domingo, 17 de julio de 2016

¿Quiénes son los niños?

Amigos de CEADS
Ayer en la actividad de sábados, Marcello Pagnotta, trabajador del Centro Espírita, nos ha dictado la conferencia titulada: ¿Quiénes son los niños? 

En esta interesante conferencia, Marcello ha iniciado analizando el desarrollo histórico que ha tenido la primera etapa de la vida: “la niñez”. En la edad antigua y media, según la cultura y fase, los niños eran sometidos a la voluntad de los padres y se observaba ausencia de una educación racional, la obediencia era en tal orden absoluta y de ninguna manera cuestionable por parte de los hijos. Algunas poblaciones, incluso, examinaban el estado de salud de los niños al nacer y según fuera el caso, eran sacrificados, tal como ocurría con los Espartanos. 
En el periodo consecuente, la edad moderna, inicia una fase en donde predomina la influencia de la religión sobre la educación, la cual se conserva hasta la edad contemporánea aunque de forma no tan generalizada. 
Jean Jacques Rousseau decía que los niños eran buenos por naturaleza; a lo que se puede interpretar que la educación es determinante en el aprendizaje y desarrollo moral de los niños.
Adentrando en la visión Espírita, Marcello nos recuerda que el Espiritismo de forma general, amplía el concepto de la vida y de nuestra naturaleza espiritual, y que en ese mismo sentido profundiza mucho sobre nuestra primera fase humana estando reencarnados. 

Fue Jesús quien dijo: dejad que los niños vengan a mí. Queriendo decir que la pureza del corazón es inseparable de la simplicidad y de la humildad, y toma a la infancia como ese emblema (El Evangelio según el Espiritismo, Cap. VIII BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN, Dejad que los niños vengan a mí)
Es necesario entender que, el niño es un ser con muchas experiencias acumuladas. Pasó por reencarnaciones anteriores a ésta y pasará por muchas otras hasta llegar a su pureza; lo que quiere decir que somos Espíritus inmortales con un cumulo de experiencias vividas y aprendizajes que nos identifican y nos definen. En ese mismo orden de ideas, se debe tener en cuenta que el Espíritu de un niño puede estar aún más desarrollado que el de un adulto; siendo solo la imperfección de los órganos lo que le impide manifestarse, actuando en virtud del instrumento con cuya ayuda puede expresarse (El Libro de los Espíritus, pregunta 379). 
Pero, ¿Qué hace que amemos de forma incondicional a nuestros hijos, si no sabemos quiénes son, lo que han sido y lo que serán? Marcello nos recuerda una de las mayores explicaciones del Espiritismo: al venir del plano espiritual nos olvidamos de quienes somos, de nuestros enemigos, de los desaciertos que tuvimos, y es de esa forma que en el núcleo familiar, los padres experimentan la mejor sensación con los hijos, la de amar. Es a raíz de esto que, no sabiendo si en anteriores reencarnaciones cometimos grandes desaciertos con ellos, disponemos de nuestros mayores sentimientos filiales para con ellos y nos esforzamos por su adelanto espiritual, que de forma inherente representa nuestro propio adelanto; es la ley de reencarnación. 
Tan importante es la niñez, que nos permite encaminarnos en las leyes divinas. Nos preparamos para educar (Ley del Trabajo), nos empeñamos en construir un buen futuro para ellos (Ley de conservación), renovamos nuestros hábitos, esforzándonos por erradicar nuestros desequilibrios y los de ellos (Ley de destruición), entendemos el significado de la familia como núcleo de la sociedad (Ley de sociedad), progresamos y aprendemos del amor al prójimo y de amar a los enemigos. 
Nos concluye Marcello, que los niños son seres con bagaje espiritual adquirido en otras vidas y que es una etapa de la reencarnación con características propias; somos nosotros (adultos) los responsables por su educación.        
Que grato ha sido profundizar en este tema,
A nuestros lectores, 

Con cariño, Equipo de Divulgación CEADS.

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