el trabajo que habrá de valorizar su tiempo y sus vidas. En esa imagen, a pesar de que sea simple, encontramos alguna información de la magnanimidad del Creador para con nosotros, sus criaturas. Así resulta fácil percibir que con tantos favores, concesiones y dádivas, facilidades y ventajas, entremezclados con bendiciones, beneficios suplementarios, auxilios, préstamos y moratorias, el cielo comenzará siempre en nosotros mismos y el infierno tiene el tamaño de la rebeldía de cada uno.

domingo, 4 de febrero de 2018

Yo no soy feliz

¡Buenos días!!

¡Ayer la casa está llena de gente! Con inmensa gratitud que elevamos nuestro pensamiento a la Espiritualidad amiga que nos ampara y que nos da la oportunidad de servir y aprender.

Nuestras monitoras nos han preparado la clase del Estudio Sistematizado del Evangelio según el Espiritismo, con el estudio del Capítulo V - Bienaventurados los afligidos, ítem 20: La felicidad no es de este mundo.

¡Yo no soy feliz! 
¡La felicidad no se ha hecho para mí! exclama generalmente el hombre en todas las posiciones sociales.

Este item del Evangelio según el Espiritismo nos lleva a un análisis profunda de la verdadera felicidad. Cuando paramos para pensar que es la felicidad entendemos todo aquello que nos pueda generar alegría o placer. ¡Que gran engaño!

Nuestra pequeñez filosófica se centra en los bienes que pueda tener, en la alegría de poseer y, nos olvidamos, de la verdadera felicidad; esa plena, pacifica y tranquilizadora.

Cuando Jesús nos dijo que "la felicidad no es de este mundo", no quería decir que la felicidad no es para nosotros que aquí vivimos en el planeta Tierra, pero si que la conoceremos una vez ampliemos nuestra visión hacía la verdadera vida: la espiritual. Todo lo que poseemos aquí es materia que dejaremos aquí. ¿Y que es lo que llevaremos de vuelta a la verdadera morada? Nuestras experiencias, nuestras acciones de mejoría, nuestro amor hacía nosotros y a los quien hemos convivido.

Pero, si la felicidad no es de este mundo material, ¿sería una utopía desearla en nuestra condición de ser encarnado?

Absolutamente no. No es una utopía pero carece el hombre de edad evolutiva para sentir la felicidad en la carne. Sabemos que vivimos en un planeta de Pruebas y Expiaciones, que pasa ahora mismo por una transición evolutiva hacía a un planeta de Regeneración, donde aprenderemos a observar las pequeñeces de la felicidad en las miradas de los seres, en la vida por si mismo, sin importarse tanto con lo que tenemos y si con lo que seremos.



Todavía es necesaria algunas pruebas para que podamos afrontar las consecuencias de algunas malas decisiones del pasado, aún es necesario que experimentemos el dolor en la carne para buscar las soluciones de la cura.

"Nunca de ha amado tanto como en este siglo", ya decía Divaldo Franco. Con la globalización de la información tenemos el conocimiento de todo lo bueno y malo de las actitudes humanas, en varias culturas, en sus diferentes niveles de evolución moral e intelectual.

Como consecuencia de esta globalización, empezamos a repensar nuestro entorno, que es lo que realmente entendemos por felicidad, porque aún hacemos tanto mal y a la vez como existe tantas y tantas personas anónimas haciendo el bien.

Hoy somos pocos los que regocijamos con las malas noticias y muchos que envidian a los que hacen las buenas obras. Que podamos utilizar esa envidia hacía el movimiento de copia, practicando el bien hacía uno mismo y a los demás.

Si, la felicidad aun no es de este mundo, falta que seamos el mundo que deseamos y merezcamos para que podamos ver con los ojos del alma la verdadera felicidad. Mientras tanto, a cada día, al abrir los ojos, practicaremos, recordando de agradecer, a todo lo que somos, experimentando momentos de esa felicidad futura.


Para finalizar, nuestras compañeras, nos han regalado con un poema de Mario Benedetti:


No te rindas

No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
 


No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.
 
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo tambien el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.
 
Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.
 
Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,
 
No te rindas por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada dia es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero.



¡Una feliz semana a tod@s!