domingo, 10 de abril de 2016

Humildad para comprender el tema de la obsesión

Hola familia,

ayer en CEADS en la clase de ESDE empezamos a tratar el tema de la obsesión. Es un tema complejo, que demanda atención y estudio para su entendimiento, pero, sobretodo, humildad - ver concepto y causas de la obsesión. ¿Por qué humildad? Porque, como no dejaban de insistir los monitores de la clase de ayer, la obsesión es “cosa de dos”, una relación que se establece entre un encarnado y un desencarnado, dos desencarnados o dos encarnados. No sólo los desencarnados son obsesores; no sólo los encarnados sufren procesos de obsesión. Sin humildad ante este tema, podemos llegar a etiquetar a un espíritu como obsesor, a la persona bajo su influencia como su “víctima”, que los espíritus que se dedican a la obsesión son “los malos de la película” y que los que trabajan en tareas de desobsesión u otra forma de apoyo fraterno en el centro espírita, por ejemplo, son “los buenos”. El tema, sin embargo, es mucho más complejo.

La humildad es necesaria al que sufre un proceso obsesivo para que comprenda que, si hoy sufre la acción persistente de un espíritu que le desea el mal, es que de alguna manera le hizo daño a este espíritu o un ser querido suyo en el pasado; o que de alguna manera algo en su estilo de vida le hace vulnerable a esta influencia, en cuanto a los vicios materiales (como el tabaquismo, las drogas o el alcohol) o los vicios morales (como el orgullo, el egoísmo o la vanidad). La humildad también es importante para comprender que no existen víctimas y verdugos, sino responsabilidad y libre albedrío. Y también lo es, en el caso de las personas que trabajan en centros espíritas o que buscan ayuda ahí, para comprender que nadie salva a nadie, ni tampoco “quita el espíritu” a nadie o “bloquea la mediumnidad” de nadie. Los trabajadores del centro espírita pueden ofrecer la orientación que nuestra doctrina sistematiza sobre el tema, pero cada uno es responsable de poner en la práctica la profilaxis que le aportará equilibrio y protección contra procesos obsesivos: oración, caridad, estudio y un estilo de vida sano. Esto es lo que llamamos en le movimiento espírita “la reforma íntima”.

Echar la culpa a los espíritus por lo malo que nos sucede o desear que alguien nos libere de su influencia sin cambiar nuestro estilo de vida es inútil. El conocimiento de la Doctrina Espírita nos convoca a que asumamos nuestra responsabilidad sobre todo lo que nos sucede y para que  eduquemos actos, pensamientos, emociones y palabras para el bien y lo bello. Este es el mejor remedio contra la obsesión. En la próxima clase del ESDE, seguiremos con este tema. De momento os dejamos un vídeo de un grupo de brasileños que tratan temas espíritas con humor y picardía. El tono desenfadado del vídeo no deja de transmitir el mismo mensaje que la clase de ayer.


=)

Cariños,

CEADS  

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