domingo, 23 de febrero de 2014

La vida sexual de cada criatura

¡Hola familia de mi alma!

ayer en la clase de Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita tuvimos la oportunidad de profundizar en el estudio de dos formas u opciones de vida: el celibato y la poligamia. La semana pasada los monitores ya habían compartido el texto de preparación de la clase. En CEADS nos dividimos en dos grupos, cada uno con un tema, y luego nos volvimos a reunir, cada uno con una serie de conclusiones de la discusión.


En el grupo de la poligamia empezamos puntualizando que el tema no era el del adulterio, sino de una situación en la que legal o culturalmente está aceptado que una persona, en general un hombre, tenga a más de una pareja. Como occidentales viviendo en el siglo XXI no nos identificamos con esta “opción” o forma de vida, pero no se trataba de juzgarla, si no de entender cómo, des de la perspectiva de la Doctrina Espírita, la podemos comprender en el cuadro de la evolución espiritual de la humanidad. En sociedades primitivas o en situaciones de catástrofes o guerras, la poligamia puede significar un acto de amor y caridad en el que un hombre auxilia a más de una mujer ofreciéndoles protección y apoyo; sin embargo, el estatus social por el hecho de poder mantener a más de una familia y la sensualidad parecen ser las causas que llevan a la poligamia siempre que no sea una cuestión humanitaria. En el grupo hicimos hincapié en que la monogamia no asegura una relación basada en el afecto y que el amor puede y debe ser plural: nuestro objetivo como seres humanos es aprender a amar a cuantos más seres mejor. En nuestras relaciones más cercanas, con nuestros padres y hermanos, luego con nuestros amigos, y más tarde en las relaciones laborables, ensayamos para amar a más personas. Poco a poco aprendemos a extender nuestro amor a círculos más amplios de convivencia. Así es como el grupo llegó a la conclusión de que, cuando amemos como hay que amar, ya no importará qué etiqueta ponemos a la unión con nuestros seres queridos, que si monogámica, que si poligámica… De hecho, si llegamos a imaginar un grupo de espíritus afines de gran elevación y el tipo de amor fraterno y sin límites que se dedican unos a otros, nos hacemos una idea de lo poco que entendemos del amor. Comprendemos racionalmente que la abolición de la poligamia es un factor de progreso porque pone al hombre como jerárquicamente en en nivel superior al de la mujer. Aún y así contemplamos la forma como aman los espíritus ya evolucionamos y nos damos cuenta de que su dedicación no se limita a un único ser que eligen como pareja, sino que son ya capaces de dedicarse a la familia humana o cósmica. La frase a continuación, extraída del texto leído en clase, lo pone de forma magistral:
“Interesa reconocer que el intercambio de fuerzas sintonizadas entre almas que se aman supera cualquier exteriorización perceptible de afecto, sosteniendo obras imperecederas de vida y de luz, en las iluminadas esferas del universo”.
En el grupo del celibato, nuestros compañeros hablaron tanto de la imposibilidad de tener una pareja por un impedimento físico, como podría ser una deficiencia, por ejemplo, como de la opción voluntaria del celibato. En ambos casos, el hecho de no tener una pareja podría tener diferentes motivaciones des del puntos de vista del espíritu inmortal: el rescate de deudas en el campo de la sexualidad, que generan la necesidad de armonizarse en nivel energético; una prueba que permite al espíritu consolidar el patrimonio de sentimientos puros y su capacidad de entrega a un ideal sin constituir una familia o mantener relaciones sexuales con otras personas; o finalmente el celibato podría deberse a la elevación ya consolidada en el foro intimo del espíritu capacitado para la entrega totalmente desinteresada y fraterna de su amor y devoción a los demás. En todos y cada uno de los casos, si el celibato se produjera por imposición social, convenciones o sin la motivación interna necesaria para vivirlo des de la comunión con algo más puro y sagrado, no tiene sentido alguno para la evolución del espíritu. Si fuera así sería incluso un acto de desamor hacia uno mismo, lo que resultaría en la incapacidad de amar a los demás de forma altruista.


En la discusión en grupo también se puntualizó la diferencia que, en función de la forma tan primaria como tratamos tantos temas, existe entre el acto sexual y la sexualidad humana. Existen tantas formas de expresar el afecto que sentimos por nuestros seres queridos, pero incontables veces, cuando pensamos en un intercambio amoroso, pensamos en el coito o en caricias de orden intima. No deja de ser rompedor pensar en los abrazos y besos que damos a nuestros amigos y familiares, o en los aprietos de manos que damos en el trabajo, como parte de nuestra forma de expresar - o no - nuestra sexualidad.

Tal vez la frase que mejor resume el contenido de todo lo que dijimos en clase sea la que Marcello escogió para finalizar la explosión de su grupo:  
«(…) Tales consideraciones nos impulsan a concluir que la vida sexual de cada criatura humana es para ella misma un terreno sagrado y que, por eso, la abstención, la relación afectiva, la formación, de una familia, el celibato, el divorcio y otros acontecimientos del campo el amor, son problemas pertinentes a la responsabilidad de cada uno, erigiéndose, por esa razón, en un asunto no de cuerpo a cuerpo, sino de corazón a corazón.»

Pidamos a nuestro Maestro, divino amigo y dador de amor incondicional a toda la humanidad, que nos siga guiando. Que podamos aprender de su ejemplo manso y humilde, pero firme y decidido, a entregar todo el amor que espera expresarse en nuestras almas.


Cariños de la hermana menor

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