domingo, 16 de marzo de 2014

La Terapia del Amor

Hola familia,

ayer en el centro hablamos del amor como terapia, como algo que pensamos que damos a los demás como si lo necesitaran ellos en forma de PACIENCIA, TOLERANCIA e INDULGENCIA, pero que en realidad nos cura a nosotros. Janaina nos habló de las "gafas de la misericordia". ¿Las gafas de qué??? =) Sí, esto que has leído, Las gafas de la misericordia. Si tienes un compañero de trabajo ql que no puedes tragar, un jefe difícil, una pareja que te saca de quicio, un hijo que pone a prueba tus límites... tal vez necesites estas gafas =)

Cariños de la hermana menor

La Terapia del Amor


El Evangelio de Jesús educa nuestras conciencias para la responsabilidad que cada uno tiene que asumir por su propia evolución, ampliando cada vez más nuestra capacidad de amar.

Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.

En esta sentencia Jesús resume toda la Ley y todos los profetas, pasados, presentes y futuros. Ama a tu creador, la fuente cósmica de todo el amor, y a tu prójimo, criatura tan digna del amor divino como tú. ¿Y amar es la nueva ley? Para los que nos hemos acostumbrado a pensar en la ley como algo que se nos impone de fuera hacia dentro, es decir, en el sentido jurídico, seguro que es extraño pensar en el amor como una ley. La ley de talión es una ley estrictamente jurídica, una imposición de fuera hacia dentro. La ley de amor propuesta por el Maestro, sin embargo, supone un cambio de paradigma. Jesús quiere que el hombre sea señor de su propia vida, que viva según su conciencia. ¿Por qué debemos esperar que se nos prohíba robar, matar o traicionar? La ley de amor, escrita en la conciencia humana por herencia Divina, no es una imposición jurídica, no es algo que se pueda forzar de fuera hacia dentro. Tiene que salir de dentro de cada uno de nosotros, porque ahí está la verdad. En el sistema judiciario, el hombre legisla sobre el hombre. Creo que todos hemos conocido o sufrido las imperfecciones de este sistema. La ley de amor, sin embargo, es un retorno de la conciencia a su origen divino. La ley de amor enseña el camino de vuelta a casa, a la conciencia misma. Que sea ella, la conciencia, la que me dicte lo que he de hacer y cómo he de vivir. Si abandonamos el paradigma jurídico y pensamos en la ley de amor como una enunciación de la verdad, es más fácil entender que Jesús nos presentara el amor como una ley: el amor impregna toda la creación divina; el amor es la realidad última de todas las cosas. Así también es más fácil de comprender que su reino no fuera de este mundo, donde los hombres necesitan de leyes que les prohíban cometer actos violentos. El Reino de Dios es éste donde impera el amor, como algo que fluye de los corazones humanos de encarnados y desencarnados. El Reino de Dios no está en el cielo. Tampoco está en la muerte. El reino de Dios está ahí donde el hombre actúa según su conciencia, en la que por herencia divina está la verdad y la paz, conocidos en la Tierra por el nombre de Amor.


La Doctrina Espírita adopta como bandera el lema “Fuera de la caridad, no hay salvación”. No afirma fuera del espiritismo o fuera del cristianismo… Fuera de la CARIDAD no hay salvación, porque la caridad es sinónimo de amor. En la caridad, tenemos el gran taller del amor. Por esto los espíritus nos enseñan muchas y variadas maneras de hacer la caridad; por esto repiten una y otra vez que nos dediquemos a la caridad; por esto afirman que fuera de la caridad no hay salvación.


Hay personas que esperan que les toque el gordo para hacer la caridad, que piensan que la caridad debe ser algo grandioso, y que de no ser así no vale la pena hacer nada. Están estancadas, inertes, esperando que Jesús les salve, que el médico de almas les cure… Cuando el Maestro hace, desde siempre, todo lo que está en sus manos para que rompamos esta inercia y aprendamos a amar. 
La caridad es el gran taller del amor. Hay que entrar al taller, aprender a usar sus herramientas, familiarizarse con el material, atender a los maestros… Hay que tener la humildad de reconocerse aprendiz, desear aprender, creer que se puede, dedicarse al trabajo… Hay que invertir tiempo, ilusión y sacrificio. Hay que ponerle ganas… 

Yo no sé cómo fue que algunos nos convencimos de que Cristo Salva sin que tengamos que renunciar a nuestras imperfecciones o corregir lo que hemos hecho mal… Porque este hijo de carpintero dijo “el que quiera seguirme, que coja su cruz”. El Maestro dijo, “Aprended de mí”. Jesús nos invita al trabajo, al aprendizaje del amor: y la caridad es la gran escuela del amor.
     
Pensando en la caridad y reflexionando sobre las enseñanzas del espiritismo, he llegado a entender que la verdadera caridad no está en dar lo que el otro necesita, sino en ofrecer lo mejor de uno mismo. Dar lo  que el otro necesita es la beneficencia, que no está mal para empezar, pero que no exige un cambio de actitud del que la hace. La caridad tiene que cambiar al que la hace, no al que la recibe. Si haces algo por los demás y esperas que te demuestren gratitud, no estás haciendo la caridad, porque esperas que tu gesto cambie a quién lo recibió. Para ser caridad, tu gesto te tiene que cambiar a ti. Por esto incluso cuando hacemos la caridad material, los espíritus advierten que la hagamos con humildad, no sólo con modestia – que es fácil de encontrar entre los que practican la beneficencia.

La caridad es un taller tan maravilloso que hasta quién no tiene nada puede dar mucho. Hasta quién no tiene tiempo ni dinero, pero tiene disposición, puede dar mucho. Porque la verdadera caridad no está en dar lo que el otro necesita, sino en ofrecer  lo mejor de uno mismo. Todo el mundo puede hacer la caridad ofreciendo a las personas de su convivencia más cercana una pequeña dosis diaria de PACIENCIA, TOLERANCIA e INDULGENCIA. Y si nos cuesta, si perdemos la paciencia a menudo, si nos es difícil convivir con quién piensa diferente que nosotros y no hace las cosas de la manera y en el momento que queremos que las hagan, si criticamos a los demás especulando las causas de sus comportamientos... Es el momento de ponerse las "gafas de la misericordia". 


¡Advertencia! Te sentirás ridículo, se te quedarán grandes, se reirán de ti... porque los valores de la paciencia, la tolerancia y la indulgencia no son compartidos por gran parte de la sociedad actual. Paciencia =) ¿Cuántas veces hay que ponerse las gafas de la misericordia? ¡HASTA QUE TE SIENTAS CURADO! Un bello día, aquel compañero de trabajo que era intratable ya no será tan difícil de llevar; aquel jefe recibirá tu comprensión naturalmente, no sentirás rencor por el daño que tu pareja te haya hecho... Y en este lindo día, podrás decir, "La terapia del amor ha funcionado". Hasta entonces, se recomienda poner las gafas a menudo, tenerlas siempre a mano para momentos difíciles y actuar con la misma dosis de paciencia, tolerancia e indulgencia hacia uno mismo.


Mientras la caridad nos va educando el corazón para amar sin ser amados, para ser pacientes, tolerantes e indulgentes… vamos viviendo esta terapia de amor que nos muestra lo que realmente somos: hijos de Dios, hermanos de nuestros hermanos… Y si en algún momento nos vemos haciendo algo por los demás, puede que nos preguntemos llenos de espanto ¿Quién es el médico y quién es el paciente? Ya no hay médico, ya no hay paciente, porque la ignorancia no es una enfermedad. Es algo de lo que debemos despojarnos para ser la luz del mundo, la sal de la tierra.

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