jueves, 21 de junio de 2018

Visión Espírita - año 9 - nº 36

¡Extra, extra!

¡Empezamos el veranito con una maravillosa opción de ocio del bien!

Esperamos que disfrutéis de la lectura.

Equipo Visión Espírita Digital, Barcelona.






Convivencia Espírita CEADS 2018


Por Janaina de Oliveira

Dicen que no es difícil reunir personas, que lo difícil es unirlas. Es cierto. Impulsados por diferentes razones, podemos buscar el centro espírita en sus reuniones habituales. Algunos buscamos consuelo, afligidos por los dolores al alma; otros, respuestas, pues estamos llenos de inquietudes sobre la vida y la muerte; todos deseamos paz. Llegamos sedientos, escuchamos las conferencias, participamos en las clases de estudio, entrevemos las posibilidades de progreso que una postura moralmente más elevada podría suponer, a la vez que valoramos nuestra propia forma de vida, como que sopesando cuánto costaría alcanzar la transformación moral de cuya necesidad tomamos conciencia poco a poco. Mientras bebemos de la doctrina, empezamos a convivir con otras personas con quienes la vida ha querido que compartiéramos camino. ¿Casualidad? No. Sintonía, atracción mutua, magnetismo, convergencia.

Tal vez reconozcamos en estas personas la afinidad espiritual de las almas que se aman y se buscan en carne, así como en la espiritualidad. También puede ser que experimentemos la antipatía que señala los encuentros que necesitan rescate, propio de las almas que no supieron amar en el pasado, y reciben una nueva oportunidad en el presente. O simplemente nos encontramos porque nuestra trayectoria pasada, así como las posibilidades que ofrece el centro espírita en el presente, nos hacen coincidir aquí y ahora. ¿Y luego qué?

A este gran encuentro, todos venimos con la mochila completa. En el equipaje, no traemos sólo nuestras buenas intenciones y cualidades. También traemos nuestros miedos, traumas e imperfecciones. Nuestro centro espírita quiere ser un espacio para el aprendizaje del amor y de la Doctrina Espírita. Para ello, no vale sólo con estudiarla Doctrina, aunque esta sí es una parte esencial; no vale sólo con venir al centro, aunque es preciso para recorrer el camino juntos; no vale sólo con trabajar, si no se hace desde la humildad y por amor.

Por todo ello, pensamos que crear espacios de convivencia, como el que hicimos los días 25 a 27 de mayo, son importantes. En las rutinas del centro, no hay mucho tiempo para conversar, conocer al otro, abrirse uno mismo. Dormir y despertar bajo el mismo techo, compartir la mesa de la comida, tener momentos de ocio juntos puede acercar corazones, uniendo los que ya habitualmente nos reunimos en el Centro Espírita. Este fin de semana de mayo, en una casa rural que no podría ser más acogedora y bella, a la vez que sencilla y organizada, disfrutamos de ser familia, con todo lo que ello implica. Nos acogimos unos a otros, al completo, con las mochilas bien cargadas. Nos vimos, nos reconocimos y marchamos renovados por la experiencia de dar y recibir. Nos sentimos unidos por el ideal espírita, aunque ese fin de semana, no estudiamosel Espiritismo.



Ya dejamos Can Vilà reservado para mayo de 2019. 
¡Ojalá seamos muchos más el año que viene!

Hablamos de luto

Por Angélica S. Donabela


La vida en su grandioso movimiento, trae experiencias variadas y un tanto misteriosas. Entre ellas una que, en la mayoría de las veces, no es deseada por nadie: el luto.

Luto, esa experiencia de disgusto, de profunda tristeza en el cual el ser humano vive cuando pasa por la pérdida significativa.
Pérdidas que pueden ser desde la muerte de una persona querida en la convivencia diaria, como también pérdidas con la ruptura de una relación conyugal o de una amistad, de un trabajo o de la jubilación, de un objeto o incluso de la propia edad.

En el luto, se da inicio de un proceso de sufrimiento y desorganización interna, que muchas veces por la falta de recurso, puede llevar a una persona a la depresión.

¿Y qué hacer con este tema generalmente caracterizado por el miedo, llegando hasta ser considerado un tabú por muchos de nosotros?


¿Qué es?

“Ninguna teoría es capaz de explicar el luto” - decía Freud. Es como si fuese igual para todos, pero sólo que diferente.

Podemos, en realidad, tener una idea de lo que pasa. Luto es una experiencia de un gran silencio interior. En la mayoría de las veces él viene lleno de miedo y pesadillas, como si algo rasgase por dentro y fue llenado por el angustiante dolor de la separación.

Los lutos de manera sutil se van instalando en nuestras vidas desde la infancia cuando, por ejemplo, tenemos que lidiar con la rotura de un juguete. O ya más de adultos, perdemos un anillo, un coche, una casa. O cuando sufrimos gran una pérdida económica, o la interrupción de una actividad continua que estaba dando un buen sentido para la vida de un trabajador. Y así, como si fuese un ensayo, la vida de manera directa nos va preparando para lidiar con desafíos mayores y más significativos como, por ejemplo, la muerte de un ser querido.

Perder la convivencia de un padre, de una madre, de un hijo, de un hermano, de la pareja, de un nieto, son los mayores desafíos a ser superados.

Y por más que sepamos que vamos un día, hablar sobre la muerte es un tema difícil – ella nos genera una impotencia cruel. Y en la muerte que no sabemos predecir nuestros sentimientos, predecir nuestro futuro, saber cuándo volver a sonreír.


Fases

Hay teorías que dicen que el luto tiene fases: negación, rabia, negociación, depresión, aceptación y reanudación (o "adaptación").

Todo esto es muy didáctico. Se coloca así para de hecho entender que en el primer año será un poco más costoso, por ser la primera vez que el enlutado pasará por las fechas significativas sin la persona querida.

Las fases del luto existen, pero no es exactamente una detrás de la otra o con un tiempo marcado para terminar. Puede ser que todas ocurran en un mismo día, como también que ni pasemos por todas ellas.

El choque de hecho es la primera fase porque es cuando se recibe la noticia. En el susto, nuestro sistema nervioso central descarga en nuestra corriente sanguínea una serie de substancias para que sepamos “sobrevivir” aquel periodo. Sentimos una especie de entorpecimiento, que es lo que hace que consigamos pasar por el velatorio, por el entierro y las consiguientes situaciones.
El resto es una montaña rusa, un vaivén de sentimientos. Va a tener un día que el enlutado estará revuelto, un día muy triste, en otro un poco mejor.

Sin embargo, es importante saber que el luto no es enfermedad, aunque se manifieste en el cuerpo a veces como molestia, dolor de cabeza, gripe, etc, pues el sistema inmunológico se ve afectado, sí. No es depresión, no es trastorno de estrés postraumático, es luto. Esto es natural, es fisiológico.

El golpe es multidimensional. Coge al ser humano en todas las proporciones: en lo físico, lo emocional, lo social, lo cognitivo, lo intelectual, lo espiritual.

En ese momento, toda su zona de confort desaparece. La persona se queda sin saber a dónde ir, a quien recurrir. Por eso es muy importante buscar alguna red de amparo: amigos, parientes, una terapia, una atención fraterna, una taza de té.


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Recursos

Muchos de nosotros aprendemos, cuando niños, que la muerte es el fin de la vida. Y más tarde, no conseguimos liberarnos de ese equívoco clásico. Por el contrario, el pánico a la muerte ha sido en nosotros intensificado por algunas creencias y por la sociedad que evita tocar en este asunto por creer que entristece a todos. Y entonces tememos hablar sobre una condición que es común a todos nosotros.

El Espiritismo es consolador, pues nos enseña sobre la continuidad de la vida después de la separación terrena. Por medio de su ciencia y filosofía, trae fuertes evidencias de que aquellos que se aman vuelven a encontrarse, sea en el mundo espiritual o en el físico, a través de la comunicación con los desencarnados, o por la reencarnación.

Cuando Kardec pregunta a los Benefactores Espirituales, en la cuestión 149 del Libro de los Espíritus: ¿En qué se convierte el alma en el instante de la muerte? Le responden los Espíritus: "Vuelve a ser Espíritu, es decir, vuelve al mundo de los Espíritus, que dejó momentáneamente".


"Hasta hoy nadie murió" Huberto Rohden.

Por la perspectiva del alma inmortal, hasta hoy nadie murió. Lo que muere, lo se que extingue es el cuerpo físico, nuestro traje. El espíritu propiamente dicho prosigue lleno de vida. Como en un ciclo, mantiene su identidad, dando continuidad a su proceso de aprendizaje y evolución, en una constante relación con otros seres.

A medida que el hombre comprende mejor sus designios de reencarnar en este planeta y entra en contacto con su propósito de evolución individual y colectiva, el miedo a la muerte disminuye.

Tener una comprensión del Proyecto Divino ayuda, nos da una certeza de que todo continúa y de que nada está perdido.

Porque morir es volver al hogar, el hogar del Mundo Espiritual. Y la vida en el plano espiritual es una vida de aprendizaje de trabajo constante. Aquí es una trayectoria breve, de una vida imperdurable, terrena, física.


¿Hay manera correcta de vivir el duelo?

El luto también una función educativa y es preciso vivir este proceso natural.
La pérdida obliga a revisar valores. Pide recogimiento. Como en un postoperatorio, la herida se abre de nuevo si no se cuida.

La experiencia de vivir el duelo es singular, personal e intransferible. Un producto de nuestro clan y de nuestra cultura. Los espíritas también lloran, también se echan de menos, también sienten falta. Y nostalgia es de quien se va y de quien se queda.

La forma, la manera, el camino, el tiempo, no hay homogeneidad en el duelo. No hay acierto o errado. Hay lo que es coherente para cada uno. Y eso no significa que uno sufra menos que otro.

Si entendemos, respetamos y acomodamos en el corazón, que cada uno tiene una dinámica diferente de actuar en estas situaciones, logramos pasar por el luto de una manera menos ardua.

Incluso si hemos perdido el mismo pariente, la empatía consiste en admitir el dolor del otro, y no creer que, porque vivimos la misma situación, sabemos lo que es y cómo el otro debería reaccionar.

El juzgar impide el duelo. El luto en conjunto conecta. Y cuando no hay más arrogancia de lo que es la manera correcta o equivocada, el luto entonces cura.

"Cuando un sentimiento es reprimido, surte efectos. Traer la luz es un paso. Lo próximo es acordar sin lamentación. Un paso desafiante, pero su contrario es peor. Es necesario tener la fuerza de concordar con lo que fue, percibiendo este movimiento como algo que está inserto en algo Mayor y al que aún no comprendemos "(Hellinger, B)



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¿Cómo ayudar?

Muchas veces dejamos de ayudar porque creemos que nada va a quitar el dolor de quien está sufriendo una pérdida tan devastadora. Y la ayuda no va a quitar el dolor, pero puede suavizar sus impactos.

¿Sabe la mejor manera de ayudar a un enlutado? No hay.

Si no sabe cómo ayudar, pregunta. Probablemente el enlutado tampoco sabrá, pero posiblemente se sentirá mucho más respetado si usted pregunta "¿Qué puedo hacer para ayudar?".

O mejor, "¿qué puedo hacer para no molestarte?".

Tal vez se ofrezca para resolver asuntos de orden práctico: ir al supermercado, pagar una cuenta o ayudar con burocracias que involucran el fallecimiento: guardar, dividir o donar las cosas de quien murió. A veces la ayuda puede ser mucho más simple de lo que imaginamos.

En la duda, no haga nada más que ofrecer un hombro amigo y dejar que el enlutado llore a voluntad. Aquel que silencia, que se quedó al lado, no apresuró, no juzgó y simplemente esperó su tiempo, ayuda más.

Y si quiere decir algo, procure tener cuidado con lo que hablar antes de asumir que el enlutado tiene o no algún tipo de creencia post-muerte.

Ore. La oración no puede tener el efecto de cambiar los designios de Dios, pero el alma por la cual se ora siente alivio. Un corazón infeliz se siente aliviado cuando encuentra almas caritativas que se compadecen de sus dolores.


Nostalgia

"La vida es una especie de diálogo existencial, por suerte creativo, entre nuestros deseos y los de ella, pero siempre Soberana. No pregunta ni consulta, sólo actúa. Y navegamos a la deriva de su casualidad", describe el psicólogo español Joan Garriga.

La persona que se fue no puede ser resumida sólo a su muerte. La muerte es sólo un capítulo. Si decidimos leer también los otros capítulos del libro de su vida, da para volver a ser feliz.

Y en el paralelo de esa felicidad puede existir momentos de nostalgia intensa, sí. De nostalgia triste, nostalgia buena. En la falta, a veces escuchar una canción pensando en quien se fue, lo trae a la vida de vuelta en el corazón.

Porque las personas siguen existiendo. Es como si estuvieran invisibles y nosotros aprendiéramos a vivir con su invisibilidad. Y en eso, hay gente que hace arte, escribe poemas, crea películas bellísimas, funda ONGS, ayuda a otras personas. El dolor va siendo reemplazado por el amor que sentimos en una cuestión de cambio de forma de mirar.


¿Y después?

Nunca estamos preparados para perder a quien se ama. Pero como sugiere la doctora en cuidados paliativos, Dra. Ana Claudia Arantes "entrar en contacto con la muerte y la posibilidad de perder a las personas que amamos, puede ser transformador".

Cuando negamos, hacemos la cuenta que una persona murió, que una jubilación llegó o de que estamos envejeciendo, reprimimos un dolor que más tarde se convertirá en un sufrimiento mayor o en una vida paralizada.

Es laborioso y exige coraje para someter la voluntad de lo imprevisible, de las fuerzas caprichosas de la vida que determinan suertes, infortunios, caminos y extravíos.

Honramos lo que nos sucedió, cuando tomamos la vida y seguimos caminando hacia nuestro futuro decididos a hacer algo bueno con nuestra propia historia. Nos alegramos con lo que se nos ha dado y por el precio que nos ha costado.

Nuestra fuerza viene de la integración y de la concordancia de la realidad, así como tal fue. Conquistamos paz por medio del consentimiento, del movimiento de incluir lo que también nos ha dolido y de reverenciar nuestro destino confiando todo a una fuerza Mayor.

Acogemos, sabiendo que la presencia de lo que se ha ido siempre podrá vivir en nosotros, y finalmente la dejamos seguir en paz, para que el pasado pueda ser pasado y para que podamos vivir un poco más ... y entonces más tarde partir también.


Referencias
El Libro de los Espíritus - Allan Kardec
La fuente no necesita preguntar por el camino - Bert Hellinger
La Muerte es un día que vale la pena vivir - Dra. Ana Claudia Quintana Arantes.
La llave de la buena vida - Joan Garriga