lunes, 5 de noviembre de 2012

Actitud positiva


            Alfredo Tabueña
Presidente del Centre Espírita Amalia Domingo Soler

El día 17 de noviembre se celebra el día mundial de los sobrevivientes del suicidio que, al contrario de lo que en un principio parecería indicar, no hace referencia a aquellas personas que hayan intentado suicidarse y fallado en su intento, sino que se refiere a los amigos y familiares que, tras la partida inesperada de aquél ser querido que se auto-aniquiló, se han quedado sin su presencia, ausentes de su compañía, de su cariño, de su amistad.

Y, muchas veces, quedando con ellos una sensación, más o menos acusada, de sentimiento de culpa, de rabia, de impotencia, preguntándose si no podían haber hecho algo por evitar el fatal desenlace. Tal vez, incluso,  recriminándose por no haber tomado en serio aquellas palabras, gestos o posibles señales que el suicida en potencia mostraba o exteriorizaba de una manera más o evidente, quizás como un grito apagado de auxilio, quizás como una forma de llamar la atención sobre su situación y sobre las ideas y pensamientos negativos y destructivos que empezaban a nublar su mente.

Y ahora, una vez consumado el terrible acto suicida, parece que cobran de golpe sentido todas las frases que el suicida iba diciendo, a veces de manera más clara, a veces de modo silencioso, acompañado tal vez de una mirada y una expresión en su cara que, entonces, no se supo advertir y que, ahora, el sobreviviente interpreta de una forma bien distinta a como interpretó en su día.

Y esa sensación y sentimiento negativo va perdurando a pesar del paso del tiempo, en el que el recuerdo de esa persona que se marchó de sus vidas de esa manera tan violenta y triste les ha dejado con algunas cicatrices y heridas en forma de interrogantes: “¿pude haber hecho algo más de lo que hice?. ¿Por qué no presté más atención a lo que me decía?.Nunca pensé que pudiera llegar a terminar de ese modo…”.

Nosotros, espiritistas, queremos compartir con estos sobrevivientes del suicidio los conocimientos que nos ofrece el Espiritismo, aportándoles consuelo, esperanza y, sobretodo, una manera diferente de enfrentarse a esa situación.

Y lo primero que decimos y queremos compartir, de un modo rotundo, es que la muerte no existe y que, por tanto, ese ser querido que “se ha marchado” no ha dejado de existir, simplemente ahora se encuentra en el plano espiritual, allá donde van todas las personas que abandonan la vida física. Y, a continuación, educamos para intentar dejar atrás ese posible sentimiento de culpa que tanto incomoda y que tan mal hace sentir, porque el sentimiento de culpa, sea fundado o no, es un sentimiento totalmente negativo que daña, anula y castra a la persona, anclándola en un tiempo y en unos hechos ya pasados y que no van a cambiar.

El Espiritismo, por el contrario, presenta un trabajo activo, positivo, fundado en la certeza, en la esperanza, dejando atrás esos otros sentimientos negativos y cambiando esas preguntas que el sobreviviente se hace continuamente y que tanto daño le continúan haciendo, por aquellas otras preguntas, seguramente impensables e inimaginables hasta ahora, y que son las que propone el Espiritismo: “¿Qué puedo hacer yo, a partir de este momento, para ayudar a ese ser querido que partió?. ¿Cómo puedo transformar este sentimiento de culpabilidad y tristeza por aquel otro de serenidad y esperanza?. ¿De verdad puedo ahora ayudar a ese ser querido que se suicidó?”.

Sí, porque se puede ayudar ¡y mucho¡ a ese ser que se suicidó, porque el Espiritismo nos enseña, de una manera clara y maravillosa que, además del hecho esencial de que la muerte no existe, el hecho no menos importante de que los lazos de cariño y de amor que sinceramente han unido a las personas en vida… ¡los continúan uniendo cuando uno de ellos “ha partido”¡.

Y los pensamientos, sean positivos o negativos, que nacen de nuestro yo hacia ese ser que ya “no está”, le alcanzan y le afectan, le benefician o le perjudican, según sea el tenor de los mismos. En consecuencia, empecemos ¡desde ya¡ a modificar nuestra casa mental, liberándonos de esos sentimientos y pensamientos dañinos que nos retienen al pasado; abramos la ventana de nuestra mente para que entre aire renovado que despeje los nubarrones que nos ensombrecen y nos permita ayudarnos a nosotros mismos y, también, ayudar a ese ser que partió.

Los propios suicidas, en sus comunicaciones, coinciden en que la mejor y más grande ayuda que pueden recibir de las personas queridas que dejaron en el plano físico son sus pensamientos de amor y de cariño sincero. Pero, por encima aún de ello, lo que más beneficio y consuelo les reporta es ¡la oración¡ que, como ellos mismos explican, es un auténtico bálsamo que les ofrece paz, serenidad, renovación de fuerzas y de ánimos.



Por el contrario, lo que más daño les hace son los reproches, las recriminaciones, las acusaciones… y ver que esos seres queridos, como consecuencia de su acto suicida, han quedado heridos.

Por tanto, pues, sobrevivientes del suicidio, tomad una actitud positiva, superando el pasado que no se puede cambiar, desde la serenidad, sin reproches ni juicios para el ser que partió… pero tampoco sin reproches ni juicios para vosotros mismos.

Que el amor y el cariño que os unía en vida sea el motor que os siga uniendo ahora, por vuestro bien… y por el bien de ese persona que, sin querer juzgarla en ningún momento, decidió “marcharse” de esa manera tan dura y triste.



3 comentarios:

  1. Hola, me parece una labor muy interesante la q haceis desde vuestro punto de vista pero me veo en la obligación de recomendar que una persona q haya pasado por esto vaya a un psicólogo, este sentimiento es un mecanismo perfectamente conocido por la ciencia y tiene un tratamiento eficaz.

    No es por desmerecer vuestro punto de vista, ni mucho menos porque no tengo conocimientos al respecto ni puedo juzgar, pero un psicólogo si sé positivamente que ayudará en estos casos. No esta de mas tratar este problema desde varios planos, incluido el religioso y/o espiritual pero nunca dejando de lado la medicina que funciona, y en este caso doy fe de que funciona.

    Un saludo

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  2. Hola,

    muchas gracias por tu aportación. Nada de lo que proponemos lo hacemos en sustitución a los métodos y tratamientos médicos, aun que, como bien has notado, no siempre lo esplicitemos con todo el enfasis que la cuentión se merece. Está bien que nos ayudes a subrayar este aspecto. De momento, la medicina y la psicología todavía están muy condicionadas por el materialismo. En el futuro, con una comprensión más holística del ser, esta labor que realizamos incluso podrá llegar a ser desnecesaria. Ojalá fuera sí. Mientras, seguiremos aportando nuestro granito de arena, jamás con la intención de sustituir al apoyo que todos podemos necesitar de los mérdicos o psicológos, sino como una apoyo más para las personas que no encuentran en el paradigma materialista la serenidad que necesitan para vivir y se felices.

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  3. Hola a todos¡¡

    Nosotros, espiritistas, no menospreciamos la labor que puedan llevar a cabo, en este caso en concreto, los psicólogos. ¡Por supuesto que no¡. Ni jamás se nos ocurriría aconsejar a nadie que dejara de recibir la atención y ayuda que pueda ofrecer la psicología. Al contrario, creemos que es necesaria y su utilidad está más que reconocida.

    Infelizmente, la piscología tiene el límite que el punto de vista materialista le impone y ahí, entonces, nuestro trabajo comienza, ofreciendo, por encima de todo, la certeza en la inmortalidad del ser y todo lo que se extrae de esa maravillosa realidad.

    ¡El suicida sigue viviendo y sufriendo, irremediablemente, las consecuencias de ese gesto tan desgraciado como inútil que cometió¡.

    En el caso en concreto que nos atañe nosotros explicamos cuál es la situación de ese ser querido que “se fue”, poniendo un gran énfasis en que los mismos vínculos que unen a las persona en vida, los continúan uniendo si uno de ellos “va al otro lado”. Y ahí es esencial educar los sentimientos y emociones de la persona sobreviente del suicidio, en base a que esas emociones y sentimientos alcanzan, plenamente, a ese ser que dejó la vida de esa manera tan dura y triste, y que según sea nuestra actitud lo podemos ayudar o perjudicar en su “adaptación” a la situación en la que se encuentra como consecuencia del suicidio.

    Y si entre la ayuda y orientación que nosotros podemos ofrecer y la ayuda y orientación que puedan ofrecer psicólogos u otras personas, se consigue ciertamente ayudar al sobreviviente del suicidio ¡misión cumplida¡.


    Alfredito

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