domingo, 4 de marzo de 2012

Las pequeñas grandes obras

Hola familia,

Ayer en nuestro querido centro, nos reunimos una vez más, como cada primer sábado de mes, para el estudio del Evangelio según el Espiritismo. El tema era “el óbolo de la viuda”, pero nuestra monitora, Vera, antes de que entráramos en la lectura del Evangelio, nos separó en dos grupos y pidió que contestáramos a dos preguntas del Libro de los Espíritus.

El primer grupo quedó encargado de contestar a la pregunta, ¿Es posible que los espíritus conduzcan los investigadores en hallazgos científicos importantes?; el segundo grupo se encargó de contestar a esta otra pregunta, ¿Pueden los espíritus conducir los hombres a descubrir tesoros materiales? Al final, en conjunto, tendríamos que relacionar ambos temas con el pasaje del evangelio en que Jesús observa una pobre viuda haciendo una donación en el tempo. Ella daba de lo que le hacía falta, mientras los ricos daban de lo que les sobraba y el Maestro esclarece que la donación de ella es mucho mayor que la de los otros, pese a que fuera materialmente de menor montante. Inicialmente parecían tres temas totalmente desconectados: hallazgos científicos, tesoros ocultos, el valor de la caridad… No digo que haya sido fácil, pero creo que al final sí fuimos capaces de seguir el camino que Vera nos proponía.

Antes de nada, hay que reconocer una cosita. La mayoría de la gente, quiero decir, gente normalilla como yo, preguntaríamos cosas muy poco elevadas a un espíritu si tuviéramos la oportunidad. ¿Qué preguntaríamos? Pues el que tiene miedo a perder su trabajo preguntaría si le echarán o si conseguirá un trabajo mejor; el que duda de la fidelidad de su pareja preguntaría si se le engaña; el que juega habitualmente, preguntaría que número tocará en la lotería… y podríamos hacer una lista interminable de preguntas “poco elevadas” como estas. Igual diréis, qué puritana esta hermanita menor, que estas preguntas son muy relevantes para el que las necesita saber. Sí, evidentemente. Pero su respuesta beneficiaría, en el caso de que se les pudiera contestar a ciencia cierta, a una única persona. En la codificación espírita, Kardec comprobó que era posible comunicar con los espíritus. Pero entendió la trascendencia moral de aquel fenómeno y, en lugar de preguntar cosas que le beneficiarían únicamente a él mismo, interrogó los espíritus sobre el funcionamiento del mundo espiritual y su interrelación con el mundo material. Así, cuando la mayoría de nosotros les hubiera preguntado a los espíritus “Cuál es la fórmula de la vacuna contra el SIDA? o ¿Me podéis decir donde cavar para encontrar un tesoro escondido?, Kardec les preguntó, ¿Es posible que los espíritus influencien a los investigadores en su trabajo? Y ¿Pueden los espíritus indicar la localización de tesoros escondidos a los encarnados?, entre otras cosas.

Procediendo como procedió Kardec, atrajo para cerca suyo espíritus de la más elevada orden moral e intelectual, puesto que no tenía intereses egoístas, sino que le motivaba el más desinteresado deseo de conocer la verdad. De haber procedido como lo hubiéramos hecho muchos de nosotros – y aún lo hacen los que acuden a videntes de toda clase-, habrían acudido espíritus burlones, siempre dispuestos a contestar a las preguntas que se les hace, pero condicionados por su escasa elevación intelectual y moral.

Lo que los espíritus le dijeron a Kardec en relación a la primera pregunta, ¿Es posible que los espíritus influencien a los científicos en su trabajo? Fue que sí, les pueden influenciar. Pero todo hallazgo científico depende invariablemente del esfuerzo, persistencia, dedicación y preparo del investigador encarnado. Ningún espíritu comprometido con el progreso planetario se acerca a ofrecer a hombres perezosos la solución de los problemas de la humanidad. También hay que considerar que elevación moral e intelectual son dos cosas distintas y no pocas veces no caminan juntas. Cuando hablamos de espíritus ignorantes del bien – los “malos” o “demonios”, para legos-, no hablamos necesariamente de espíritus intelectualmente inferiores. Hay muchos espíritus de elevado progreso intelectual trabajando en el campo científico en objetivos moralmente inferiores. Los espíritus elevados moral e intelectualmente trabajan incesantemente en la orientación e inspiración de los científicos encarnados comprometidos con el progreso de la humanidad, pero de su esfuerzo depende que se produzcan los hallazgos de vacunas, tratamientos y descubrimientos de todo tipo.

A la segunda pregunta, ¿pueden los espíritus indicar la localización de tesoros escondidos a los encarnados?, los espíritus le dijeron a Kardec que los elevados jamás se ocupan de esto, mientras que los burlones siempre acuden reírse de los que les hacen esta clase de preguntas. Hay que considerar que no por desencarnado un espíritu alcanza la omnisciencia. Si era ignorante en vida, sigue ignorante en la existencia que le espera después de la muerte física. A los dos lados de la vida, lo único que puede ofrecer al espíritu encarando o desencarnado la superación de su ignorancia es el esfuerzo, la dedicación y la persistencia tanto en el campo moral como en el campo intelectual.

Ahora os estaréis preguntando, ¿qué tiene que ver todo esto con el óbolo de la viuda? A esto iba yo ahorita mismo. Hay mucha gente que dice que hará la caridad cuando les toque el gordo, que desean ganar en la lotería para ayudar a los pobres. Otros que les gustaría ayudar a la humanidad con un gran hallazgo científico, algo que mitigara el dolor físico de millares, pero no son capaces de ser amables en su propia casa, ni con el prójimo más prójimo. Nos enseña Jesús, y nos vuelve a recordar la doctrina espírita, que en lo poco que se dé, con humildad y amor, está la verdadera caridad. ¿Cómo qué?

• Paciencia en el cotidiano con la pareja, evitando discusiones inútiles;
• Tolerancia en el ambiente de trabajo, con el compañero que piensa diferente;
• Cortesía y amabilidad con un desconocido;
• Un gesto de cariño con alguien que no lo espera;
• Una palabra de consuelo a una persona angustiada;
• Una respuesta calmada a una pregunta agresiva;
• Buscar comprender los motivos de los demás antes de criticarles;
• Etc, etc, etc…

Este es el óbolo del pobre. No hay que esperar que nos toque la lotería para empezar a hacer la caridad. Es hora de vivir nuestra inmortalidad plenamente, aquí y ahora. Trabajar cotidianamente para la educación de los sentimientos, pensamientos y actitudes es compromiso de todo espíritu – y el que se dice espírita y no lo hace, se equivoca rotundamente. Tengamos claro que sin esfuerzo, ningún progreso es posible. Solo la práctica continuada de la caridad puede llevarnos a vivir en armonía con las enseñanzas de nuestro Maestro Mayor y las leyes divinas.

Vamos, que después de esta clase que nadie diga que no tiene tiempo o dinero para hacer la caridad… Se nos acabaron las escusas, amigos, es hora de remangar y ponernos manos a la obra. Nos espera un mundo lleno de enemigos que perdonar, amigos que amparar, desconocidos que amar. Nos invita Jesús, nos invita la doctrina, para nuestro propio bien, a hacer lo que es debido. Este trabajo, lo podemos posponer cuanto queramos, pero cada uno responderá en el tribunal de su propia conciencia del mal que hizo a causa del bien que dejó de hacer.

Pido a nuestro Amado Maestro que nos inspire a todos, para que durante la semana, podamos reflexionar y poner lo aprendido en la práctica. Con fe en Dios y el corazón lleno de esperanza, lo haremos.

Cariños de la hermana menor

PS. ¿Qué os parece si en los comentarios proponemos pequeñas obras de caridad asequibles a todos?

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