domingo, 5 de julio de 2015

Los obreros de la última hora

Hola familia,

ayer tuvimos en CEADS la presencia siempre especial de fernando Espello. Las charlas de fernando suelen ser sencillas, inspiradas y dirigidas hacia las necesidades de la gente que le está escuchando. Habla al corazón desde su experiencia de trabajador y divulgador espírita. Con la charla de ayer, “Los obreros de la última hora”, nos recordaba a los espíritas que conocer la doctrina es una responsabilidad de auto encuentro y encuentro con la ley cósmica. Cada día, el Señor sale a buscar trabajadores para el campo de las necesidades humanas. ¿Cuánto tiempo pospondremos el servicio para el que la doctrina nos convoca? Es hora de remangar y servir.



Os dejo el pasaje comentado por Fernando ayer, así como las instrucciones de los espíritus. Seamos como el trabajador que, bien dispuesto, dice sí al Señor que le ofrece trabajo, sea el momento que sea el que se nos presente la oportunidad de servir.

Cariños de la hermana menor 

Los obreros de la última hora
Semejante es el reino de los cielos a un hombre padre de familia que salió muy de mañana a ajustar trabajadores para su viña. - Y habiendo concertado con los trabajadores darles un denario por día, les envió a su viña. - Y saliendo cerca de la hora de tercia, vió otros en la plaza, que estaban ociosos. - Y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. - Y ellos fueron. Volvió a salir cerca de la hora de sexta y de nona, e hizo lo mismo. Y salió cerca de la hora de vísperas, y halló otros, que se estaban allí, y les dijo: ¿Qué hacéis aquí todo el día ociosos? - Y ellos le respondieron: Porque ninguno nos ha llamado a jornal. Díceles: Id también vosotros a mi viña. Y al venir la noche, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: Llama a los trabajadores, y págales su jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. - Cuando vinieron los que habían ido cerca de la hora de vísperas, recibió cada uno su denario. - Y cuando llegaron los primeros, creyeron que les daría más; pero no recibió sino un denario cada uno. -Y tomándole, murmuraban contra el padre de familias, diciendo: Estos postreros sólo una hora han trabajado, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos llevado el peso del día y del calor. Mas él respondió a uno de ellos, y le dijo: Amigo, no te hago agravio: ¿no te concertaste conmigo por un denario? - Toma lo que es tuyo y vete, pues yo quiero dar a este postrero tanto como a tí. - ¿No me es lícito hacer lo que quiero? ¿Acaso tu ojo es malo porque yo soy bueno?Así "serán los postreros, primeros: y los primeros, postreros; Porque muchos son los llamados, mas pocos los escogidos". (San Mateo, cap. XX, v. de 1 a 16).
Los últimos serán los primeros

2. El obrero de la última hora tiene derecho al salario; pero es menester que su buena voluntad le haya tenido a disposición del Señor que debía emplearle, y que este retraso no sea fruto de su pereza o de su mala voluntad. Tiene derecho al salario, porque desde el alba, esperaba impacientemente al que le llamase a la obra; era trabajador, sólo le faltaba trabajo. Pero si hubiese rehusado el trabajo todas las horas del día, si hubiese dicho: "Tomemos paciencia, el reposo me es agradable; cuando suene la última hora, será tiempo de pensar en el salario del día: ¿por qué tengo necesidad de molestarme por un amo que no conozco, a quien no quiero? cuanto más tarde, será mejor". Este, amigos míos, no hubiera encontrado el salario del obrero, sino el de la pereza. ¡Qué será, pues, de aquel que, en lugar de permanecer simplemente en la inacción, haya empleado las horas destinadas al trabajo del día en cometer actos culpables, que haya blasfemado de Dios, vertido la sangre de sus hermanos, puesto la turbación en las familias, arruinado a los hombres de buena fe, abusado de la inocencia, que se haya, en fin, arrastrado en todas las ignominias de la humanidad!; ¿que será, pues, de aquél? ¿Le bastará decir en la última hora: Señor, yo he empleado mal el tiempo; tomadme hasta concluir el día, aun cuando haga poco, muy poco de mi tarea, y dadme el salario del trabajador de buena voluntad? No, no; le dirá el Señor: no tengo trabajo para tí por ahora, tú has malgastado el tiempo; has olvidado lo que has aprendido; no sabes trabajar en mi viña. Empieza otra vez a aprender, y cuando estés mejor dispuesto, vendrás a mí, te abriré mi vasto campo y podrás trabajar en él todas las horas del día. Buenos espiritistas, queridos míos, vosotros sois todos trabajadores de la última hora. Muy orgalloso fuera el que dijese: He empezado la obra a la aurora y no la concluiré hasta el anochecer. Todos vosotros habéis venido cuando se os ha llamado, un poco más temprano o un poco más tarde para la encarnación cuya cadena lleváis; ¡pero cuántos siglos han pasado desde que el Señor os ha llamado a su viña sin que hayáis querido entrar en ella! Este es el momento de tomar el salario; emplead bien esta hora que os queda, y no olvidéis que vuestra existencia, tan larga como os parece, sólo es un momento fugitivo en la inmensidad de los tiempos que forman para vosotros la eternidad. (Constantino, espíritu protector. Bordeaux, 1863).


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