domingo, 6 de marzo de 2011

Homer Simpson, Macaco y todos nosotros...

Querida familia CEADS,

Ayer en la clase del evangelio, ¡mira qué cosas!, contamos con la participación especial de un invitado inusitado =) Vera invitó a Homer Simpson, esto mismo que habéis leído, Homer Simpson, a hacer parte de la clase.

¿Qué pinta Homer en el Evangelio? Os estaréis preguntando… pues la idea de Vera era leer el mensaje de Lázaro y intentar entender a Homer para después intentar entender a nosotros mismos. Empezamos relacionando todo lo que pensábamos a su respecto. Salieron cosas como: tonto, vago, violento, perezoso, glotón, borracho y aprovechado. En el lado positivo, salió que ama a su familia.

Si leemos la primera parte del texto, llegamos a la conclusión que Homer, una caricatura de cada uno de nosotros (por no decir del hombre americano), está muy dependiente de sus instintos. Se dedica fundamentalmente a la satisfacción de sus placeres: comer, beber y ver la tele. En algún episodio, después de complicarse mucho la vida, experimenta sensaciones y rara vez sentimientos.

LA LEY DE AMOR
El amor resume completamente la doctrina de Jesús, porque es el sentimiento por excelencia y los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso realizado. Inicialmente el hombre sólo tiene instintos; más avanzado y corrompido, sólo tiene sensaciones; más instruido y purificado, tiene sentimientos, y el punto delicado del sentimiento es el amor; no el amor en el sentido vulgar del término, sino ese sol interior que condensa y reúne en su ardiente foco todas las aspiraciones y todas las revelaciones sobrehumanas.
 Muchos aun vivimos como Homer, entregados a las sensaciones, perezosos en los trabajos de edificación espiritual. ¡Hay que ver cómo se burla de su amigo Flanders!

El mensaje del espíritu que se identifica Lázaro es sublime en cada palabra. Nos instruye sobre la necesidad de abandono del egoísmo, sobre el olvido de uno mismo. El amor verdadero y divino es incondicional. Es fácil tener el amor en los lábios, pero este amor del que nos habla Lázaro hace con que pensemos que la felicidad del otro es más importante que la nuestra misma.

La ley de amor substituye la personalidad por la fusión de los seres y aniquila las miserias sociales. ¡Feliz aquél que, elevándose sobre su humanidad, quiere con gran amor a sus hermanos que sufren¡ ¡Feliz aquél que ama, porque no conoce ni la angustia del alma, ni la miseria del cuerpo, sus pies son ligeros y vive como transportado fuera de sí mismo! Cuando Jesús pronunció esta divina palabra –amor–, hizo con ella estremecer a los pueblos, y los mártires, embriagados de esperanza, descendían al circo.
Los mártires de los cuales nos recuerda Lázaro murieron en las arenas del circo romano, como nos cuenta Emmanuel, por las manos de Chico Xavier, en sus novelas Ave Cristo y hace 2.000 años. Mientras que nosotros lamentamos por las cosas del cotidiano, ellos entregaron sus vidas por amor a Jesús. Su ejemplo sirvió para la educación de los los cirtianos, ¡hay que honrar su sacrificio!

El Espiritismo, a su vez, viene a pronunciar la segunda palabra del alfabeto divino; estad atentos, porque esa palabra levanta la piedra de las tumbas vacías y la reencarnación, triunfando sobre la muerte, revela al hombre maravillado su patrimonio intelectual; no es ya a los suplicios que ella le conduce, sino a la conquista de su ser, elevado y transfigurado. La sangre rescató al Espíritu y el Espíritu debe hoy rescatar al hombre de la materia.

Las tumbas están vacías porque no hay nada ahí, más que carne y huesos. Somos espíritus en una experiencia carnal, no lo contrario. La esencia del hombre no podrá estar aprisionada en una tumba. La verdadera libertad es del espíritu y la reencarnación nos muestra en sucesivas oportunidades la misericordia de Dios para con su creación, ensenándonos el camino hacia la perfección.

He dicho que inicialmente el hombre sólo tiene instintos; aquél, pues, en quién dominan los instintos, está más próximo al punto de partida que del objetivo. Para avanzar en dirección al objetivo, es preciso vencer los instintos en provecho de los sentimientos, es decir, perfeccionar éstos sofocando los gérmenes latentes de la materia. Los instintos son la germinación y los embriones del sentimiento; llevan consigo el progreso, como la bellota encierra la encina; y los seres menos avanzados son los que desembarazándose solo poco a poco de su crisálida, permanecen esclavizados a los instintos.

Es fácil amar un espíritu que ya ha alcanzado una cierta envergadura espiritual. Cualquiera puede admirar el árbol y mostrarse agradecido por sus frutos u sombra acogedora. Para amar cómo Jesús quiere que amemos, sin embargo, hemos de aprender a amar la bellota. Hemos de aprender a amar los compañeros de jornada, aún imperfectos y tambaleantes en la senda del progreso. Ahí es donde está el amor incondicional, que reemplaza la personalidad y desembaraza al hombre de sus instintos.

El Espíritu debe ser cultivado como un campo; toda la riqueza futura depende del trabajo presente, y más que bienes terrestres, os traerá a la gloriosa elevación; entonces será cuando comprendiendo la ley de amor que une a todos los seres, encontraréis en ella las suaves alegrías del alma, que son el preludio de las alegrías celestes. (LÁZARO, París, 1862).

Cuando Lázaro llega a la parte final del texto y nos habla de las alegrías celestiales, todos respiramos aliviados, pero no nos olvidemos que antes ha dicho que el espíritu es como un campo. Para que dé frutos, el hombre debe arar la tierra, plantar, respetar el suelo, regar, esperar pacientemente el tiempo de la cosecha, para solo entonces recoger el fruto. La mayoría queremos cobrar por adelantado las alegrías celestiales, pero no hay atajos para la iluminación. La buena noticia es que la semilla del amor todos la tenemos dentro, porque nos hizo el Creador a su imagen y semejanza. Hay que poner manos a la obra para que esta semilla se desarrolle y pueda dar frutos.

Seguramente es más fácil decirlo que vivirlo. Todos tenemos calidades y defectos. Hemos de buscar potencializar lo bueno que hay en nosotros y sofocar lo malo. Hay que hacer hueco en la mente y en el corazón para que nuestras virtudes se multipliquen. ¡Manos a la obra!

Para inspirarnos, vera acabó la clase con una bonita canción de Macaco, que os pongo a continuación.


Hasta aquí la clase del Evagelio. Con mis deseos de una semana de crecimiento y paz en todos los hogares de la familia CEADS, cariños de la hermana menor,

Janaina

3 comentarios:

  1. Jana, ¡fue una clase MUY divertida! Y cómo aprendemos...sin hablar que los jóvenes de la Educación del Espíritu (grupo infantojuvenil) también estuvieran con nosotros...la inter-acción con la clase, la armonía, la musica nos hace exaltar el espíritu y las energías salian por todos nuestos poros...Nada como estudiar el Evangelio en carnaval para enteder el próximo y cómo ayudarlo...no nos olvidemos que el plan espiritual necesita de nuestra ayuda en estos días de "fiesta" carnal...un besito y nos vemos el próximo sábado...

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  2. Ey Dea, es verdad, fue linda. Y cómo lé bien la Senene, ¿verdada? Y hablando de carnaval... el domingo, en mi Evangelio en el Hogar, me salió el texto sobre vivir en el mundo. jesús no espera que nos aislemos del mundo, podemos sí disfrutar, vivir, claro está, sin perder la conección con el Maestro. Es que justo después del Evangelio me iba con unos a amigos al carnaval de Sietges y me lo pasé super bien =) Besitos y hasta el sábado

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  3. Pues como siempre nuestro maestro tiene razón. No debemos isolarnos, más bien contrario, DEBEMOS salir a ver el mundo, aprender con él, viver y ayudar. Aunque ya no me apetece algunas fiestas me gusta salir con los amigos o ir a conciertos de rock o reggae (me encanta reggae!)...y eso sí, siempre conectados con Él. Cada uno a su paso y todos en un solo paso.
    Un besito con mucho cariño.

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