domingo, 3 de julio de 2011

Espíritu de aventura

Querida familia CEADS,

Si hace tiempo que seguís el blog os acordaréis que en julio y agosto del año pasado yo estaba fuera de Barcelona y no os podía enviar la crónica de nuestras reuniones de cada sábado. Este verano pasará igual porque la mayor parte del tiempo estaré en Portugal y estando encarnada no es precisamente fácil ir de Portugal a España a la velocidad del pensamiento. El amor y el cariño sí, estos viajan lejos y van adonde el corazón les dice. Pues mi corazón es como una antena parabólica, conectada a la familia de mi alma que encontré en CEADS.

Si alguien me envía su crónica de las reuniones, yo os la publico, pero de momento voy a ir contando un poco de las experiencias que voy viviendo por el camino, si me lo permitís. Pues esta semana he hecho dos cosas en Lisboa que me han alegrado mucho: primero he visitado al centro Espírita Perdao e Caridade (CEPC - R. Presidente Arriaga, 124, 1200-774 LISBOA - Tel.: +351 21 397 52 19) y segundo, he visitado el Cottolengo del Padre Alegre (Estrada de Ameixoeira, 129, 1750, LISBOA - Tel.: +351 121 757 95 58). Es maravilloso ver como los ideales pueden unir a las personas. En estas dos visitas, yo no conocía a nadie personalmente allí, pero me sentí acogida en ambos sitios.

En el CEPC asistí a la sesión del Evangelio, que abierto al “azar” fue bellamente comentado por un trabajador de la casa. El tema que tocó fue “bienaventurados los afligidos, porque serán consolados”. Una cosa que dijo me quedó marcada, porque no lo había pensado nunca. Mientras el trabajador del CEPC hablaba sobre la misericordia de Dios que nos da tantas oportunidades para reparar nuestras equivocaciones cuantas necesitemos a través de la reencarnación, dijo algo como “No podemos ofender a Dios. Somos demasiado pequeñitos ante el Creador como para ofenderle. Por esto nos da muchas oportunidades para volver a la carne y enderezar lo que no hemos hecho bien.” Yo me quedé perpleja… ¿Cómo no se me había ocurrido esto antes? Es verdad… Pero es más: cada vez que me siento ofendida por un hermano y le guardo rencor, me estoy poniendo en su nivel. El orgullo que cultivamos nos hace vulnerables a sentimientos negativos hacia los demás cuando no actúan con nosotros tal y cómo nos gustaría que hicieran. Hay que mirar al ejemplo de la humanidad, Nuestro Señor, y aprender de Él el amor incondicional, que pide nada a cambio de toda la tolerancia y comprensión hacia los que nos defrauden.


Cuanto a mi visita al Cottolengo de Lisboa, me sentí como si me hubiera colado en una fiesta en el paraíso. La casa es como una casita de muñecas, pequeña si comparada a la de Barcelona, linda, encantadora. La atmosfera es de amor y alegría, marcas registradas de las casas del Cottolengo. Fui recibida con mucho cariño tanto por Madre Irene, las hermanas y las enfermas. Pasé todo el día allí, colaboré en las actividades de la casa y incluso tuve la oportunidad de rezar con las hermanas y las enfermas. Como en Barcelona, las hermanas alternan periodos de trabajo y asistencia a los enfermos con ratos de oración. Para mí fue un privilegio pasar este día soleado en el Cottolengo de Lisboa, pero allí también escuché algo que me pareció digno de recordar durante muchos años y por esto quiero compartirlo con vosotros. A una hermana que trabaja en la casa, una señora mayor que está perdiendo la visión, le comenté medio en broma, “¿En el Cottolengo no hay jubilación?” y ella me respondió con una amplia sonrisa en los labios, “A nosotras nos jubila el Señor”. No sé si a vosotros os parecerá tan impactante esta frase, pero, por Dios, ¿hay forma de entregarse más a la caridad? ¿Hay forma de vivir de forma más coherente con lo que nos enseñó nuestro amado Maestro? Yo creo que no… Cualquiera que conozca la familia Cottolenguina sabe que allí todos trabajan en el límite de sus posibilidades físicas y intelectuales. Y cuando digo TODOS, quiero decir des de la Madre superiora hasta los enfermos. Es una gran obra de amor y trabajo, alegría y esperanza.

Esto es todo de mi primer semanita en Lisboa, Portugal. Ahorita ya estoy en Aveiro, donde ya tengo localizados centros espíritas que deseo visitar para aprender y luego poder compartir.

Cariños de la hermana menor,

Janaina

2 comentarios:

  1. Jana, ¡qué linda! Pues eres un modelo a seguir, enquanto nos preocupamos en conocer los lugares turísticos, los restaurantes, museos o puntos históricos; tu aprovechas el tiempo para conocer otros centros y cuidar de los niños del Cottolengo...¡enhorabuena, amiga! Sé que lo haces por ti misma pero la idea es genial...ahora nos quedamos a espera de más aventuras...un besito.

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  2. No señora, de modelo nada, también he ido a restaurantes, bares, museus y puntos turísticos =) Es que creo que el Cottolengo es el lugar más bonito del mundo y una visita a Lisboa sin pasar por allí no habría estado completa.

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