domingo, 15 de noviembre de 2015

El médium y el ambiente de las comunicaciones mediúmnicas

Hola familia,

ayer en CEADS empezamos el estudio de la influencia moral del médium y del medio ambiente en las comunicaciones mediúmnicas. No nos dió tiempo de acabar el tema porque fuimos paso a paso, sacando dudas y comentando aspectos relacionados a medida que leíamos el texto. Continuaremos en la próxima clase del ESDE, pero aún y así os dejo el texto completo, para que podáis estudiarlo, revisar lo que hemos estudiado y preparar la próxima sesión que será en dos semanas.

Cariños de la hermana menor

1. Influencia moral del médium en las comunicaciones mediúmnicas

La influencia moral del médium en las comunicaciones mediúmnicas se basa, en general, en la simpatía que éste sienta por los Espíritus que se comunican (...) ya que si éstos no le son simpáticos, el médium puede alterar sus respuestas y asimilarlas a sus propias ideas y a sus tendencias, pero no influencia a los Espíritus autores de las respuestas. Se trata solamente de un mal intérprete. De esa manera, los Espíritus, naturalmente (…) buscan el intérprete que más simpatice con ellos y que transmita con mayor exactitud sus pensamientos. Cuando no hay simpatía entre ellos, el Espíritu del médium es un antagonista que ofrece resistencia y que se torna en un intérprete de mala calidad, muchas veces, infiel.

Por lo tanto, aunque la facultad mediúmnica radique en el organismo y no dependa de lo moral, (...) no sucede lo mismo con su aplicación, que puede ser buena o mala, según las cualidades del médium. De hecho, (...) si bien desde el punto de vista de la ejecución, el médium no es más que un instrumento, ejerce sin embargo una influencia muy grande desde el aspecto moral. Puesto que para comunicarse el Espíritu desencarnado se identifica con el Espíritu del médium, esta identificación no se puede producir sino cuando hay simpatía entre uno y otro, y, si es lícito decirlo, afinidad. El alma ejerce sobre el Espíritu libre una especie de atracción o de repulsión, según el grado de semejanza que exista entre ellos. Por lo tanto, los buenos tienen afinidad con los buenos y los malos con los malos, de donde se desprende que las cualidades morales del médium tienen una influencia fundamental sobre la naturaleza de los Espíritus que se comunican por su intermedio. Si el médium es vicioso, se agruparán en entorno de él Espíritus inferiores, siempre dispuestos a ocupar el lugar de los buenos Espíritus evocados.

Las cualidades que preferentemente atraen a los buenos Espíritus son: la bondad, la benevolencia, la sencillez de corazón, el amor al prójimo, el desprendimiento de las cosas
materiales. Los defectos que los apartan son: el orgullo, el egoísmo, la envidia, los celos, el odio, la codicia, la sensualidad y todas las bajas pasiones que esclavizan al hombre a la materia.5 De todos esos defectos, el que los Espíritus inferiores (...) explotan con más habilidad, es el orgullo, porque es el que la criatura menos reconoce poseer en sí misma. El orgullo ha perdido a muchos mediums dotados de las más bellas facultades; si no hubiera sido por esa imperfección, hubieran podido transformarse en notables instrumentos muy útiles, mientras que, prisioneros de Espíritus mentirosos, sus facultades se aniquilaron después de haberse pervertido, y más de uno se vio humillado por amarguísimas decepciones.6 Entre tanto, el (...) médium que comprende su deber, en vez de enorgullecerse de poseer una facultad que no le pertenece, ya que se le puede retirar, atribuye a Dios las buenas cosas que obtiene. Si sus comunicaciones recibieron elogios, no se envanecerá por eso porque sabe que son independientes de su mérito personal; agradece a Dios el haber consentido que por su intermedio se comunicaran buenos Espíritus. Si sus comunicaciones dan lugar a críticas, no se ofende, porque no son obras de su propio Espíritu. Por el contrario, reconoce en su íntimo que no fue un buen instrumento y que no dispone de todas las cualidades necesarias para evitar que Espíritus atrasados se hayan inmiscuido.


Entonces, se preocupa por adquirir esas cualidades y suplica, mediante la oración, las fuerzas que le faltan.1 Sobre este tema, el Espíritu Erasto nos brinda la siguiente instrucción: en principio se puede afirmar que los Espíritus atraen a los Espíritus que son similares, y que raramente los Espíritus de las pléyades elevadas se comunican por intermedio de equipos que son malos conductores cuando tienen a su disposición buenos equipos mediúmnicos, en una palabra, buenos mediums. Los mediums frívolos o poco serios, atraen a Espíritus de la misma naturaleza; por eso es que en sus comunicaciones abundan las banalidades, las frivolidades, las ideas truncadas y, por lo general, muy heterodoxas espiritualmente hablando. Por cierto que ellos a veces pueden decir, y dicen, cosas provechosas, pero es en ese caso que se necesita realizar principalmente, un severo y escrupuloso examen, porque en medio de esas cosas provechosas, los Espíritus hipócritas insinúan con habilidad y preconcebida perfidia, hechos de su propia invención, argumentos falaces, con el fin de burlar la buena fe de los que les prestan atención. (...) Pero, donde se hace sentir realmente la influencia moral del médium, es cuando éste sustituye las ideas que los Espíritus se esfuerzan en sugerirle por sus ideas personales, y también, cuando extrae de su imaginación teorías fantásticas que de buena fe considera que provienen de una comunicación intuitiva. Cabe entonces apostar mil contra uno, que eso no es más que un reflejo del mismo médium.

También se produce el curioso hecho de que la mano del médium se mueve muchas veces casi mecánicamente, impulsada por un Espíritu secundario y burlón. Ésta es la piedra de toque contra la cual se quiebran las imaginaciones ardientes, por eso es que, arrebatados por el ímpetu de sus propias ideas, por los oropeles de sus conocimientos literarios, los mediums desconocen el dictado modesto de un Espíritu criterioso, y, dejando de lado la presa por su sombra, lo sustituyen con una paráfrasis pomposa. Contra este terrible escollo chocan también las personalidades ambiciosas, que a falta de las comunicaciones que los buenos Espíritus no les brindan, presentan sus propias obras como si fueran de esos Espíritus.7 “Ante la duda, abstente”, dice uno de vuestros proverbios más antiguos. Por lo tanto, no admitáis sino aquello que a vuestros ojos sea de manifiesta evidencia. Cuando se presente una nueva opinión, aunque os parezca poco dudosa, pasadla por el crisol de la razón y de la lógica, y rechazad sin ningún temor lo que la razón y el buen sentido desaprueben.


Es mejor rechazar diez verdades que admitir una sola falsedad, una sola teoría errónea. Efectivamente, sobre esta teoría podríais construir un sistema completo que se desmoronaría con el primer soplo de la verdad como un monumento edificado sobre arena movediza, mientras que si hoy rechazáis algunas verdades porque no se os han presentado en forma clara y lógica, más tarde, un hecho irrefrenable o una demostración irrefutable aparecerá para afirmaros su autenticidad.7 Junto con la enseñanza general sobre este tema, es importante resaltar el trabajo específico de socorro a los Espíritus sufridores en el ejercicio del cual solícitos mediums donan sus recursos mediúmnicos para ayudar a Espíritus que se encuentran en un nivel evolutivo inferior al suyo. Allí no se trata del intercambio con Espíritus simpáticos al médium sino de una tarea de sacrificio por amor, supervisada por los Orientadores Espirituales.

El Espíritu André Luiz presenta muchos de esos ejemplos en los que se comprueba la influencia moral de los mediums en el ejercicio de su mediumnidad. Se pueden destacar los casos de las mediums Eugenia y Celina narrados en el libro: En los Dominios de la Mediumnidad. Nos dice el mencionado autor espiritual cuando reproduce palabras del mentor Aulus acerca de determinada tarea de Eugenia: Es el fenómeno de la psicología consciente o trabajo de los mediums parlantes. Aunque domine las energías de Eugenia, el huésped enfermo de nuestro plano permanece controlado por ella, a quien se imanta a través de la corriente nerviosa mediante la cual nuestra hermana recibirá información sobre todas las palabras que él mentalice y que pretenda decir. En forma efectiva el Espíritu se posesiona temporariamente del órgano vocal de nuestra amiga, y se apropia de su mundo sensorial logrando así ver, oír y razonar con algún equilibrio por intermedio de la energía Eugenia, pero ésta domina con firmeza las riendas de su propia voluntad y actúa como si fuera una enfermera que concuerda con los caprichos de un enfermo con el objeto de auxiliarlo. Pero ese capricho debe ser limitado, porque, consciente de las intenciones del infortunado compañero a quien le presta su cuerpo físico, nuestra amiga se reserva el derecho de corregirlo ante cualquier inconveniencia.

A través de la corriente nerviosa conoce sus palabras cuando se forman y las evalúa previamente, puesto que los impulsos mentales del Espíritu repercuten sobre su pensamiento como verdaderos martillazos. De esa manera, al fiscalizar sus propósitos y expresiones, puede frustrarle cualquier intento de abuso, porque se trata de una entidad inferior a ella por causa de la perturbación y del sufrimiento en que se encuentra y a cuyo nivel no debe arrojarse si quiere ser útil. El Espíritu en turbación es un alienado mental que requiere ayuda. En las sesiones de caridad como la que estamos presenciando, el primer socorrista es el médium que lo recibe, pero, si el socorrista cae en la patrón vibratorio del necesitado que ruega su ayuda, hay poca esperanza de que le brinde un amparo eficiente. Así pues, cuando el médium está integrado en las responsabilidades que abraza, tiene el deber de colaborar en la preservación del orden y de la respetabilidad de la obra de asistencia a los desencarnados, por eso, les permitirá su libre manifestación sólo hasta el punto en que esa manifestación no afecte la armonía que necesita el conjunto y la imprescindible dignidad del recinto.14

Respecto de la asistencia mediúmnica brindada por Celina a través del fenómeno de la psicofonía sonambúlica, André Luiz nos relata el siguiente ejemplo: La noble señora miró al desesperado visitante (Espíritu desencarnado) con evidente simpatía, abrió sus brazos y lo ayudó para que tome posesión del vehículo físico. (...) Como atraído por un poderoso imán, el sufridor se arrojó sobre la organización física de la médium y se pegó a ella instintivamente. Ayudado por el guardián que lo traía se sentó con dificultad, y me pareció que estaba intensamente ligado al cerebro mediúmnico. Si Eugenia se había mostrado como una benemérita enfermera, doña Celina surgía ante nosotros como una abnegada madrecita, tanta era su devoción afectiva hacia el infortunado huésped.

De ella partían hilos brillantes que lo envolvían totalmente, y, a raíz de eso, el recién llegado, a pesar de ser dueño de sí mismo, se mostraba criteriosamente controlado. Se asemejaba a un pez en furiosa reacción entre los estrechos límites de un recipiente que en vano trataba de destrozar. Emitía de sí estiletes de tinieblas que se disipaban en la luz con que Celina-alma lo rodeaba, abnegada. Infructuosamente intentaba gritar improperios. La médium era un instrumento pasivo en lo exterior, pero, en las profundidades de su ser mostraba cualidades morales positivas, su conquista inalienable, que impedía a aquel hermano realizar alguna manifestación indigna.15

2. Influencia moral del ambiente en las comunicaciones mediúmnicas

El medio ambiente en el que se encuentra el médium también ejerce influencia en las manifestaciones mediúmnicas ya que todos (…) los Espíritus que rodean al médium lo ayudan para bien o para mal.8 Entre tanto, los Espíritus superiores pueden vencer la influencia negativa del medio cuando lo consideran necesario.9 Pero no asisten a las reuniones donde saben de antemano que su presencia será inútil. Ellos se presentan de buena voluntad ante personas poco instruidas pero sinceras, aunque allí no encuentren buenos instrumentos mediúmnicos. Por el contrario, no van a los ambientes instruidos donde predomina la ironía.10 En esos ambientes es necesario que se hable a los oídos y a los ojos de los asistentes: ése es el rol de los Espíritus golpeadores y burlones. Es conveniente que aquellos que se enorgullecen de su ciencia sean humillados por Espíritus ignorantes y poco adelantados.10

Efectivamente, sería (...) un error creer que alguien necesita ser médium para atraer hacia sí a los seres del mundo invisible. Ellos pueblan el espacio; los tenemos incesantemente en torno de nosotros (a nuestro lado, nos ven, nos observan), intervienen en nuestras reuniones, nos siguen o nos evitan según los atraigamos o rechacemos. La facultad mediúmnica no influye para nada en esto: ella no es más que un medio de comunicación.11 Respecto de la simpatía o antipatía entre los Espíritus, fácilmente se comprenderá que debemos estar rodeados por aquellos que tienen afinidad con nuestro Espíritu según sea su elevación o degradación. (…) Partiendo de ese principio, supongamos una reunión de hombres frívolos, inconsecuentes, preocupados por sus placeres; ¿cuáles serán los Espíritus que los rodearán de preferencia? Por cierto que no serán Espíritus superiores, del mismo modo que nuestros sabios y filósofos no pasarían su tiempo en semejante sitio. Donde quiera que haya una reunión de hombres, hay igualmente en torno de ellos una asamblea oculta que simpatiza con sus cualidades o con sus defectos, independientemente de que se realice alguna evocación.


Admitamos ahora que esos hombres tengan la posibilidad de comunicarse con los seres del mundo invisible por intermedio de un intérprete, es decir, de un médium, ¿cuáles serán los que respondan a su llamado? Evidentemente, los que estén más próximos, rodeándolos a la espera de una ocasión para comunicarse. Si en una reunión fútil se llamara a un Espíritu superior, éste podrá venir y hasta pronunciar algunas palabras de importancia como lo haría un buen pastor en respuesta al llamado de sus ovejas descarriadas. Pero, si no es comprendido ni escuchado, se retira, como lo haría cualquiera de nosotros en su lugar, y los otros quedarían en completa libertad.11 Entre tanto, no (...) siempre basta que una reunión sea seria para recibir comunicaciones trascendentes.

Hay personas que nunca se ríen, pero no por eso su corazón es más puro. Ahora bien, el corazón sobre todo, es lo que atrae a los buenos Espíritus. Ninguna condición moral impide las comunicaciones espíritas, pero, aquellos que están en malas condiciones se comunican con los que son semejantes, quienes no dejan de engañar y de lisonjear sus prejuicios. Allí se ve la enorme influencia que el ambiente ejerce sobre la naturaleza de las manifestaciones inteligentes.12 El Espíritu André Luiz, en su obra: En los Dominios de la Mediumnidad, al tratar de una reunión de efectos físicos para socorrer a enfermos del plano físico, se refiere al comportamiento perjudicial de algunos hermanos encarnados que no tenían en cuenta los altos objetivos de esa sesión: Como sucede habitualmente, algunos encarnados no tomaban con seriedad las responsabilidades de este tema y llevaban consigo emanaciones tóxicas provenientes del abuso de la nicotina, de la carne y de bebidas alcohólicas fuertes, además de formas-pensamiento inadecuadas para la tarea que el grupo debía realizar.16 Al proseguir con su relato, reproduce el comentario del Asistente Aulus: La posición neuropsiquiátrica de nuestros compañeros encarnados que comparten nuestra tarea en este momento, no colabora en nada. Absorben nuestros recursos sin una retribución que compense de alguna manera el abastecimiento de fluidos laboriosamente trabajados.16 En seguida, agregó el mencionado autor: En efecto, oscuras emanaciones mentales brotaban continuamente entrechocándose de manera lamentable.

Los hermanos que estaban en la carne se comportaban como criaturas inconscientes. Pensaban en términos indignos expresando peticiones absurdas en el aparente silencio en el que se sumían, inquietos. Exigían la presencia de afectos desencarnados sin tener en cuenta de la oportunidad ni el merecimiento imprescindibles, criticaban esta o aquella particularidad del fenómeno o enlazaban su imaginación a problemas envilecedores de la experiencia común.16 En el libro En el País de las Sombras, la famosa médium de materializaciones Elizabeth d’Espérance se refiere a un hecho que sucedió en una de sus sesiones mediúmnicas ocasionado por uno de los participantes de la reunión, que le produjo una seria enfermedad física. Son sus palabras: El triunfo que había coronado nuestras experiencias me habían cegado bastante en lo referente a las condiciones exigidas para la producción de las manifestaciones espíritas. Tal vez hubiera sucedido lo mismo con mis amigos. Inconscientemente o, tal vez, por intuición, habíamos adoptado muchos de los medios necesarios para tener éxito, y el resultado parecía justificar la idea de que bastaba con que reuniéramos la energía necesaria para obtener lo que deseábamos respecto de los fenómenos. No podíamos comprender cómo se producían. Sabíamos que la presencia de ciertas personas los favorecía, mientras que la de otras los dificultaban. (...) Nuestro éxito constante fue para nosotros una fuente de peligros.13 Más adelante, continúa: No sé cómo comenzó la sesión; había visto que Yolanda (Espíritu materializado) había colocado su jarrón sobre el hombro y que salía del gabinete. Pero más tarde supe lo que había pasado. Lo que sentí fue una angustiosa y horrible sensación, como si me hubieran querido sofocar o aniquilar, como si yo fuera una muñeca de goma violentamente apretada por los brazos de una persona. Después, me sentí invadida por el terror, oprimida por la agonía del dolor. Creí que iba a perder la razón y que me precipitaba en un pavoroso abismo donde no veía, no oía, no comprendía nada, salvo el eco de un penetrante grito que parecía venir de lejos. Sentía que caía, pero no sabía en qué lugar; intentaba asirme de algo, pero me faltaba el apoyo. Me desmayé, y sólo volví en mí para estremecerme de horror con la idea de haber recibido un golpe mortal. Mis sentidos estaban dispersos y sólo poco después pude concentrarme lo suficiente como para comprender lo que había sucedido. Yolanda había sido agarrada por alguien que la confundió conmigo. Fue lo que me contaron. Ese hecho fue tan extraordinario, que si no me hubiera encontrado en tan penoso estado de postración me hubiera reído, pero no pude pensar ni moverme. Sentía que me quedaba muy poca vida, y ese soplo de vida era un tormento para mí. La hemorragia pulmonar que durante mi estadía en el Sur había sido aparentemente curada, reapareció, y una bocanada de sangre casi me ahogó. Esa sesión me provocó una larga y grave enfermedad que hizo demorar durante muchas semanas nuestra partida de Inglaterra porque yo no estaba en condiciones de viajar.13

Por todo lo expuesto, se pone en evidencia para todos aquellos que se dedican a la tarea de la mediumnidad, la necesidad de emprender los mejores esfuerzos para lograr la propia renovación moral y procurar día a día la transformación de antiguas imperfecciones
en valores positivos del alma, ya que solamente de ese modo encontrarán la paz de conciencia mediante la seguridad del deber cumplido.

KARDEC, Allan. El evangelio según el espiritismo. Capítulo XXVIII. Ítem 9.
2 ______. El libro de los médiums. Segunda parte. Capítulo XIX. Ítem 223. 7ª
Pregunta 7.
3 ______. Ítem 223. 8ª. Pregunta.
4 ______. Capítulo XX. Ítem 226. 1ª. Pregunta.
5 ______. Ítem 227.
6 ______. Ítem 228.
7 ______. Ítem 230.
8 ______. Capítulo XXI. Ítem 231. 1ª Pregunta.
9 ______. Ítem 231. 2ª Pregunta.
10 ______. Ítem 231. 3ª Pregunta.
11 ______. Ítem 232.
12 ______. Ítem 233.
13 D’ESPÉRANCE, E. En el país de las sombras. Capítulo XXI: Una amarga experiencia.
14 XAVIER, Francisco Cândido. En los dominios de la mediumnidad. Por el Espíritu
André Luiz. Capítulo 6: Psicofonía consciente.
15 ______. Capítulo 8: Psicofonía sonambúlica.
16 ______. Capítulo 28: Efectos físicos.


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