lunes, 29 de febrero de 2016

El punto de vista lo es todo


El punto de vista lo es todo
 (Janaina Minelli)


La idea clara y precisa que nos formamos de la vida futura, otorga una fe indestructible para el porvenir; y esta fe tiene inmensas consecuencias sobre la moralización de los hombres, porque cambia completamente "el punto de vista desde el cual se contempla la vida terrestre.

Todo aquel que no es materialista comparte la intuición más o menos definida, que la vida debe continuar de algún modo tras la muerte física. El espiritismo, sin embargo, nos ha ofrecido ideas claras respecto a qué clase de experiencias le esperan al espíritu, en la nueva fase que empieza, después de su desencarnación. Gracias a los conocimientos que nos han sido ofrecidos por los espíritus que participaron en la codificación, no sólo sabemos que seguimos viviendo en otro plano de la vida después de la muerte; también sabemos, por ejemplo, que preservamos nuestra individualidad, es decir, que no nos integramos en un todo, en la Naturaleza o en el Creador. Seguimos siendo nosotros mismos, caracterizados por las mismas conquistas intelectuales y morales que ya poseíamos en la última encarnación. También sabemos que, por lo general poco a poco, recuperamos la memoria de encarnaciones pasadas y que a menudo necesitamos recibir tratamiento médico para sentirnos plenamente recuperados al llegar al plano espiritual. La psicografía de diferentes médiuns nos ha ofrecido información sobre ciudades en el plano espiritual, su funcionamiento y las diferentes clases de tareas que podemos seguir desempeñando al otro lado de la vida. La información más importante que nos ha ofrecido la Doctrina Espírita, sin embargo, es que según como vivimos determinamos qué calidad de vida encontraremos tras la muerte física. Una encarnación caracterizada por el egoísmo, el materialismo, la vanidad y el orgullo lleva inevitablemente al sufrimiento en el plano espiritual. Por el contrario, una encarnación dedicada a la caridad, la bondad y al amor, conduce a una nueva fase de experiencias llenas de paz y armonía.
foto: freedigitalphotos.net por dan

El conocimiento de la Doctrina Espírita debe transformar la forma en que vivimos, a mejor. Al presentarnos hechos mediúmnicos e información como la expuesta anteriormente, la espiritualidad no pretende que aumentemos nuestra cultura sobre la vida espiritual. Su objetivo es que, mientras estemos encarnados, en posesión de todo cuanto nos han dicho en la codificación básica y a través de las obras de médiums serios, utilicemos el libre albedrío para que podamos armonizar con la ley natural. El buen espírita no es quien se ha leído más libros o quién se sabe de memoria las preguntas del Libro de los Espíritus. El buen espírita se esfuerza cada día por ser más humilde, caritativo y cumplidor de sus deberes sociales. Su corazón está abierto al perdón y a la generosidad. El buen espírita sabe que, lejos de la perfección, la inferioridad que todavía le caracteriza no le impide esforzarse cada día por ser mejor, ser humano, más fraterno y solidario.

El espírita, como todo ser que progresa rumbo a la perfección, se enfrenta a pruebas y expiaciones. El conocimiento de la doctrina, sin embargo, le aporta la fe necesaria para sacar de sí mismo la fuerza y la entereza que, tanto en las situaciones más duras de la vida, como en los desafíos cotidianos, le brindan la paz en medio de la tempestad. El punto de vista del espírita no se dirige, por tanto, al goce de la vida terrenal, si no al perfeccionamiento del espíritu que le asegurará paz y armonía en el plano espiritual. Ante esta realidad, los obstáculos más difíciles se convierten en oportunidades de aprendizaje o rescate que deben ser aprovechados con gratitud hacia el Padre celestial, que nos permite volver sobre nuestros pasos y reparar nuestras equivocaciones.

El punto de vista lo es todo, nos dicen los espíritus en el Evangelio según el Espiritismo. Ante el dolor de las pruebas que todos estamos llamados a sobrellevar para llegar a la perfección, podemos escoger hundirnos o luchar; rebelarnos o tener fe; rendirnos o resistir. La perspectiva que ofrece la Doctrina Espírita nos convoca a luchar con fe sin rendirnos jamás, porque somos luz, creados para alcanzar la armonía completa con la fuente cósmica de amor y sabiduría. El que ha comprendido esta elevada doctrina no puede más que sentirse lleno de gratitud a la vida, por todo cuanto experimenta día tras día.

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