jueves, 11 de junio de 2015

Utilización del magnetismo humano espiritual

Buenos días

Este sábado en CEADS nos toca el ESDE con el estudio de dos temas muy interesantes: el agua fluidificada y la oración según la utilización del mgnestismo humano-espiritual.

¡Estáis todos invitados!

Divulgación CEADS





Utilización del magnetismo humano espiritual en la Institución Espírita: el agua fluidificada

El (..) agua es uno de los vehículos conductores más poderosos para toda clase de fluidos  informa el Espíritu André Luiz en las palabras del benefactor espiritual Lísias.

Esclarece además, que en la Colonia Nuestro Hogar el agua es empleada, sobre todo, como alimento y remedio, y que allí existen tareas consagradas exclusivamente a la manipulación del agua pura mediante la captación de elementos provenientes del sol y del magnetismo espiritual.

En la Institución Espírita, es común que los benefactores espirituales magneticen el agua e incorporen al líquido sencillos recursos magnéticos de gran valor para el equilibrio psicofísico del enfermo. Además, hay innumerables sustancias en la Naturaleza que pueden ser transformadas, pero el agua es el vehículo que se prefiere por la simplicidad de su constitución molecular. Este principio explica el fenómeno conocido por todos los magnetizadores que consiste en que, por la acción de la voluntad, se le imprima a una sustancia, al agua, por ejemplo, propiedades muy diversas: un sabor determinado y hasta las cualidades activas de otras sustancias.



Desde el momento en que no hay más que un solo elemento primitivo y que las propiedades de los diferentes cuerpos son solamente modificaciones de ese elemento, se deduce que la sustancia más inofensiva tiene el mismo principio que la más deletérea. De esta manera, el agua, que está formada por una parte de oxígeno y dos de hidrógeno, se torna corrosiva si se duplica la proporción del oxígeno (se transforma en agua oxigenada, la que, si no está diluida, es un potente corrosivo).

Una transformación análoga puede producirse por medio de la acción magnética dirigida por la voluntad. Es así que las más simples sustancias (...) pueden adquirir poderosas y efectivas cualidades bajo la acción del fluido espiritual o magnético al cual sirven de vehículo o, si se quiere, de reservorio.



Utilización del magnetismo humano-espiritual en la Institución Espírita: la oración

La oración es una importante práctica espírita recomendada por los mismos Espíritus Orientadores de la Codificación Espírita.

Sin duda. (...) La oración es un prodigioso baño de fuerzas, por la vigorosa corriente mental que atrae. (..) La oración, junto con el reconocimiento de nuestra falta de merecimiento, nos coloca en la posición de simples eslabones de una cadena de socorro cuya orientación reside en lo Alto. A través de la oración el hombre obtiene la cooperación de los buenos Espíritus que acuden a sustentarlo en sus buenas resoluciones y le inspiran sanas ideas. De ese modo, adquiere la fuerza moral que necesita para vencer las dificultades y para retornar al camino recto, si es que se ha apartado de él. Por este medio también puede desviar de sí mismo los males que atrajera por sus propias faltas. En este sentido, la (...) oración no es un movimiento mecánico de los labios ni un disco de fácil repetición en el mecanismo de la mente. Es vibración, energía, poder. La criatura que ora, activa sus propias fuerzas y realiza trabajos de intraducible significación. Ese estado psíquico pone de manifiesto energías desconocidas, revela nuestro origen divino y nos pone en contacto con las fuentes superiores.



Como la oración ejerce una acción magnética, se podría suponer que su efecto depende de la fuerza fluídica, pero no es así. Los Espíritus son los que ejercen esa acción sobre los hombres, y cuando es necesario, suplen la insuficiencia de aquel que ora actuando en forma directa en su nombre, o le brinda momentáneamente una fuerza excepcional cuando lo consideran digno de esa gracia, o cuando esa fuerza pueda ser provechosa. La persona que no se considere lo suficientemente buena como para ejercer una influencia saludable, no debe por eso abstenerse de orar por el bien de otra ante la idea de que no es digna de ser escuchada.

El poder de la oración está en el pensamiento; no depende de las palabras, ni del lugar, ni del momento en que se diga. Por lo tanto, se puede orar en todas partes, a cualquier hora, a solas o en conjunto. La influencia del lugar o del tiempo sólo incide en la circunstancia de favorecer el recogimiento.

La oración en conjunto tiene una acción más poderosa cuando todos los que oran se unifican de corazón en un mismo pensamiento y tienen el mismo objetivo; es como si muchos clamaran juntos y al unísono.

Pero ¡¿qué importa si es grande el número de personas que se reúnen para orar, si cada una actúa aisladamente y por cuenta propia?! Cien personas juntas pueden orar como egoístas, mientras que dos o tres, unidas por una misma aspiración, orarán como verdaderos hermanos en Dios, y la oración que dirijan tendrá más fuerza que la de las otras cien.

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