jueves, 7 de enero de 2016

Cualidades esenciales del médium

Buenas tardes

Os dejo el texto de estudio del ESDE de este sábado.

Un abrazo fraterno

Divulgación




Cualidades esenciales del médium

Indiscutiblemente, la mediumnidad, en el aspecto que la conocemos en la Tierra, es la resultante de una extrema sensibilidad magnética, aunque en el fondo estemos informados de que los dones mediúmnicos en diferentes grados, son recursos inherentes a todos. Cada ser es portador de ciertas actividades, y por eso mismo, es instrumento de la vida. (...) Pero, es importante reconocer que existen mentes reencarnadas en condiciones especialísimas que ofrecen cualidades excepcionales para los servicios de intercambio entre los vivos de la carne y los vivos del Más Allá. En esas circunstancias, identificamos a los intermediarios adecuados para los fenómenos de la manifestación del espíritu liberado en los círculos de la materia densa. Con todo, no siempre quienes poseen esas energías son mensajeros de la sublimación interior. (...) Más de dos tercios de los médiums del mundo yacen aún en las zonas de desequilibrio espiritual, sintonizados con inteligencias invisibles con las que se afinan. Por esa razón, esas mediumnidades exigen estudio y buena voluntad en el servicio del bien a fin de retomar el ascenso armónico a las cimas de la luz. (...). En cualquier esfera de actividad de la vida los médiums, tamices de ruegos y de respuestas, necesitan despertar hacia la realidad de que viviremos siempre en compañía de aquellos que buscamos, ya que, en todas partes, estamos inmersos en un clima acorde con nuestro campo de atracción.

Cualidades esenciales del médium 
El ejercicio de la facultad mediúmnica no tiene relación con el desarrollo moral de los médiums. La facultad (...) propiamente dicha radica en el organismo; es independiente de lo moral. Pero no sucede lo mismo con su aplicación, que puede ser buena o mala, según las cualidades del médium. Sin embargo, es forzoso reconocer que la mediumnidad, en esencia, en lo referente a la energía eléctrica en sí misma, nada tiene que ver con los principios morales que rigen los problemas del destino y del ser.
Por la espontaneidad con que se evidencia, pueden disponer de ella sabios e ignorantes, justos e injustos; en ellos se expresa la necesidad de una recta conducción, mientras que la fuerza eléctrica exige disciplina para poder ayudar. Al ser así, si bien el (...) médium, desde el punto de vista de la ejecución no es más que un instrumento, ejerce sin embargo una influencia muy grande desde el aspecto moral. Puesto que para comunicase el Espíritu desencarnado se identifica con el Espíritu del médium, esta identificación no se puede producir si no hay simpatía entre uno y otro, y, si es lícito decirlo, afinidad.
El alma ejerce sobre el Espíritu libre una especie de atracción o de repulsión, según el grado de semejanza que exista entre ellos. En consecuencia, los buenos tienen afinidad con los buenos y los malos con los malos, de donde se desprende que las cualidades morales del médium ejercen una influencia fundamental sobre la naturaleza de los Espíritus que se comunican por su intermedio. Si el médium es vicioso, se agruparán en torno de él Espíritus inferiores siempre dispuestos a ocupar el lugar de los buenos Espíritus evocados.
Las cualidades que preferentemente atraen a los buenos Espíritus son: la bondad, la benevolencia, la sencillez de corazón, el amor al prójimo, el desprendimiento de las cosas materiales. A la par de la cuestión moral, se presenta una auténtica consideración que no es menos importante, que se relaciona con la naturaleza misma de la facultad.
La mediumnidad seria no puede ser y no será nunca una profesión, no sólo porque se desacreditaría moralmente si se la identificara con los que leen la buena suerte, sino también porque se opone a eso un obstáculo: el hecho de que se trata de una facultad esencialmente móvil, huidiza y mutable, con cuya perennidad nadie puede contar. (...)
La mediumnidad (...) no es un arte, ni un talento, por eso no puede tornarse en una profesión. Ella no existe sin la colaboración de los Espíritus; si ellos faltan, no hay mediumnidad. Podrá subsistir la aptitud, pero el ejercicio se anula. De esto se desprende que no hay en el mundo un solo médium que sea capaz de garantizar la obtención de algún fenómeno espírita en un momento determinado. Lucrar con la mediumnidad es, en consecuencia, disponer de una cosa de la cual no se es realmente el dueño. La mediumnidad es una cosa santa que debe ser practicada santamente, religiosamente.



Imperfecciones que alejan a los buenos Espíritus 
En la extensa comunidad de almas de la Tierra, encontramos aún en mayoría, conciencias enfermizas, moralmente endeudadas con la Ley Divina; consecuentemente, la mayor parte de las organizaciones medianímicas en el Planeta, no pueden escapar de esa regla.
Más de dos tercios de los médiums del mundo yacen aún en las zonas de desequilibrio espiritual, sintonizados con inteligencias invisibles que son sus afines. Al ser así, no podemos olvidar que la (...) mediumnidad es una energía peculiar a todos en mayor o menor grado de exteriorización, energía esa que está subordinada a principios específicos según hacia donde la dirijamos, y a la ley de la aplicación, de la misma manera que la azada puede ser utilizada tanto para servir como para herir, según el impulso que la oriente; si está en servicio metódico, mejorará siempre, o se cubrirá de herrumbre asfixiante y destructivo si está en constante reposo. De ese modo, las imperfecciones morales son las puertas que permiten el acceso de los malos Espíritus; las que más se evidencian son: (...) el orgullo, el egoísmo, la envidia, los celos, el odio, la codicia, la sensualidad, y todas las pasiones que esclavizan al hombre a la materia. La imperfección que ellos explotan con más habilidad es el orgullo, porque es la que menos reconoce poseer la criatura.
El orgullo ha perdido a muchos médiums dotados de las más bellas facultades; si no hubiera sido por esa imperfección, hubieran podido transformarse en notables instrumentos muy útiles, mientras que, prisioneros de Espíritus mentirosos, sus facultades se aniquilaron después de haberse pervertido, y más de uno se vio humillado por amarguísimas decepciones.
El orgullo en los médiums se traduce a través de evidentes señales sobre las que es necesario insistir, porque constituye una de las causas más poderosas de sospecha en lo referente a la veracidad de sus comunicaciones. El médium comienza por tener una confianza ciega en esas comunicaciones y en la infalibilidad del Espíritu que las brinda.
Después, manifiesta un cierto desdén por todo lo que no provenga de ellos: es que consideran tener el privilegio de la verdad. El prestigio de los grandes nombres con los que se adornan los Espíritus considerados protectores los deslumbra, y como el amor propio sufriría en ellos si tuvieran que confesar que han sido engañados, rechazan todo consejo; los evitan, apartándose de sus amigos y de todos aquellos que puedan abrirles los ojos. Si consienten en escucharlos, no le dan ningún valor a las opiniones que reciban, porque dudar del Espíritu que los asiste sería casi una profanación. La menor contradicción, una simple observación crítica, los disgusta, y, a veces, llegan al punto de odiar a las personas que les han brindado esa ayuda. Para favorecer el aislamiento al cual los arrastran, los Espíritus que no quieren contradictores, se complacen en cultivar ilusiones y les hacen considerar como cosas sublimes a los más evidentes absurdos. De ese modo: confianza absoluta en la superioridad de lo que obtienen, desprecio por aquello que no provenga de ellos, importancia irracional asignada a los grandes nombres, rechazo de todo consejo, desconfianza sobre cualquier crítica, apartarse de aquellos que puedan emitir opiniones desinteresadas y la creencia en sus aptitudes, a pesar de no tener experiencia: esas son las características de los médiums orgullosos.
También debemos convenir, que muchas veces, aquellos que forman el entorno del médium son los que despiertan en él el orgullo. Si tiene facultades un poco trascendentes, se lo busca, se lo elogia; entonces comienza a considerarse indispensable. Después, toma aires de importancia y de desdén cuando brinda ayuda a alguien.
Por lo tanto, es necesario huir (...) de los peligros que amenacen a la mediumnidad, como: la ambición, la ausencia de autocrítica, la falta de perseverancia en el bien y la vanidad de considerarse invulnerable. El medianero lleva consigo los mayores enemigos de sí mismo.

Cualidades que el médium espírita debe desarrollar para obtener la asistencia de los buenos Espíritus 
Es necesario que todos los Espíritus que hayan venido al Planeta con la responsabilidad de trabajar en las labores mediúmnicas comprendan la magnitud de sus sagrados deberes para obtener éxito en su elevado y noble trabajo. Todos los médiums que realicen dignamente la tarea que fueron llamados a desempeñar en el planeta, necesitan identificarse con el ideal de Jesús, y buscar como basamento de sus vidas la enseñanza evangélica en su divina pureza. La eficacia de su acción depende de su desprendimiento y de su caridad, y necesita comprender en toda su magnitud, la verdad contenida en la afirmación del Maestro: “Dad de gracia lo que de gracia recibisteis”. Quien conozca las condiciones según las cuales se comunican los buenos Espíritus, el rechazo que sienten por todo aquello que indique interés egoísta, y sepa qué poco se necesita para que se alejen, no podrá admitir nunca que los Espíritus superiores estén a disposición del primero que se presente. (...) El simple buen sentido rechaza semejante idea. (...) Por lo tanto, quien desee comunicaciones serias debe, antes que nada, pedirlas seriamente, y después, tomar conocimiento sobre la naturaleza de las simpatías que el médium tenga con los seres del mundo espiritual. Ahora bien, la primera condición para granjearse la benevolencia de los buenos Espíritus, es la humildad, la devoción, la abnegación, el más absoluto desinterés moral y material.
El médium espírita en especial, debe: Evitar suponer que tiene responsabilidades o misiones de gran trascendencia. También debe tratar de (...) acallar todo deseo de evidencia personal en la producción de este o de aquel fenómeno. Estar atento para no envanecerse: (....) aun cuando provenga de círculos bien intencionados, rechazar el tóxico de la lisonja. (...) La primera necesidad del médium es evangelizarse antes de entregarse a las grandes tareas doctrinarias. (...) El médium tiene la obligación de estudiar mucho, observar intensamente y trabajar en todo momento por su propia iluminación. Para obtener una educación deseable, es necesario estudiar la facultad que se posee y la Doctrina Espírita, a fin de identificar el mecanismo de fuerzas de las cuales se dispone y los valores éticos e instructivos del Espiritismo, que deben ser incorporados en las acciones diarias para que generen conquistas morales que liberen al médium de las pasiones inferiores y atraigan a los Seres Espirituales interesados en el progreso de la Humanidad.
Agréguese a esto la disciplina como factor relevante, ya que, gracias a su contribución se establecen los hábitos saludables en el ejercicio de la facultad, para que se tengan en cuenta los fines específicos de esa función a la que se denomina de naturaleza extra sensorial. (...)
Ciertamente, ésta no es una tarea que se pueda realizar de un solo intento, impulsados por la empatía o por el entusiasmo, sino que se produce a través de un proceso de auto control de largo curso, que se logra mediante el ejercicio constante que genera un clima emocional armonioso que favorezca el silencio mental indispensable. Con estas consideraciones no se pretende establecer que el médium deba ser un espíritu perfecto para lograr ese estado, sino que es deseable que se esfuerce siempre por mejorarse, que ascienda a peldaños más elevados de la evolución, y que aspire a más significativas conquistas morales. Por eso es que no basta la mediumnidad para concretar los servicios que nos competen. Necesitamos de la Doctrina del Espiritismo, del Cristianismo Puro, para poder controlar la energía medianímica de manera de dirigirla a favor de la sublimación espiritual en la fe religiosa. (...) Simbólicamente, el Espiritismo es Jesús que retorna al mundo y nos invita al perfeccionamiento individual a través del trabajo constructivo e incesante.


Bibliografía para consulta

KARDEC, Allan.
El evangelio según el espiritismo. Capítulo XXVI. Ítems 8, 9, 10
El libro de los médiums. Capítulo XX. Ítems 226, 227, 228
XAVIER, Francisco Cândido.
Conducta espírita. Capítulo 4: Del Médium
El consolador. Preguntas 387, 392
Emmanuel. Capítulo XI: Mensaje a los médiums. Necesidad de ejemplificar.
Evolución en dos mundos. Capítulo: Mediumnidad y Cuerpo Espiritual. Ítem: Función de la Doctrina Espírita
Liberación. Capítulo XV: Finalmente, el socorro.
En los dominios de la mediumnidad. Capítulo 15: Energías Viciadas y Capítulo 18: Anotaciones al margen
Roteiro. Capítulo 35: Entre las Fuerzas Comunes.
FRANCO, Divaldo Pereira.
Temas de la vida y de la muerte. Capítulo: Educación Interior.

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