jueves, 21 de febrero de 2013

REVELADORES Y REVELACIONES DE LA LEY DIVINA


Hola familia,

de parte de los monitores de sábado, para preparar el espíritu.

Cariños,

la hermana menor

(...)

REVELADORES Y REVELACIONES DE LA LEY DIVINA
(ESDE Programa III Guía 3)

La Ley Natural es la Ley Divina que rige toda la creación en el Cosmos Infinito, en sus múltiples y diversos planos, sustancialmente verdadera y eficaz por ser la única que conduce a la criatura humana al perfeccionamiento y a la felicidad. La desventura humana es, por lo tanto, un desvío o infracción a esa ley. Las Leyes naturales significan la proyección del Pensamiento Divino y la expresión fidedigna de su voluntad; consisten siempre en un precepto normativo que regula todos los fenómenos de la vida universal.


Las leyes naturales son eternas, inmutables, infalibles, que abarcan los más variables planos evolutivos de la vida, de acuerdo con las diferentes categorías de los mundos. Como se sabe, las leyes naturales se dividen en leyes físicas y leyes morales. Las primeras establecen la disciplina entre los fenómenos de la materia en sus diversos estados y son estudiadas por la ciencia. Las segundas rigen las relaciones de la criatura con sus semejantes y demás seres de la naturaleza.

El conocimiento de la Ley Natural es dado a la Humanidad de una manera gradual pero constante, a través de Espíritus que, en carácter de filósofos o benefactores humanos, reencarnan en la categoría de auténticos catalizadores de ideas y pensamientos, para promover las reformas en los diversos campos del conocimiento. Los Espíritus que aportan esos valores al seno de la sociedad, son llamados reveladores de la Ley Natural. El mayor y más perfecto revelador que descendió a nuestro planeta fue Jesucristo. La doctrina de que Él vino imbuido es altamente moralizadora y muestra al hombre los caminos que debe seguir para la conquista de la verdadera felicidad.

En todas las épocas de la humanidad han existido reveladores de la Ley Divina, en los diversos campos del conocimiento humano. A continuación citaremos algunos, tratando de dar ejemplo de la bondad y misericordia de Dios, que nunca nos dejó a merced de nuestras imperfecciones.

En el antiguo Egipto, cerca de Menfis, entre los años 2980 y 2950 a.c., vivió un erudito egipcio llamado Imhotep. «Imhotep es notable por haber sido el primer ejemplo histórico conocido por el hombre de los que hoy llámanos científicos, Y ningún otro se conoce a lo largo de los dos siglos que siguieron. (…)» (02) Imhotep habría sido el arquitecto constructor de la pirámide escalonada o Sakkara, que es la más antigua de Egipto. Probablemente fue médico; «(…) los médicos egipcios gozaban de gran prestigio, ya que su ciencia los colocaba casi en igualdad de condiciones con los dioses.(…)» (02).Tal era el poder de cura de Imhotep, que los griegos lo equiparaban al de su dios de la Medicina. Tales de Mileto, filósofo griego que vivió entre el año 624 y el 546 a.c., fue considerado, por los griegos, «(…) como el fundador de la ciencia, de la matemática y de la filosofía griegas, acreditándole la paternidad de la mayor parte del saber…» (03) Pitágoras, otro griego, vivió en el período del 582 al 497 a.c., «(…) fue filósofo, astrónomo, matemático. En todas esas actividades presentó siempre ideas nuevas, claras, originales. Fue el primero en afirmar que la Tierra era esférica, el primero en descubrir que la armonía universal también podía ser expresada por medio de números, el primero en descubrir la relación entre la extensión de las cuerdas musicales y la altura del sonido.» (04)

Sócrates, filósofo griego, vivió en Atenas entre los años 470 y 399 a.c., «Tuvo una vida noble como las verdades que enseñaba. Nunca hubo quien lo encontrase en un error, una falla o una contradicción.(…)» (05) Este hombre quien todos consideraban el más sabio de los griegos («Bien, si soy el más sabio es simplemente porque sé que nada sé»), fue condenado a pesar de su inocencia debido a las acusaciones de traición y corrupción que se levantaron contra él por todas partes, estimuladas por la envidia de sus compatriotas. Para nosotros, espíritas, Sócrates fue uno de los precursores del Cristianismo. En la era cristiana, entre los años 130 y 200 d.c., vivió Galeno, médico griego, que por sus conocimientos es conocido como el «padre de la anatomía».

El creador de la aritmética, el matemático árabe Muhammad Ibumusa Al Khwarizmi, nacido en el año 780 d.c. revolucionó el arte de calcular. En 1473 nace en Forum el gran Nicolás Copérnico que «(…) arribó a la peligrosa conclusión de que la Tierra no era el centro del universo (…).» (06) Esto casi lo llevó a la muerte, por parte de los señores de la iglesia católica. Cerca de Nápoles, en la ciudad de Nola, llega a nuestro mundo físico en el año 1548 d.c., el filósofo Giordano Bruno, condenado y muerto por la Inquisición, por defender las ideas de que el espacio es infinito y que la Tierra se mueve, entre otras. Avanzando en el tiempo, en 1791 d.c., nace en Charleston, Estados Unidos, Samuel Finlet Breese Morse, que se destacó por la invención del telégrafo, inaugurando de esta manera el campo de las comunicaciones modernas.

Charles Robert Darwin, naturalista inglés, que vivió entre 1809 y 1882, causó gran impacto en la Biología con su «Teoría de los Orígenes de las Especies» y realizó estudios sobre los orígenes del hombre. Antes de que avancemos en el tiempo, es importante recordar la presencia en nuestro planeta de los genios de las artes, sobre todo de la pintura, la escultura y la música. ¿Quién puede olvidar el papel desempeñado por un Rafael de Sandio, un Leonardo da Vinci o por un Mozart, entre tantos que vinieron hasta nosotros?

Si en el siglo XIX la Ciencia sufre un gran impulso, principalmente por los trabajos de Pasteur, Robert Kooh y Lister – que abrieron una nueva era en el combate contra las infecciones-, las ideas filosóficas reciben una severa conmoción con la Codificación Espírita, elaborada por Allan Kardec, que contiene las enseñanzas recibidas de los Espíritus Superiores.

El mundo recibe el imparto del renacimiento del Cristianismo y a partir de aquel momento, la humanidad confundida, alarmada, crédula o incrédula, nunca más sería la misma. ¡Ha llegado la era de la espiritualización! Gracias a aquellas primeras semillas de la creencia en un Dios único, que fueran lanzadas por Moisés, sembradas y regadas por Jesús, con su elevada Misión de amor al prójimo y, esporádicamente cultivadas por Emisarios de lo Alto, en todos los tiempos tales como: los apóstoles y seguidores del Cristianismo, Francisco de Asís, Vicente de Paúl, citando solamente algunos nombres, comprendemos que el hombre se dirige hacia su más alto destino; la perfección.

Jesús, el Cristo de Dios, no obstante, no puede ser colocado en el mismo nivel que tales reveladores, por mayor que haya sido la contribución de ellos. Cristo, estableció un grandioso marco a las conquistas evolutivas del hombre. Él, la verdad y el amor encarnados, no se limitó solamente a enseñar y esclarecer, sino representó el ejemplo vivo que provocó una verdadera revolución social. Pero, a pesar de los casi veinte siglos de su presencia entre nosotros, su mensaje todavía no ha sido suficientemente comprendido por la Humanidad.

Muchas de las verdades enunciadas en el Espiritismo encuentran sus bases en la Doctrina Cristiana. Por ejemplo, las citas evangélicas: «Hay muchas moradas en la Casa del Padre» (Juan, 14:1-3), «Nadie puede ver el reino de Dios si no nace de nuevo» (Juan, 3:1-12). «Todo lo que vosotros queráis que os hagan los hombres, hacedlo también a ellos, porque esta es la ley y los profetas» (Mateo, 7:2) y «Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados» (Mateo, 5:5). «Curad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios, dad gratuitamente lo que gratuitamente recibisteis» (Mateo, 10:8), etc., son enseñanzas de Jesús que guardan correlación con los siguientes principios adoptados por el espiritismo: Pluralidad de los mundos habitados, reencarnación o pluralidad de las existencias corpóreas, ley de causa y efecto o acción y reacción y mediumnidad.

Debido a esa correlación existente entre las enseñanzas de Jesús y las dictadas por los Espíritus que orientaron a Allan Kardec en la Codificación Espírita, no es en vano que se dice que el Espiritismo es el Cristianismo redivivo; y si por un lado Jesús dijo que el mayor mandamiento es el de «amor a Dios y al prójimo» y la Doctrina Espírita afirma que «fuera de la caridad no hay salvación», por otro nos muestra que nadie podrá titularse Espírita si primeramente no fuera cristiano.

Referencias:
1 KARDEC, Allan. «El Libro de los Espíritus». Trad. de alberto Giordano. 3. ed. Buenos Aires, Editora Argentina «18 de Abril, 1983. Preg. 625.
2 ASIMOV, Isaac. «Gênios da Humanidade». Rio de Janeiro, Block Editores, 1972. v. 1. p. 01
3 ___. p. 02.
4 __. p. 04.
5 ___. p. 13.
6 ___. p. 65.
7 FRANCO, José B. Identificação. O Espírita. Brasília (DF), 6(31):14, dez./ jan.,1983/1984.

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