jueves, 15 de septiembre de 2011

En todo dad gracias a Dios

Querida familia CEADS,

Ayer en nuestra reunión quincenal dedicada al Evangelio, nos dimos cuenta una vez más de cómo somos unos quejicas…El Evangelio nos llamaba la atención para la gratitud por las pequeñas grandes cosas del cotidiano por las que no solemos dar las gracias.
No deben considerarse sólo como acontecimiento felices las cosas de grande importancia; las más pequeñas en apariencia, son, a menudo, las que influyen más en nuestro destino. El hombre olvida fácilmente el bien y se acuerda mejor de lo que le aflige. Si notáramos diariamente los beneficios de que somos objeto, sin haberlos solicitado, nos admiraríamos muchas veces de haber recibido tantos que se han borrado de nuestra memoria, y nos humillaríamos por nuestra ingratitud.

Todas las noches, elevando nuestra alma a Dios, debemos acordarnos de los favores que nos ha concedido durante el día, y darle gracias. Sobre todo en el momento mismo en que experimentamos el efecto de su bondad y de su protección, debemos, por un movimiento espontáneo, manifestarle nuestra gratitud; basta para esto dirigirle el pensamiento mencionando el beneficio, sin que haya necesidad de dejar el trabajo. Los beneficios de Dios no consisten sólo en cosas materiales; es menester darle gracias por las buenas ideas y por las felices inspiraciones que nos ha sugerido.

Mientras que el orgulloso se atribuye por ello un mérito y el incrédulo lo atribuye a la casualidad, el que tiene fe da por ello gracias a Dios y a los buenos espíritus. Para eso las frases largas son inútiles: "Gracias Dios mío, por el buen pensamiento que me habéis inspirado". Esto dice más que muchas palabras. El impulso espontáneo que no: hace atribuir a Dios el bien que recibimos, testigua una costumbre de reconocimiento y humildad, que nos concilia la simpatía de los buenos espíritus.
CAPÍTULO XXVIII, ítem 28.

Solemos pedir mucho, pero ¿cuánto tiempo dedicamos a dar las gracias? En el video que nos ha enviado nuestro compañero Marcelo esta mañana (recordando el mensaje del evangelio de ayer), Divalgo Franco nos enseña:

A dar las gracias por el bien que nos sucede;

Por el mal que no nos sucede;

Por el mal que nos sucede, que nos sirve de oportunidad para nuestra evolución.


Divaldo sabiamente nos enseña que el mal que nos hagan no nos hace daño, pero el mal que nosotros hagamos a los demás, esto sí nos perjudica, porque compromete nuestro camino hacia la evolución, haciéndolo más largo y doloroso.

Dejemos hoy mismo de ser los hijos mimados de Dios, como dice una amiga mía, y empecemos a dar las gracias por todo. “En todo dad gracias a Dios”, nos dijo Pablo.

Cariños de la hermana menor,

Janaina

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