domingo, 6 de febrero de 2011

Judas somos todos nosotros


Querida familia CEADS,

Ayer, nuestro pequeñito centro parecía más grande, tan numeroso fue el número de asistentes a la tarde de estudio de evangelio – y esto es que solo hemos podido contar los encarnados...
La tarde empezó con la lectura del texto "DAD A CÉSAR LO QUE ES DE CÉSAR"
Entonces los fariseos, habiéndose retirado, decidieron entre sí sorprenderle en sus palabras. Mandáronle, pues, sus discípulos con los herodianos, para decirle: Señor, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios por la verdad, sin considerar a quien quiera que sea, porque no consideráis a la persona de los hombres; decidnos, pues, vuestro consejo sobre esto: ¿a nosotros es permitido pagar tributo a César, o no pagarlo? Mas Jesús, conociendo su malicia, les dijo: hipócritas ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda que se da para el tributo. Y habiéndoles ellos presentado una moneda, Jesús les dijo: ¿de quién es esta imagen y esta inscripción? De César, le dijeron. Entonces Jesús les respondió. Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Oyéndole hablar de esa manera, admiraron su respuesta, y, dejándolo, se fueron. (San Mateo, cap. XXII, v. de 15 a 22; San Marcos, cap. XII, v. 13 a 17).

Las conclusiones de la discusión del tema, primero en dos grupos por separado y después la puesta en común, son las que os presento a continuación:
  • Con la máxima “Dar a Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios” Jesús nos enseña que somos espíritu y materia, y que debemos cuidar las dos facetas de nuestra existencia.
  • “Dar a Cesar” quiere decir respetar al prójimo, la vida en sociedad, las leyes, etc. Es decir, hacer lo que nos sea posible para que la convivencia em sociedad sea harmónica y justa. El principio del “hacer al prójimo lo que nos gustaría que se nos hiciera” debe ser el objetivo mayor.
  • Cuando hablamos de las cosas de “Cesar”, hablamos de lo que es material, de lo que es transitorio y, por esto mismo, de lo que cambia contantemente. Las leyes sociales han cambiado y son hoy mucho más complejas que lo que eran en la antigüedad. Todo lo que es material es importante para el progreso del hombre, pero no debe ser la única, ni tampoco la más importante meta del hombre, puesto que es transitorio.
  • “Dar a Dios” quiere decir dedicar tiempo y esfuerzo a la reforma intima, a la auto-educación, al cultivo de la afabilidad, la dulzura y el amor al prójimo.
  • Hablar de las cosas de Dios es hablar de lo que seguirá siendo cuando lo transitorio haya pasado, es decir, de la inmortalidad de nuestras almas. Hay que cultivar las calidades del alma, dedicar tiempo y esfuerzo de renovación de actitudes, valores y sentimientos.
  • Las cosas del espíritu y las de la materia están interrelacionadas: de la relación entre una y otra es que se evidencia el progreso. De no ser así, no haría falta encarnar.
  • Algunas veces, nos equivocamos, dejándolos llevar por los logros transitorios de la materia. Otras veces, nos confundimos, mezclando las cosas de Dios con las de Cesar. Por ejemplo, cuando pedimos a Dios que nos de cosas materiales o cuando creemos que con dinero podemos comprar la simpatía de Dios.
Después de la rica discusión, pasamos a la lectura dramática, muy dramática, del capítulo del libro “La Buena Nueva”, psicografiado por Chico Xavier, sobre Judas. Nuestro hermano y compañero Judas, como innumerables veces lo hemos hecho y seguimos haciéndolo, se equivocó al mezclar las cosas de Dios con las cosas de Cesar. Judas amaba al Mesías, pero querría una revolución de este mundo, ansiaba por una victoria cristiana sobre los poderes transitorios del mundo.

Jesús conoce nuestros corazones. Él sabe que mezclamos las cosas del cielo con las cosas de la Tierra. Aun así… Precisamente por esto, vino a la Tierra a enseñarnos a respetar los poderes transitorios del mundo, cultivando los valores inmortales del espíritu. Judas somos todos nosotros. Podemos aprender de su ejemplo. No entreguemos al Meigo Rabí una y otra vez…

Con mis deseos de una semana de luz y armonía, cariños de la hermana menor,

Janaina

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