miércoles, 31 de diciembre de 2014

El método científico

EL MÉTODO CIENTÍFICO
Jonathan  Levy




Se alega que la tradición científica normal del paradigma kardeciano permanece sin rival como guía científica para el estudio del fenómeno espírita.  Se admite generalmente que el conocimiento  científico se diferencia a sí mismo de otras formas del conocimiento por medio de ciertas características o rasgos específicos.  Para determinar qué son, si algo, estas características han constituido el mayor reto para los filósofos, por lo menos desde el comienzo de la ciencia moderna, en los siglos dieciséis y diecisiete.  En su pionero análisis filosófico de la ciencia, Francis Bacon presentó lo que fue la adopción del método no especial, el método científico, que diferenció la ciencia de la no-ciencia y de la pseudo-ciencia.  En la filosofía de la ciencia, la descripción del método científico dada por Bacon sobrevivió, con algunas alteraciones, hasta aproximadamente mediados de nuestro siglo y es todavía ampliamente adoptado por los científicos.

En términos generales, el punto de vista tradicional de la ciencia supone que una disciplina científica empieza con un largo proceso de pura observación.  De los datos así recopilados, las leyes generales que rigen sobre los fenómenos son entonces extraídas.  Una teoría científica es un conjunto de esas leyes, respecto a un determinado campo fenoménico.  La ciencia progresa mediante la adición de nuevos datos experimentales y de nuevas leyes a las teorías existentes.

Cortesía de renjith krishnan en freedigitalphotos.net
En el panorama así bosquejado, los siguientes supuestos son esenciales: 1) Ninguna hipótesis teórica cualquiera puede intervenir durante el período de recolección de datos: las observaciones deben ser teóricamente neutrales.  2) También, las leyes deben ser extraídas mediante la observación objetiva con base en métodos teóricamente neutrales.  3) Las nuevas leyes descubiertas durante la evolución de una ciencia son siempre complementarias, y nunca incompatibles con las leyes ya establecidas.

Quiero destacar que ésta fue la posición que adoptó Allan Kardec, una posición neutra ante los acontecimientos, y se dedicó a observar e investigar aplicando el método científico antes de concluir a favor o en contra de dichos acontecimientos.

Todo el que conozca la historia del Espiritismo y que haya leído, analizado y entendido las contribuciones de Allan Kardec, podrá conceder nuestras dos principales tesis.  Éstas son: que la obra de Kardec constituye un paradigma científico genuino, y que este paradigma representa, hasta el día de hoy, el único camino por donde la investigación científica del espíritu puede ser conducida con seguridad.  Las explicaciones y justificaciones completas de estos planteamientos requieren la exposición y análisis del Espiritismo en su totalidad y de las alternas propuestas de estudio de la fenomenología espírita que ha surgido desde el tiempo de Kardec.  Evidentemente eso no es posible realizarlo por falta de espacio en este texto.  Sólo indicaré algunos puntos sobresalientes, con la esperanza de motivar a aquellos que quieran ahondar más en esta cuestión.

Como el mismo Kardec observó repetidamente, algunos de los más conspicuos hechos que fundamentaron su investigación eran ya conocidos, aunque imprecisa y obscuramente, desde los más lejanos tiempos de la civilización humana.  Sin embargo, aunque habían atraído el interés de individuos y doctrinas, hasta el comienzo del Espiritismo no había un paradigma científico capaz de integrarlos en una teoría abarcadora, precisa y objetiva.  Constituía éste el período pre-paradigma de la investigación del espíritu.  Allan Kardec puso fin a ese período.  Propuso la primera teoría del fenómeno espírita bien fundamentada.  Además de la teoría explicativa propiamente considerada, el Espiritismo codificado por Kardec provee un conjunto de métodos, criterios y valores para guiar el desarrollo de la teoría y la experiencia.  El paradigma kardeciano es admirablemente coherente y abarcador, empíricamente adecuado y heurísticamente fértil, de la misma categoría, en su campo, de los más exitosos paradigmas de las ciencias académicas ordinarias, tales como la termodinámica, el electromagnetismo, la teoría de la relatividad y la cuántica, etc.

En una aproximada indicación, se puede decir que el Libro de los Espíritus establece la ontología y los principios teóricos fundamentales del Espiritismo.  El Libro de los Médiums une la teoría con la base experimental.  El Evangelio según el Espiritismo y El Cielo y el Infierno desarrollan las implicaciones filosóficas del paradigma.  La Génesis y muchos ensayos publicados en la Revue Spirite (Revista Espírita) y en Obras Póstumas proveen análisis con profundidad de varias cuestiones teóricas.  La Revue también representa un rico repositorio de informes experimentales.

Además de la teoría y ciencia espírita, Kardec nos dejó un rico legado de concretos ejemplos de la aplicación de la teoría en la explicación de los fenómenos y en la resolución de viejos problemas filosóficos con respecto a la naturaleza humana.  Podemos ver que dichos modelos desempeñan un importante rol en la comprensión de la esencia real del Espiritismo.  Aquellos que no han profundizado en ellos siempre serán incapaces de emitir un juicio correcto sobre el Espiritismo.  La consideración puramente “externa” de la teoría no conduce al importante conocimiento tácito de la ciencia espírita.  Singularmente, la virtual totalidad de los críticos del Espiritismo no pueden ni siquiera reclamar un conocimiento superficial de su teoría.

Es muy importante recalcar que el trabajo pionero de Kardec no representa un sistema cerrado, sino la base de donde la ciencia espírita procede su continuo avance.  El paradigma espírita ha sido desarrollado en aspectos importantes por varios investigadores, en la sólida tradición de la ciencia normal.  Para mencionar unos par de ellos, León Denis y Gabriel Delanne en los tiempos iniciales.

La Historia de la ciencia indica que han ocurrido revoluciones en casi todas las disciplinas científicas.  Alguien podrá levantar la cuestión de si el paradigma espírita será reemplazado o no necesitará serlo.  Ésta es una cuestión compleja, y las limitaciones de espacio aquí no permiten analizarla completamente. Sin embargo, me gustaría bosquejar dos consideraciones al respecto.

Primero, un cuidadoso examen demuestra que el Espiritismo no experimenta, y nunca ha experimentado ningún proceso de acumulación de anomalías.  Como hemos visto, en la ciencia este proceso es un requisito para la instalación de una crisis y para la proliferación de paradigmas, y por tanto para las revoluciones científicas.  De este hecho es fácil concluir que todos los intentos que se han hecho para crear, en nombre de la ciencia, nuevas líneas de investigación del fenómeno espírita han sido metodológicamente prematuros e injustificables, contribuyendo a obstaculizar en lugar de promover el progreso del conocimiento.

Segundo, debido a la naturaleza de la teoría espírita, uno no debe esperar que pueda ser sustituida, por lo menos en lo que concierne a sus principios básicos.  Esos principios están muy cerca del nivel fenomenológico, siendo por lo tanto muy estables desde el punto de vista teórico.  Utilizando un concepto filosófico, se podría clasificar la teoría espírita como muy fenomenológica.  El más famoso ejemplo de una teoría fenomenológica en las ciencias académicas es la termodinámica, que fue desarrollada a mediados del siglo diecinueve, y se ha conservado inalterada desde entonces.  Ésta no fue conmovida cuando la física fue sometida a grandes revoluciones relativistas y cuánticas, que cambiaron radicalmente el concepto de materia.  Éste aspecto de la termodinámica era muy atrayente, entre otros, para Einstein, quien trató de desarrollar su teoría especial de la relatividad en modelos fenomenológicos.

En las teorías no-fenomenológicas, que forman la mayor parte de la física y la química, el grado de “teoría” de los principios es muy grande, porque están más distantes del nivel empírico.  La brecha entre la teoría y la observación es más ancha, y la confianza con que lo anterior puede ser expresado es correspondientemente menor, como siempre habrá varios principios alternativos y teorías plausibles para predecir y explicar un mismo fenómeno.  La historia de la física y de la química ilustra la vulnerabilidad de sus teorías constructivas.
Los principios fundamentales del Espiritismo, tales como la existencia, preexistencia y supervivencia del espíritu, el libre albedrío y la ley de causa y efecto, etc., son proposiciones pertenecientes a la misma categoría epistemológica que, por ejemplo, las proposiciones de que el fuego quema y la cicuta envenena, que Roma y el Sol existen.  Su confirmación no depende de instrumentos ni de elevadas y arriesgadas teorías constructivas.  Éste asunto fue analizado por el mismo Allan Kardec.

Veamos un ejemplo.  Una persona debería estar enajenada para no concluir la existencia de una amiga al recibir una carta de ella comentando detalles confidenciales sobre su relación mutua, escrita en su letra, y conteniendo su rúbrica.  Supongamos que la amiga desencarna y se recibe otra carta de la misma clase y detalles, no por el correo ordinario, sino por un médium psicográfico. ¿Qué ha cambiado desde el punto de vista epistemológico?  Absolutamente nada, y entonces se pueden deducir legítimamente las mismas inferencias.  Ahora, los hechos y razonamientos que forman la base científica del Espiritismo son tan directos como éstos.

La clase de fenómenos que dieron pie, y mantuvieron directamente al paradigma espírita es muy amplia, y no incluye tan sólo las arriba mencionadas comunicaciones psicográficas, sino también la psicofonía (comunicación espírita oral), xenoglosia (expresión en lengua desconocida), materializaciones de espíritus y objetos, ver y oír espíritus y cosas pertenecientes al mundo espiritual, y muchos otros.  Además de estos fenómenos específicos (los fenómenos espíritas), el Espiritismo explica, y por tanto confirma, por medio de innumerables fenómenos ordinarios relacionados con las características físicas, fisiológicas y morales humanas tales como sentimientos e inclinaciones, simpatías y antipatías, algunos notables incidentes en nuestros efectos psicosomáticos, patologías psíquicas, etc.  Aquellos que han intentado formular ciencias no-espiritistas del espíritu casi invariablemente desconocen este vasto cuerpo de evidencia a favor del Espiritismo.  Pero aún, no toman en consideración la gran variedad de los fenómenos espíritas, y mucho menos sus explicaciones realizadas por una teoría tan coherente y heurísticamente fuerte.
Allan Kardec poseía un sentido filosófico que estaba muy adelantado para su tiempo.  Él identificó correctamente los rasgos de una ciencia genuina, y condujo sus investigaciones de acuerdo con ellos.  Esta afirmación está apoyada por ambos, la inspección de sus logros y los muchos pasajes explícitos de sus textos relacionados con la naturaleza y el método de la ciencia.  La filosofía científica contemporánea ha vindicado abrumadoramente el análisis y los procedimientos kardecianos, demostrando cuál es realmente la verdadera ciencia del espíritu.


Foto: cortesía de dan en freedigitalphotos.net
El científico usa métodos definitorios, métodos clasificatorios, métodos estadísticos, métodos hipotético-deductivos, procedimientos de medición, etc.  Según esto, referirse al método científico es referirse a este conjunto de tácticas empleadas para constituir el conocimiento, sujetas al devenir histórico, y que pueden ser otras en el futuro.  Ello nos conduce tratar de sistematizar las distintas ramas dentro del campo del método científico.
La filosofía reconoce numerosos métodos, entre los que están el método por definición, demostración, dialéctico, trascendental, intuitivo, fenomenológico, semiótico, axiomático, inductivo.  La filosofía de la ciencia es la que, en conjunto, mejor establece los supuestos ontológicos y metodológicos de las ciencias, señalando su evolución en la historia de la ciencia y los distintos paradigmas dentro de los que se desarrolla.

Por proceso o "método científico" se entiende aquellas prácticas utilizadas y ratificadas por la comunidad científica como válidas a la hora de proceder con el fin de exponer y confirmar sus teorías.  Las teorías científicas, destinadas a explicar de alguna manera los fenómenos que observamos, pueden apoyarse o no en experimentos que certifiquen su validez. Sin embargo, hay que dejar claro que el mero uso de metodologías experimentales, no es necesariamente sinónimo del uso del método científico, o su realización al 100%.  Por ello, Francis Bacon definió el método científico de la siguiente manera:

Observación: Observar es aplicar atentamente los sentidos a un objeto o a un fenómeno, para estudiarlos tal como se presentan en realidad, puede ser ocasional o causalmente.

Inducción: La acción y efecto de extraer, a partir de determinadas observaciones o experiencias particulares, el principio particular de cada una de ellas.

Hipótesis: Planteamiento mediante la observación siguiendo las normas establecidas por el método científico.

Probar la hipótesis por experimentación.

Demostración o refutación (antítesis) de la hipótesis.

Tesis o teoría científica (conclusiones).

Así queda definido el método científico tal y como es normalmente entendido, es decir, la representación social dominante del mismo.  Y así procedió Allan Kardec al elaborar los postulados fundamentales de la Doctrina Espírita y al dar cuerpo a los principios espirituales que investigó.

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