viernes, 27 de julio de 2012

El arrepentimiento y el perdón

Hola a tod@s,
Mañana en CEADS hacemos el Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita (ESDE). Será la última clase del año antes de vacaciones...pero ¡no dejaremos de estudiar!!
En agosto, CEADS estará abierto todos los sábados, de guardia con la Espiritualidad amiga,  haciendo el Evangelio en el Centro y el tercer sábado tenemos conferencia. No habrá textos de estudio para agosto pero os prometo resúmenes para los que nos siguen en el blog.
Os dejo el texto para la clase de mañana. No estaré para hacer el resumen del domingo pues vamos a la Asociación de Estudios Espiritas de Igualada... a los que puedan acudir os deseo una tarde de Sábado llena de luz.
de la hermanita, Andrea



«(…) Muy frecuentemente consideramos al perdón como un simple acto de virtud y generosidad para auxiliar al ofensor, que de tal manera pasaría a contar con la absoluta magnanimidad de la víctima (…).
«No obstante, es de suma importancia que comprendamos que cuando conseguimos disculpar el error o la provocación que alguien nos dirige, liberamos al mal de todo compromiso para con nosotros, al mismo tiempo que nos desprendemos de todo lazo capaz de ligarnos a él. (…)» 
El disgusto, cuando reiterado, es una enfermedad del Espíritu, que corroe las fuerzas físicas y envenena el alma. Para mantener la paz interior es necesario, ante cualquier ofensa, perdonar siempre.
Evidentemente no nos referimos al perdón que proviene tan sólo de los labios, de la simple expresión de una fórmula social. El acto de perdonar debe ser un acto cargado de sentimiento; debe ser puro, como que proviene del corazón. Por sobre todo es una forma de alcanzar la reconciliación. Es necesario perdonar incesantemente, por eso Jesús dijo a Pedro (Mateo, 18:15, 21, 22) que no debería perdonar solamente siete veces, sino setenta veces siete.
«(…) Sin embargo, hay dos maneras muy diferentes de perdonar: una es grande, noble, verdaderamente generosa, sin segunda intención, que con delicadeza evita herir el amor propio y la susceptibilidad del adversario, aún cuando este último no pueda tener justificativo alguno; la segunda es aquella según la que el ofendido, o aquel que así se considera, impone al otro condiciones humillantes y le hace sentir el peso de un perdón que irrita, en vez de calmar; si tiende su mano al ofensor no lo hace con benevolencia, sino con ostentación, a fin de poder decir a todos: ¡Mirad qué generoso soy! En esas circunstancias es imposible llegar a una reconciliación sincera de las partes. No, ahí no hay generosidad sino solamente una forma de satisfacer el orgullo. (…)»

En la convivencia familiar somos constantemente incitados a perdonar, debido a que estamos ante antiguos adversarios de otras experiencias reencarnatorias, que se presentan
hoy bajo el aspecto de cónyuges, hijos o familiares cercanos. «(…) Necesitamos mucho más del perdón dentro de casa, que en el medio donde se desenvuelve la lucha social, y mucho más apoyo recíproco en el ambiente en el que somos convocados a servir, que en las ruidosas avenidas del mundo.


Como un medio de auxilio a nosotros mismos, necesitamos cultivar la comprensión y el apoyo constructivo , para amparar sistemáticamente a familiares y vecinos, jefes y subalternos , a clientes y socios; respetar constantemente la vida privada de los amigos íntimos; tolerar a los seres amados, aportando paciencia y olvido ante cualquier ofensa que asalte a los corazones. (…)»

Si obramos de esta manera estaremos en condiciones de entender el perdón de Dios para con todos nosotros. «(…) Él perdona concediendo al deudor o culpable un plazo ilimitado, y le proporciona los medios y las posibilidades de rescatar su débito.
Entonces, ¿qué más puede desear un deudor honesto y probo? ¿Sería, acaso, preferible que Dios dispensase a los deudores del pago de sus deudas? Seguro que no, por dos motivos apreciables.
Primero, porque esmucho más digno y noble para el deudor pagar su débito que eximirse
de esa obligación por complacencia, misericordia o compasión del acreedor. (…)
Otra razón no menos digna de ser tenida en cuenta es la siguiente: en la lucha emprendida
para reparar la falta cometida, el Espíritu desarrolla sus poderes de manera que, al fin de la contienda, se siente con sus facultades aumentadas y, nos es raro, que también desdobladas en nuevas capacidades. (…)»
Dios está siempre dispuesto a perdonarnos y «(…) su manera de perdonar consiste en conceder un largo plazo y, al mismo tiempo, proporcionar al deudor todas las posibilidades y medios para pagar. (…)»
A pesar de esto debemos comprender que el perdón no es una gracia concedida por Dios. Existe la necesidad de una actitud sincera y efectiva de arrepentimiento, además del consecuente pedido de perdón.

El arrepentimiento es el reconocimiento verdadero, por parte del infractor, del mal o error cometido. Es la confesión íntima e insoslayable de la violación a las leyes morales, que se revela no sólo en el descontento por el acto cometido sino también en el empeño por repararlo y no volver a reincidir en él.
«El arrepentimiento siempre llega a manifestarse a la conciencia que está en deuda con la vida.»
«Al principio aparece como una reminiscencia de la falta cometida, de la que se suponía que ya no existía ningún rastro; posteriormente, se establece el recuerdo del momento desafortunado; más tarde, la idea rediviva dominante y por fin la obsesión del remordimiento, avasalladora.»

«(…) Si bien el arrepentimiento es el primer paso para la regeneración, no basta por sí solo; son necesarias la expiación y la reparación.
Arrepentimiento, expiación y reparación constituyen, en consecuencia, las tres condiciones necesarias para hacer desaparecer las señales de una falta e sus consecuencias. El arrepentimiento atenúa las impresiones amargas de la expiación y abre, con la esperanza, el camino de la rehabilitación; sin embargo, solamente la reparación puede anular su efecto, al destruir la causa. De lo contrario el perdón sería una gracia, no una anulación.
El arrepentimiento puede producirse en cualquier lugar o momento; no obstante, si fuera tardío, el culpable sufre por más tiempo. (…)
Los Espíritus responden a Kardec (en la pregunta 991 de «El Libro de los Espíritus» ) que el efecto del arrepentimiento es que el arrepentido desee una nueva encarnación para purificarse.
El Espíritu comprende cuales son las imperfecciones que lo privan de ser feliz y por eso aspira a una nueva existencia, en la que pueda expiar sus faltas.» 
La concesión renovadora, al infractor, como expresión del perdón divino, solamente se hace efectiva mediante la aceptación del programa «kármico» por parte del perdonado.
«(…) La expiación se cumple durante la existencia corporal, mediante las pruebas a las que el Espíritu se halla sometido y, en la vida espiritual, por los sufrimientos morales, inherentes al estado de inferioridad del Espíritu.» 

Luego de la expiación de los errores del pasado sigue, finalmente, el rescate. «La reparación consiste en hacer el bien a aquellos que se había hecho mal. Quien no repara sus errores en una existencia, por debilidad o mala voluntad, en una experiencia posterior se encontrará en contacto con las mismas personas con las que se hubiera disgustado y en condiciones elegidas voluntariamente, de modo de demostrarles su reconocimiento y de hacerles tanto bien como mal les haya hecho (…) practicando el bien como compensación por el mal practicado, es decir, siendo humilde si se ha sido orgulloso, amable si se ha sido severo, caritativo si se ha sido egoísta, indulgente si se ha sido perverso, laborioso si se ha sido perezoso, útil si se ha sido inútil, frugal si se ha sido intemperante, en suma, cambiando por buenos los malos ejemplos cometidos. Y de ese modo progresa el espíritu, valiéndose de su propio pasado.»





jueves, 26 de julio de 2012

Un problema de salud pública


"...A cada 40 segundos una persona se suicida en el mundo... En España, se suicidan más de tres mil personas al año"

¿Crees que tenemos un problema de salud pública?



Para todos -  La 2 - El suicidio


lunes, 23 de julio de 2012

Pablo de Tarso, el impulsor del Cristianismo


Hola bloguer@s d´alma,

El pasado Sábado en nuestro querido CEADS tuvimos un invitado muy especial: ¡Pablo de Tarso!
Sí, es verdad. Rafael nos ofreció una conferencia llena de historia, emoción y desafíos.
Historia porque pasamos por todos los pasos del primer impulsador del Cristianismo, emoción puesto que su historia y su vida es un verdadero ejemplo de resignación, cambios, desapegos; y desafíos ya que TODOS podemos ser un poco Pablo cada día: en nuestros actos delante las vicisitudes de la vida, amando al prójimo más próximo, enseñando que el amor es la única salida para los dolores y que la palabra del Psicólogo de almas, Jesús, es el orden del día para el planeta.
Os dejo un pequeño resumen de la conferencia de Rafa y de la historia de Pablo de Tarso. 

Un abrazo fraterno,

Andrea Campos



En 35 D.C., Saulo de Tarso, era um fariseo (judio de clase priveligiada y que estudiaba las leyes de la Torah) nacido en la ciudad de Tarso. De profesión era tejedor y como ciudadano romano fue preparado desde pequeño para ser doctor de la ley. Y así fue, sustitui a Gamaliel en el Sinedrín e impieza la persecucción a los discipulos de Jesús. Tambíen tiene como prometida a Abigail, una judia acogida por una familia muy rica después que su padre perderá todo y su hermano se tornará esclavo.
Era una persona de convicciones muy fuertes en lo que creia y de una oratoria perfecta, uniendo el poder que el Sinedrín le ortogaba inicia las persecciones más crueles a los que creian en la nueva doctrina de amor enseñada por Jesús.
En este época llega a la ciudad Esteban, esclavo de un centurión llamado Julio que le concede la liberdad después de haberle salvado la vida de la peste a través de cuidados y palabras de amor. Esteban había escuchado sobre la casa del camino, casa fundada por los discipulos de Jesús situada en el camino de Jope a Jerusalén y que albergaba a los pobres, mendigos y necesitados. Allí encuentra las palabras de amor del Maestro y se convierte en uno de sus discipulos más fervorosos. Tenia una oratoria y ejemplo moral que llamaba la atención de las personas, y también llamó la atención de Saulo.
De esta manera, Saulo arresta a Esteban y le condena a muerte por apedreamiento. Lo que Saulo no contaba es que el medio de la pena de muerte, su prometida Abigail reconoce a Esteban como su hermano que fue esclavizado en el pasado. Saulo sin saber que hacer concede a su novia unos minutos con Esteban para que puedan despedirse. Esteban muere pediendo a Abigail que perdone a Saulo pues no sabia que hacia y que siguiera las palabras del Mesias esperado por los judios. Abigail ya no pude más vivir con Saulo y se va de la ciudad con su amigo Ananías, también seguidor de Jesús.
Pasado unos meses Saulo añora a su amada y va a su encuentro para intentar anudar su compromiso pero llegando a la ciudad donde estaba descubre que Abigail había muerte de tristeza. Furioso y muy disgustado quiere encontrar a Ananías y vengarse. 
Descubri que Ananías está en la ciudad de Damasco y va a su encuentro llevando a dos esclavos.
En las puertas de Damasco es recibido por una luz que le ciega completamente y un voz que le dice: "- ¿Por qué me persigues?. Esta luz y voz era Jesús. Los esclavos le cogen del suelo sin entender con quién hablaba Saulo y le lleban a una pensión para que pueda recuperarse de la ceguera. Pasado unos días, sólo y sin ver, recibe la visita de Ananías que le cura la ceguera a través de la imposición de manos y una oración al Padre Mayor.
Saulo entiende que era verdad la venida del Mesias y empieza su perigrinaje para llevar las palabras de Jesús por el mundo entonces conocido.
En estos viajes llevó la palabra del Maestro de amor y fraternidad por toda la Asia Menor y parte de Europa. Sufrió persecuciones, arrestos y muchas penas por llevar "falsas" palabras, pero dejó muchos seguidores del Cristianismo.
En medio de estos viajes cambia su nombre Pablo de Tarso, como un hombre nuevo, de una fe nueva y sentimiento nobles para con todos los seres.
Fueran más de 30 años de trabajo, cartas de consuelos a los pueblos (las famosas Epístolas), casas cristianas fundadas en todas las ciudades que pasaba, amigos, perseguidores y mucha fe.

Ya anciano es condenado por Nero a la muerte por decapitación.
Una vez desprendido de los lazos carnales, Pablo es recibido en la espiritualidad por Abigail, Esteban y por el Maestro Planetario que le llama a seguir trabajando a su lado por la evolución del Planeta Tierra.
Todos podemos aprender de Pablo y de los muchos "pablos" que llevan la palabra de consuelo, amor, fraternidad y paz. Las palabras de Esteban a Pablo deben ser seguidas por todos nosotros:
¡Ama! ¡Trabaja! ¡Espera! ¡Perdona!

martes, 17 de julio de 2012

Carmen Tejedor: "Por oír hablar de suicidio nadie se quita la vida"


Carmen Tejedor, psiquiatra del hospital Sant Pau de Barcelona, defiende que hay que dar visibilidad a este problema para poder erradicarlo.

Salud | 19/04/2012 - 00:02h

lunes, 16 de julio de 2012

Libre albedrío, fatalidad y responsabilidad

El pasado sábado en CEADS, Alfredo y Patricia, nos brindarán con una clase llena de mucha luz sobre el libre albedrío, fatalidad y responsabilidad.

Para empezar nos entregaran algunas preguntas de libro tercero, capítulo X de El Libro de los Espíritus, para la lectura en grupo:


Libre albedrío
843. ¿Tiene el hombre el libre albedrío de sus actos?
- Puesto que posee libertad de pensar, dispone asimismo de la libertad de actuar. A no ser por el libre arbitrio, el hombre sería una máquina.
844. Desde su nacimiento ¿goza de libre arbitrio el hombre?
- Goza de la libertad de obrar tan pronto como tiene la voluntad de hacer. En los primeros períodos de la vida su libertad es casi nula. Se desarrolla más tarde, y cambia de objeto, junto con las facultades. Puesto que el niño tiene pensamientos acordes con las necesidades propias de su edad, aplica su libre albedrío a las cosas de que necesita.
845. Las predisposiciones instintivas que el hombre trae al nacer ¿no son un obstáculo para el ejercicio del libre albedrío?
- Esas predisposiciones instintivas son las del Espíritu antes de su encarnación. Según sea él más o menos evolucionado, pueden inducirlo a cometer actos reprensibles, y en esto será secundado por los Espíritus que simpatizan con tales predisposiciones; pero no hay fuerza que sea irresistible cuando se tiene voluntad de resistir. Recordad que querer es poder.
846. El organismo ¿no influye sobre los actos de la vida? Y si posee una influencia ¿se ejerce ésta a expensas del libre arbitrio?
- Ciertamente que el Espíritu es influido por la materia. Ésta puede obstarlo en sus manifestaciones. He aquí por qué, en aquellos mundos donde los cuerpos son menos materiales que en la Tierra, las facultades se desarrollan con mayor libertad: pero el instrumento no da la facultad. Por lo demás, aquí hay que distinguir las facultades morales de las del intelecto. Si un hombre tiene instintos criminales, con seguridad que es su propio Espíritu el que los posee y el que se los da, pero no sus órganos. Aquel que aniquile su pensamiento, ocupándose sólo de la materia, llega a ser semejante a un animal, y peor todavía, porque no piensa ya en precaverse contra el mal, y en esto precisamente falla, puesto que obra así por su voluntad. (Ver párrafos 367 y siguientes: “Influencia del organismo”).
847. La alteración de las facultades ¿quita al hombre su libre arbitrio?
- Aquel cuya inteligencia se halle perturbada por cualquier causa deja de ser dueño de su pensamiento y, desde entonces, no para el Espíritu que, en una existencia anterior, puede que haya sido vano y orgulloso y haber hecho un uso inadecuado de sus facultades. Podrá reencarnar en el cuerpo de un idiota, así como el déspota en el de un esclavo y el mal rico en el de un mendigo. Pero el Espíritu sufre con ese constreñimiento, del que tiene perfecta conciencia. Allí es donde se ejerce la acción de la materia.
848. La alteración de las facultades mentales por causa de la embriaguez ¿excusa los actos censurables que el hombre en tal estado cometa?
- No, por cuanto el ebrio se ha privado voluntariamente de su razón a fin de satisfacer brutales pasiones. En vez de una falta, está cometiendo dos.
849. ¿Cuál es, en el hombre en estado salvaje, la facultad dominante: el instinto o el libre albedrío?
- El instinto, lo que no le impide que obre con entera libertad en cuanto a ciertas cosas. Pero, igual que el niño, aplica esa libertad a sus necesidades, y ella se va desarrollando con la inteligencia. Por tanto tú, que eres más esclarecido que un salvaje, eres también más responsable que él por lo que haces.
850. La posición social ¿no es en ocasiones una valla para la entera libertad de acción?
- A no dudarlo, la sociedad humana tiene sus exigencias. Pero Dios es justo. Toma en cuenta todo, mas os deja la responsabilidad de los pocos esfuerzos que realizáis para superar obstáculos.


A continuación nos dividimos en dos grupos para facilitar la discusión y respuesta a la preguntas que nos plantearan los monitores. Yo intentaré responderlas de la manera más fidedigna posible.

Definir libre albedrío y fatalidad
El libre albedrío es la capacidad que tenemos de elegir nuestras actitudes según nuestra voluntad. Ya la fatalidad es un suceso adverso, posiblemente vinculado a errores del pasado realizados en vidas anteriores. También puede ser consecuencia de una mala decisión del libre albedrío.

El libre albedrío, facultad concedida por Dios al hombre, ¿puede sufrir alteraciones?. En otras palabras, el libre albedrío, es decir, la capacidad de decidir, de elegir ¿puede aumentar, disminuir o es estacionaria?
Pues sí que puede sufrir alteraciones. Se miramos del punto de vista de la pluralidad de vidas sucesivas dependerá del grado de evolución del Espíritu. Mirando el punto de vista de la vida actual dependerá de la fase de desarrollo como la edad o según el desarrollo mental o físico pues limitará algunas decisiones que posiblemente podrían ser tomadas pero que el Espíritu se ve limitado. Puede disminuir por motivo de una prueba o expiación, puede ser estacionaria cuando no se sabe o se educa para su desarrollo y aumentada posiblemente con su evolución moral a lo largo de sus experiencias y sucesivas reencarnaciones.

¿Cuál es la relación que existe entre libre albedrío y responsabilidad?
La responsabilidad depende principalmente del nivel de conciencia y de la intención en hacer cierta acción. Jonathan nos brindo con una explicación sobre ser responsable y sentirse responsable. Uno es responsable y recibirá su punición, el otro es la conciencia que uno tiene respecto al mal que hizo.
Partiendo que la verdadera responsabilidad es la del que se siente responsable y busca mejorarse, su libre albedrío se desarrollará más al positivo mientras que el que simplemente es punido seguirá tomando "malas" decisiones. Existe una relación relativa y directa del libre albedrío y responsabilidad pues uno es la causa y el otro la consecuencia. 

Pueden ser alterados los rumbos de nuestras existencias, aliviando o agravando nuestros dolores? Justifique la respuesta.
Sí. Cuando tomamos buenas decisiones según las Leyes Universales de Dios podemos alterar nuestro futuro y borrar los errores del pasado. Las actitudes y la resignación delante las pruebas nos hacen más fuertes y de lo contrario nos puede derrumbar y agravar más nuestro estado mental y nuestra evolución. ¡¡Usar el libre albedrío para el bien con el bien nos llevará más cerca del Creador y, consecuentemente, cerca de la felicidad!!

Con mucho amor,

Andrea Campos

jueves, 12 de julio de 2012

Acción y reacción

Hola a tod@s,

Este sábado en CEADS hay clase de ESDE (Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita) con los monitores Alfredo y Patricia.
El tema a tratar será la Justicia Divina - El principio de acción y reacción del Programa II - Guía 12.
Os dejo el texto para lectura y estudio para que os prepareis para la clase...

Un abrazo fraterno,

Andrea Campos


EL PRINCIPIO DE ACCIÓN Y REACCIÓN

La libertad es la condición necesaria del alma humana, que sin ella no podría construir su destino. (…)»
A pesar de que, a primera vista, la libertad del hombre pareciera muy restringida por las propias limitaciones de las condiciones físicas, sociales o por los intereses de cada uno, en realidad, siempre podemos eludir tales obstáculos y actuar de la manera que nos parezca acertada.
«(…) La libertad y la responsabilidad son correlativas en el ser y aumentan con su elevación, siendo la responsabilidad la que confiere al hombre dignidad y moralidad. Sin ella no sería más que un autómata, un juguete de las fuerzas ambientes. (…)»
Cuando resolvemos hacer o dejar de hacer alguna cosa, nuestra conciencia siempre nos alerta al respecto, aprobándonos o censurándonos. A pesar de que la voz íntima nos alerte, siempre hacemos lo que fue decidido por nuestra voluntad o libre albedrío. Nada nos coacciona en los momentos de tomar las decisiones personales, de ahí que sea correcto afirmar que somos responsables de nuestros actos.  
Somos los constructores de nuestro destino.


El libre albedrío es definido, pues, como «la facultad que tiene el individuo de determinar su propia conducta, o en otras palabras, la posibilidad que tiene de elegir, entre dos o más razones suficientes para querer o actuar, una de ellas y hacerla prevalecer sobre las demás. (…)»
Aceptar la vida como si estuviera guiada por un determinismo donde todos los acontecimientos están fatalmente preestablecidos es razonar de una manera muy ingenua, si no simplista; porque, si así fuera, el hombre no sería un ser pensante, batallador, capaz de tomar resoluciones y de interferir en el progreso, sería solamente como un robot, irresponsable, a merced de los acontecimientos.
«(…) La fatalidad existe únicamente por la elección que el Espíritu hizo, al reencarnar, de sufrir esta o aquella prueba. (…)»
«(…) El libre albedrío, la libre voluntad del Espíritu se ejerce principalmente a la hora de las reencarnaciones. Cuando escoge determinada familia, cierto medio social, sabe de antemano cuáles son las pruebas que lo aguardan, pero, igualmente, comprende lo necesarias que son estas pruebas para desarrollar sus cualidades, curar sus defectos, despojarse de sus prejuicios y vicios. Estas pruebas también pueden ser consecuencia de un pasado nefasto, que es preciso reparar, y las acepta con resignación y confianza. (…)

En el futuro se le presenta entonces, no en sus pormenores, sino en sus líneas más salientes, en la medida en que dicho futuro es la resultante de actos anteriores. Estos actos representan la porción de fatalidad o de «predestinación» que ciertos hombres son llevados a advertir en todas las vidas. (…)
«En realidad nada es fatal y, cualquiera sea el peso de las responsabilidades en que se haya incurrido, siempre se puede atenuar, modificar la suerte, con obras de abnegación, bondad, caridad, con un prolongado sacrificio al deber. (…)»
Los acontecimientos que pueden observarse a diario, dentro de la categoría de dolores que desorganizan el modo de vida, antes tan feliz; o bajo la forma de tragedias que provocan crisis de angustia y desesperación; la enfermedad que llega sin previo aviso, abatiendo el ánimo y el coraje; las decepciones con amigos o las esperanzas frustradas, la pobrezamaterial, retratada en la desnutrición, la orfandad, los asaltos, tantas cosas que se traducen en aflicciones e infortunios, podrán conducir al hombre, que desconoce las verdades espirituales, a la locura o al suicidio. Por esto, la Doctrina Espírita viene a poner en claro que «las vicisitudes de la vida son de dos especies, o si se prefiere, provienen de dos fuentes bien distintas que importa distinguir. Unas tienen su origen en la vida presente; otras lo tienen fuera de esta vida.
«Al remontarse al origen de los males terrestres se reconocerá que muchos son consecuencia lógica del carácter y del proceder de quienes los padecen.
¡Cuántos hombres caen por su propia culpa! ¡Cuántos son víctimas de su imprevisión, de su orgullo y de su ambición!
¡Cuántos se arruinan por falta de orden, de perseverancia, por proceder mal o por no haber sabido limitar sus deseos!
¡Cuántas molestias y enfermedades provienen de la intemperancia y de los excesos de toda clase!
¡Cuántos padres son infelices a causa de sus hijos, por no haber combatido desde el principio sus malas tendencias! (…)
Entonces, ¿a quién habrá de responsabilizar el hombre por todas esas aflicciones, sino a sí mismo? El hombre, pues, en gran número de casos es el causante de sus propios infortunios. (…)»
Sin embargo, sabemos que existen males que ocurren sin que el hombre tenga culpa directa. Son dolores que se originan en actos practicados en otras existencias. «(…) Como por ejemplo, la pérdida de los seres queridos y la de quienes son el sostén de la familia.
También los accidentes que ninguna previsión hubiera podido impedir; los reveses de fortuna, que frustran todas las precauciones aconsejadas por la prudencia; los flagelos naturales, las enfermedades de nacimiento, sobre todo las que quitan a tantos infelices los medios de ganarse la vida por el trabajo personal: como las deformidades, la idiotez, el cretinismo, etc.

Quienes nacen en esas condiciones, seguramente no han hecho nada en la existencia actual para merecer, sin compensación, tan triste suerte que no podían evitar (…).»
No queda la menor duda de que lo que hoy somos es el producto de las experiencias vividas en el pasado. No hay sufrimiento sin una causa y la ley de causa y efecto o de acción y reacción rige nuestro destino porque, si bien somos libres en la siembra, seremos esclavos de la cosecha.
Dios nos, concede por el libre albedrío, la responsabilidad de practicar el bien o el mal, no obstante, a partir del momento en que decidimos qué hacer, esta acción genera una reacción característica que vendrá, más tarde, bajo la forma de cosecha.
«(…) Así se explican, por la pluralidad de las existencias y por el destino de la Tierra comomundo expiatorio, las anomalías que presenta la distribución de la dicha y la desventura entre los buenos y los malos, en este planeta. (…)»

domingo, 8 de julio de 2012

Amar sin pensar

Ayer en CEADS fue día de escuchar las palabras del Maestro a través de su Evangelio. Desde hace unos meses nos dedicamos a estudiar el Capitulo XIII - Que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha y este sábado nos tocaba el ítem 17 sobre la Piedad
Para empezar hicimos un pequeño resumen de los items anteriores puesto que estudiar este capítulo es aprender el verdadero destino de la humanidad: caridad, amor y fraternidad.
Después leemos entre todos el texto de El Evangelio según el Espiritismo que os hemos dejado para lectura antes de la clase. Antes de nada es necesario distribuir el material para los asistentes y de este momento ya empezamos a practicar uno de las enseñanzas ya aprendidas: compartiendo tenemos mucho más. Os preguntáis de que estamos hablando. Es que hicimos pocas copias del texto con la intensión de demostrar que podemos compartir todo en la vida y cuando lo hacemos nos sobra mucho más de lo que si hubiera entregue una copia del texto a cada. Resultado: ¡¡nos sobrarán dos copias del texto!! Es decir, que si hubiera cuatro personas más en la clase de ayer estas serian capaces de seguir el texto cómodamente...Compartir es donar, es iniciar en el proceso de hermandad, es ecológico, es amar sin pensar!!



A continuación nos dividimos en tres grupos de estudio, cada uno de ellos con un par de preguntas para responder. Por supuesto todos creían poseer preguntas diferentes de los demás grupos pero ¡¡si han equivocado!! La primera pregunta a todos los grupos era bien sencilla: ¿Qué es la piedad?

¿ Sencilla?! ¡Pues va a ser que no!!

Cada uno de los asistentes hablaba de lo que sentían, entendían o sabían sobre la piedad, y de allí es estudio se transformó en un gran taller de crecimiento personal con mucha emoción, lágrimas y risas.
Es muy normal que confundamos la piedad con la pena. La pena es una emoción pasajera que sentimos en un momento exacto sin acción o conciencia de ayuda. La piedad es mucho más. Es una reflexión de cómo debemos mirar los infortunios del prójimo, mirar con los ojos del amor, de la compasión entendernos su sufrimiento más profundo, sin juzgar.
Este sentimiento divino propulsa la caridad. Es el amor en su estado puro, que nos viene del corazón sin esfuerzo, que se hace sin pensar y visando solamente menear el dolor del prójimo.
Puede que no podemos hacer la piedad con todos como hacía el Maestro pero podemos empezar en nuestra casa, nuestra casa mental y con los que nos rodean. Llegará el día que podamos hacerla a todos los seres del planeta, este día llegará y podemos empezar el camino por el primer paso.



Muchas veces ayudar al prójimo puede llevarnos por el camino de la solución de muchos de nuestros problemas. Nos hace progresar y despojar del egoísmo y del orgullo. 
¿ Entendemos mejor la piedad cuando la sentimos el dolor igualmente? Es verdad que no pasamos por la misma prueba o sentimos el dolor de la misma manera que los demás, tampoco es necesario pasar por el mismo pues puede que YA tengamos vivido o viviremos para poder entenderlo.

Cuando el sufrimiento ajeno no nos sensibiliza, la Orientación Divina estatuye que vengamos a experimentarlo igualmente, para evaluar el dolor del prójimo y nos predispone a ampararlo.(Cairbar Schutel – El Espíritu de la Verdad nº 26).

La reencarnación nos liberta de nuestros dolores, nos enseña cómo afrontarlos. Todos traemos en el corazón esta centella de amor que precisa de nuestro esfuerzo fraterno para
expandirse.
Puede que pensemos, ¿vale a pena nuestra pequeña dedicación, nuestros pequeños esfuerzos? Pues vale mucho!! Es una gota en el océano y él está hecho de pequeñas gotas.

Un abrazo de la aprendiz del amor,

Andrea

jueves, 5 de julio de 2012

Suicidio, ¡nunca, jamás!


El suicidio es a la vez una tragedia personal y un problema de salud pública. 

El 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, CEADS abrirá sus puertas para compartir todo lo que los espíritus nos han informado sobre este tema.


Programa
20:00 - Atención Fraterna
20:30 - Arte espírita – Teatro
20:40 - Charlas:
* Datos sobre Suicidio – Una Epidemiología. Marcello Pagnotta
* Salud Mental y Prevención de las Ideas Suicidas. Andrea Campos
* Suicidio: Todo lo que usted necesita saber para no cometer este terrible error. Janaína Minelli
Turno abierto de preguntas
21:30 - Atención fraterna





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martes, 3 de julio de 2012

¡Ten piedad!

Querid@s herman@s,

Nuestra bloguera Janaína está de vacaciones....merecidas vacaciones.... nosotros la dejaremos "descansar" (¡si es que Jana descansa del todo!!) y nos disponemos a ayudarla en el blog.
Esperamos hacerlo tan bien como ella lo hace y seguir estudiando la Doctrina Espírita en nuestro centro espírita.
Este sábado nos toca hablar de la Piedad a través del El Evangelio según el Espiritismo, capítulo XIII - No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, ítem 17. 

¿Sabemos lo que es la piedad? ¿Para que y por qué existe? ¿La practicamos?


Un abrazo fraterno de la hermanita,
Andrea Campos




La piedad

La piedad es la virtud que más se aproxima a los ángeles, es la hermana de la caridad que os conduce hacia Dios. ¡Ah! dejad que vuestro corazón se enternezca al aspecto de las miserias y de los sufrimientos de vuestros semejantes; vuestras lágrimas son bálsamo que derramáis sobre sus heridas, y cuando por una dulce simpatía, conseguís volverles la esperanza y la resignación, ¡qué satisfacción no experimentáis! Es verdad que este encanto tiene cierta amargura, porque nace al lado de la desgracia; pero si no tiene la acritud de los goces mundanos, ni las punzantes decepciones del vacío que éstas dejan en pos de sí, tiene una suavidad penetrante que alegra el alma. La piedad, la piedad bien sentida, es amor; el amor es afecto; el afecto es el olvido de sí mismo, y este olvido es la abnegación en favor del desgraciado, es la virtud por excelencia, es la que practicó toda su vida el divino Mesías, y que enseñó en su doctrina tan sublime y tan santa; cuando esta doctrina llegue a su pureza primitiva, cuando sea admitida por todos los pueblos, dará la felicidad a la Tierra, haciendo, al fin, reinar en ella la concordia, la paz y el amor.


El sentimiento más propio para haceros progresar dominando vuestro egoísmo y vuestro orgullo, el que dispone vuestra alma a la humildad, a la beneficencia, y al amor a vuestro prójimo, ¡es la piedad!, esa piedad que conmueve hasta vuestras entrañas ante los sufrimientos de vuestros hermanos, y que os hace tender les una mano caritativa y os arranca simpáticas lágrimas. No sofoquéis nunca en vuestros corazones, pues, esa pasión celeste; no hagáis como esos egoístas endurecidos que se alejan de los afligidos, porque la vista de su miseria turbaría un instante su alegre existencia; temed el quedar indiferentes cuando podáis ser útiles. La tranquilidad comprada a precio de una indiferencia culpable, es la tranquilidad del mar Muerto, que oculta en el fondo de sus aguas el fango fétido y la corrupción.

¡La piedad, sin embargo, está lejos de causar la turbación y el fastidio de que se espanta el egoísta! Sin duda el alma experimenta, al contacto de la desgracia de otro y concentrándose en, si misma, un estremecimiento natural y profundo, que hace vibrar todo vuestro ser y os afecta penosamente; pero la compensación es grande cuando conseguís volver el valor y la esperanza a un hermano desgraciado a quien enternece la
presión de una mano amiga, y cuya mirada, húmeda a la vez de emoción y de reconocimiento, se vuelve dulcemente hacia vosotros antes de fijarse en el cielo para darle gracias por haberle mandado un consolador en su apoyo. La piedad es la melancólica, pero celeste precursora de la caridad, la primera entre las virtudes, cuya hermana es y cuyos beneficios prepara y ennoblece. 

Miguel Bordeaux, 1862

domingo, 1 de julio de 2012

De justicia, luz y crecimiento

Hola familia, 

Ayer nos reunimos una vez más en nuestro querido centro. El tema de la clase no era fácil: la justicia divina. Sólo hace falta echar un vistazo alrededor para comprender su dificultad: ¿Dónde está la justicia divina que permite tanto dolor en el mundo? ¿Dónde la justicia si sufren los niños? ¿Cómo entender la justicia divina que permite que espíritus perversos encarnen entre los mansos? La verdad es que puede ser una experiencia bastante turbadora pensar en todo esto. Gracias a los recursos que la Doctrina de los Espíritus nos ofrecen, aún teniendo una idea limitada de qué es Dios, nos hemos acercado al tema sin dogmatismos, con responsabilidad y las conciencias abiertas. 

 Lo primero que hicimos fue leer 3 principios enunciados con claridad por los espíritus sobre el sufrimiento:

1. El sufrimiento es inherente a la imperfección.

Donde no hay imperfección, no hay dolor. Nuestra naturaleza es luminosa, obra perfecta de la inteligencia cósmica universal. En el momento de la creación éramos ignorantes. No habíamos hecho uso del libre albedrío. Cuando usamos mal al libre albedrío, empalicemos nuestra naturaleza luminosa con el sufrimiento que nuestras propias malas elecciones nos causan, pero en potencia, tenemos plena capacidad de amar. La madurez espiritual se alcanza aprendiendo a hacer un buen uso del libre albedrío.

2. Toda imperfección y toda falta que la motiva lleva consigo su propio “castigo”. 

Cada vez que hacemos mal uso del libre albedrío, por la ley de causa y efecto, producimos dolor para nosotros mismos. Uno puede pensar que esto sólo vale para las faltas importantes, como matar o robar… pero imperfecciones del alma como la intolerancia y la agresividad producen en la vida cotidiana una onda de negatividad que causa sufrimientos y desequilibrios que pronto o tarde tendrán que ser corregidos. La corrección es siempre dolorosa, porque, como hemos visto antes, es un signo de imperfección. 

3. Para asegurar su felicidad futura, el hombre debe deshacerse de sus imperfecciones. 

Este es bueníiiiiimo… Fijaros, tenemos que DESHACERNOS de cosas, no acumular… Hablamos mucho de perfeccionamiento moral, pero se nos olvida de que Dios nos creó perfectos… No necesitamos más para ser perfectos, necesitamos sí despojarnos de nuestras imperfecciones. Éstas han hecho una especie de costra alrededor nuestro… mirándonos unos a otros es difícil creer que bajo esta cosa a veces tan oscura exista un ser de luz, pero es así. Todas las criaturas de Dios son seres de luz. Solemos decir “me falta humildad”. Es un error. No nos falta humildad, nos sobra orgullo. Tenemos que despojarnos de nuestras imperfecciones para que nuestra naturaleza luminosa pueda brillar otra vez, sin que el mal uso que tantas veces hacemos del libre albedrío nos empalidezca y se acumule como una costra que impide ver nuestra belleza.

Quizá ayude desdramatizar algunas palabras, como JUSTICIA DIVINA, DEUDA, ARREPENTIMIENTO, REPARACIÓN y SUFRIMIENTO. Si entendemos la JUSTICIA DIVINA como la propia ley de progreso, la ley de causa y efecto, cuando alguien pregunte, ¿Dónde está la justicia divina?, podremos contestar: está escrita en la conciencia de los hombres. Y la tan temida DEUDA que tan frecuentemente decimos que habrá que rescatar y que algunos llegamos a llamar “castigo”, está mal entendida. ¿Qué le debemos a Dios? De hecho, con Él tenemos crédito, todo el crédito del mundo. Dios nos ha dado la eternidad para buscar la perfección, nos ha hecho perfectos, con plena capacidad de amar. A él no le debemos nada. Lo que pasa es que cuando no ejercemos nuestra capacidad de amar generamos dos tipos de necesidad: 1. La necesidad de ARREPENTIMIENTO, que nada más es que la necesidad de aceptar la verdad ante uno mismo; 2. La necesidad de REPARACIÓN, que es la necesidad de aceptar la verdad ante el otro. A estas dos necesidades solemos llama DOLOR y SUFRIMIENTO, pero igualmente las podríamos llamar aprendizaje y crecimiento. Así es cómo llegamos a entender cómo el dolor y el sufrimiento son mecanismos de la evolución

Después de estas consideraciones, leímos y comentamos algunos puntos retirados del libro “El Cielo y el Infierno” y luego escuchamos una bonita canción de nuestro compañero espírita Pedro Cabreara. Os dejo las dos cosas para inspirar la meditación en la Justicia Divina y os deseo desde la luz de mi corazón, que brille la luz del vuestro, libre del dolor y del sufrimiento.

Cariños de la hermana menor 

Del capítulo 7, 1ª. Parte de «El Cielo y el Infierno».

1. El alma o espíritu sufre en la vida espiritual las consecuencias de todas las imperfecciones de que no se ha despojado durante la vida corporal. Su estado dichoso o desgraciado es inherente al grado de su depuración o de sus imperfecciones. 

2. La dicha perfecta es inherente a la perfección, es decir, a la depuración completa del espíritu. Toda imperfección es a la vez una causa de sufrimiento y de goce, de la misma manera que toda cualidad adquirida es una causa de goce y atenuación de los sufrimientos. 

 3. “No hay una sola imperfección del alma que no lleve consigo sus consecuencias molestas e inevitables, ni buena cualidad que no sea origen de un goce.” La suma de penas es, de este modo, proporcional a la suma de imperfecciones, de la misma manera que la suma de goces está en razón de la suma de buenas cualidades. 

4. En virtud de la ley del progreso, teniendo el alma la posibilidad de adquirir el bien que le falta y de deshacerse de lo malo que tiene según sus esfuerzos y voluntad, se deduce que el porvenir no está cerrado a ninguna criatura. Dios no repudia a ninguno de sus hijos, recibiéndolos en su seno a medida que alcanzan la perfección, y dejando así a cada uno el mérito de sus obras. 

5. El sufrimiento, siendo inherente a la imperfección, como el goce lo es a la perfección, el alma lleva consigo misma su propio castigo en todas partes donde se encuentre. No hay necesidad para eso de un lugar circunscrito. Donde hay almas que sufren está el infierno, así como el cielo está en todas partes donde hay almas dichosas. 

6. El bien y el mal que se hace son producto de las buenas y malas cualidades que se poseen. No hacer el bien cuando se está en disposición de hacerlo es resultado de una imperfección. Si toda imperfección es una causa de sufrimiento, el espíritu debe sufrir no sólo por todo el mal que ha hecho, sino también por todo el bien que pudo hacer y no hizo durante su vida terrestre. 

 7. El espíritu sufre por el mismo mal que hizo, de modo que estando su atención incesantemente dirigida sobre las consecuencias de este mal, comprende mejor los inconvenientes y es incitado a corregirse de él. 

8. Siendo infinita la justicia de Dios, lleva una cuenta rigurosa del bien y del mal. Si no hay una sola mala acción, un solo mal pensamiento que no tenga sus consecuencias fatales, no hay una sola buena acción, un solo movimiento bueno del alma, el más ligero mérito, en una palabra, que sea perdido, aun en los más perversos, porque constituye un principio de progreso.