martes, 9 de diciembre de 2014

La crónica de la caravana CEADS al congreso

Hola familia,

el congreso espírita es siempre una experiencia increhíble porque tenemos la oportunidad de reunirnos con compañeros de ideal de toda España. Solidarizarnos con los trabajadores espíritas de otros centros, conocer un poco de la realidad y propagación del espiritismo en su región es motivo de gran alegría. En este evento, reencontramos amigos a quiénes, en muchos casos, sólo vemos en esta ocasión, pero no por ello son menos queridos. CEADS estuvo bien representado en este congreso, no sólo por los compañeros Janaina y Alfredo, con sus conferencias, si no también por un bello y numeroso grupo: ¡hemos sido 14 personas en total! La alegría de esta caravana queda evidente en las fotos que podéis ver. El aprendizaje fue enorme. Ya estamos deseando que el próximo congreso llegue pronto, para seguir aprendiendo y confraternizando más y mejor.

 

Os cuento un poco de las conferencias de nuestros compañeros. Janaina llevó al congreso su trabajo "La terapia del amor". Los que habéis visto esta conferencia en CEADS recordaréis las "gafas de la Misericordia", ¿verdad? Pues cuando Janaina se las puso, la gente sorprendida se rió y aplaudió a media conferencia. Es curioso cómo un detalle así puede marcar la intención de alguien en cambiar su comportamiento. Ojalá la conferencia sirva para que muchos se animen a ser más misericordiosos en la vida cotidiana. En "La terapia del amor” Janaina nos propuso reflexionar sobre el amor y la caridad para convertimos en agentes terapéuticos de nuestra propia liberación. La figura del médico, que prescribe una medicina para el síntoma de una enfermedad se sustituye por la del terapeuta que ama y se cura a sí mismo. Debemos comprender lo que nuestra Doctrina nos trasmite en todos sus mensajes de luz: somos artífices de nuestro destino, debemos ser responsables de crear un futuro más feliz reestructurando pensamientos, sentimientos, comportamientos verbales y actitudes. La caridad moral es buena maestra en este proceso terapéutico de uno mismo: tener paciencia, tolerancia y indulgencia con los demás nos ayuda a crecer como personas. Muchas veces pensamos que lo hacemos por los demás, pero tener paciencia es algo que hacemos por nosotros mismos. Aprendemos en la critica silenciada a amar incondicionalmente; aprendemos en el respeto a los puntos de vista distintos y aceptación de diferentes maneras de hacer las cosas a amar incondicionalmente. Tal vez no haya mejor maestro del amor incondicional que el perdón que damos por anticipado a las faltas ajenas, lo que se suele llamar indulgencia. Como todo esto esta difícil de hacer, practicamos cómo ponernos las gafas de la misericordia: ¡Literalmente! Nos disponemos así a ver el mundo tras las lentes de la tolerancia, la indulgencia y la paciencia hasta que la caridad moral nos haya curado. De esta terapia tan exigente surge el ser consiente que, fortalecido por el conocimiento de la doctrina Espírita, progresa en el camino de una vida plena, sana y feliz.


Nuestro compañero Alfredo explicó que el suicidio es, por sus características y efectos tan particulares, una acción muy infeliz, que violenta las Leyes Divinas y que depara unas inevitables, desgraciadas y complicadas consecuencias para aquella persona que caiga en él. Al Espíritu, tras la aniquilación de su vida física, le aguarda una gran sorpresa y desengaño, en el que se dará cuenta de que la vida no ha finalizado con la destrucción del cuerpo físico, teniéndose que enfrentar, como consecuencia directa y natural de su desdichada acción, a una serie de situaciones y de estados muy complejos que le pueden marcar la existencia durante muchísimo tiempo, tanto en el plano espiritual como en próximas reencarnaciones. No obstante, es verdad, las consecuencias y responsabilidades para aquellos que se han suicidado pueden variar, según cada caso, en los que habrá que tener en cuenta diversos factores y circunstancias, con sus atenuantes o agravantes, según las condiciones individuales y particulares de cada uno. Pero nunca, anticipar la muerte a través del suicidio, es una solución, y sí es siempre un acto mal entendido y, sobretodo, inútil y absurdo, porque queriéndose liberar el ser humano de unas situaciones o problemas que cree insalvables o insoportables, sin embargo, no se va a poder liberar de sus compromisos como alma inmortal, pues forman parte de su aprendizaje y de sus pruebas y que, por ser ineludibles, deberá afrontarlos nuevamente en próximas reencarnaciones hasta vencerlos y superarlos definitivamente. No cabe otra opción para el suicida que enfrentar, con serenidad y esperanza, el futuro, donde el Amor y la Misericordia de Dios le va a brindar nuevas y valiosísimas oportunidades para rectificar el error cometido y armonizarse con las perfectas Leyes Divinas. Es imprescindible que asumamos nuestro origen espiritual y reflexionemos sobre todo lo que se desprende de ese conocimiento y de esa extraordinaria realidad de la que, por mucho que lo intentemos, nunca vamos a poder huir: ¡Somos Espíritus inmortales¡ ¡La muerte no existe¡. ¡Amemos y respetemos la vida¡¡Amemos y respetemos nuestra vida¡

¡El año que viene, más y mejor! Esperemos, ¡con más compañeros!

Cariños de la hermana menor

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