miércoles, 11 de enero de 2017

¡Jueves y Sábado en CEADS!

Buenas noches,

Mañana, Jueves, toca el Grupo de Estudio de Libros Espíritas (GELE),  a las 20.30 horas. Actualmente el grupo está en el Capítulo 20 del libro "Los mensajeros espirituales", segundo libro de la colección "En el mundo espiritual", del Espíritu André Luiz.

Ya para el Sábado, a las 17.30 horas, nuestra cita es con la Educación Espírita Infanto-Juvenil y con el Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita (ESDE) para los adultos.

Os recordamos que las clases empiezan 30 minutos después de la apertura. Antes de las clases atendemos a aquellas personas que, por algún motivo, quieran hablar con nosotros. No abrimos en días festivos nacionales y municipales.
En la mayoría de nuestras actividades ofrecemos tratamiento fluido-energético individual con agua magnetizada y pases espíritas.
Nuestras actividades empiezan y finalizan con una oración de agradecimiento a la Espiritualidad, dando las gracias por las enseñanzas recibidas. Rogamos a todos los asistentes, que lleguen cinco minutos antes del inicio de las actividades, manteniéndose en silencio para facilitar la armonía, sintonía y tranquilidad en el inicio de los eventos o estudios.

Más información sobre las actividades y horarios en nuestra web:



Y, para los más aplicados, os dejamos el texto de estudio para la clase del Sábado:

El Espiritismo: el Consolador prometido por Jesús

1. El Espiritismo: el Consolado prometido por Jesús.

En la última cena, al despedirse de los discípulos que componían su colegio apostólico, Jesús les prometió que vendría otro consolador. ¿Será el Espiritismo ese consolador? Tratemos de interpretar esa promesa de acuerdo con las enseñanzas de la Doctrina Espírita. Dijo Jesús; Si me amáis, cumpliréis mis mandamientos, y yo pediré al Padre, y Él os dará otro Paráclito (Consolador), para que permanezca entre vosotros para siempre, el Espíritu de la Verdad, que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Pero vosotros lo conocéis porque mora en vosotros y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos (....) Pero el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo lo que os dije. 
Juan, 14: 15 a 17 y 26.7 

De acuerdo con lo que nos enseña Allan Kardec, Jesús promete otro Consolador: el Espíritu de Verdad, que el mundo aún no conoce porque no está maduro para comprenderlo, Consolador que el Padre enviará para enseñar todas las cosas y para recordar lo que Cristo ha dicho. Por lo tanto, si el Espíritu de Verdad debe venir más tarde para enseñar todas las cosas, significa que Cristo no lo dijo todo; si viene a recordar lo que Cristo ha dicho, es que lo que éste dijo fue olvidado o erróneamente comprendido. 

El Espiritismo llega en la época predicha para cumplir con la promesa de Cristo: el Espíritu de Verdad preside su advenimiento. Convoca a los hombres a observar la ley; enseña todas las cosas y favorece la comprensión de lo que Jesús dijo por medio de parábolas. Cristo advirtió: “Aquellos que tengan oídos para oír, oigan.” El Espiritismo vino para abrir los ojos y los oídos, porque habla sin alegorías; levanta el velo arrojado intencionalmente sobre ciertos misterios. Viene, finalmente, a traer el supremo consuelo a los desheredados de la Tierra y a todos los que sufren al atribuirles una causa justa y una finalidad útil a todos los dolores. Dijo Cristo: “Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.” 

Pero, ¿cómo se puede ser dichoso al sufrir si no se sabe por qué se sufre? 



El Espiritismo muestra la causa de los sufrimientos en las existencias anteriores y en el destino de la Tierra donde el hombre expía su pasado. Da a conocer el objetivo de los sufrimientos enseñando que son como crisis saludables que producen la cura, medios de depuración que garantizan la felicidad en existencias futuras. De esta manera, el hombre comprende que mereció sufrir, y considera justo ese sufrimiento. Sabe que éste lo ayuda a progresar y lo acepta sin murmurar, como el obrero acepta el trabajo que le asegurará un salario. 

El Espiritismo le brinda una fe inquebrantable en el porvenir, y la duda dolorosa ya no se apodera de su alma. Al ofrecerle una visión de las cosas desde lo Alto, la importancia de las vicisitudes terrenas se pierde en el vasto y espléndido horizonte que le permite descubrir, y la perspectiva de la felicidad que le espera le da la paciencia, la resignación y el valor que necesita para llegar hasta el final del camino. De ese modo, el Espiritismo efectúa lo que Jesús dijo del Consolador prometido: ofrece el conocimiento de las cosas que le permite al hombre saber de dónde viene, a dónde va y por qué está en la Tierra; encauza por los verdaderos principios de la ley de Dios y consuela a través de la fe y de la esperanza.

En una comunicación insertada por Allan Kardec en El Evangelio según el Espiritismo, el Espíritu de Verdad, en nombre de Cristo, ratifica esa opinión cuando afirma: Vengo, como otrora a los extraviados hijos de Israel, a traeros la verdad y a disipar las tinieblas. Escuchadme. Así como lo hizo antiguamente mi palabra, el Espiritismo va a recordar a los incrédulos que por encima de ellos reina una verdad inmutable: el Dios bueno, el Dios grande, que hace germinar las plantas y eleva las olas. Revelé la doctrina divina. 

Como un segador reuní en haces el bien esparcido en el seno de la Humanidad y dije: “Venid a mí, todos vosotros que sufrís.” Pero los hombres, ingratos, se apartaron del camino recto y amplio que conduce al reino de mi Padre y se encaminaron por las escabrosas sendas de la impiedad. Mi Padre no quiere aniquilar a la raza humana; quiere que, ayudándoos los unos a los otros, muertos y vivos, es decir, muertos según la carne, porque la muerte no existe, os socorráis mutuamente, y que no se oiga más la voz de los profetas ni la de los apóstoles, sino la de aquellos que ya no viven más en la Tierra, clamando: ¡Orad y creed! Porque la muerte es la resurrección, y la vida es la prueba que habéis elegido, durante la cual las virtudes que hubiereis cultivado crecerán y se desarrollarán como el cedro. (...) 

¡Espíritas! Amáos, ésta es la primera enseñanza; instruíos, ésta es la segunda. 



En el Cristianismo están todas las verdades; los errores que se enraizaron en él son de origen humano. He aquí que desde el más allá de la tumba que considerabais la nada, surgen voces que os suplican: “¡Hermanos! Nada perece. Jesucristo es el vencedor del mal, sed vosotros los vencedores de la impiedad.” En otra comunicación insertada por Kardec como Prefacio de la obra citada, también el Espíritu de Verdad nos dice: Los Espíritus del Señor, que son las virtudes del Cielo, se ponen en marcha como inmenso ejército que al recibir las órdenes de su autoridad, se esparcen por toda la superficie de la Tierra, y, a semejanza de estrellas fugaces, vienen a iluminar los caminos y a abrir los ojos a los ciegos. Yo os digo, en verdad, que son llegados los tiempos en que todas las cosas han de ser restablecidas en su verdadero sentido para disipar las tinieblas, confundir a los orgullosos y glorificar a los justos. Las grandes voces del Cielo resuenan como sonido de trompetas, y se unen a ellas los cánticos de los ángeles. 

Os invitamos a vosotros, hombres, al divino concierto. Tomad la lira; que vuestras voces vibren al unísono, y que en himno sagrado se extiendan y repercutan de un extremo al otro del Universo. Hombres, hermanos a quienes amamos, aquí estamos junto a vosotros. Amáos también los unos a los otros, y decid, desde lo profundo del corazón, cumpliendo con los mandatos del Padre que está en el Cielo: ¡Señor! ¡Señor! ... y podréis entrar en el reino de los Cielos. Al ser así, y en consonancia con lo que manifiesta Emmanuel, el (...) Espiritismo evangélico es el Consolador prometido por Jesús, que a través de las voces de los seres redimidos esparce las luces divinas sobre toda la Tierra restableciendo la verdad en su aspecto de Cristianismo redivivo y levantando el velo que cubre las enseñanzas, con el fin de que los hombres despierten para la grandiosa era de la comprensión espiritual con Cristo. A pesar de esto, el Espiritismo, (...) no puede tener la pretensión de exterminar las otras creencias, parcelas de la verdad que su doctrina representa, pero sí puede trabajar para transformarlas mediante la elevación de sus antiguas concepciones hacia la claridad de la verdad imperecedera La misión del Consolador debe producirse junto a las almas, no al lado de las efímeras glorias de los triunfos materiales. Al esclarecer el error religioso donde quiera que éste se encuentre, y al revelar la verdadera luz a través de las acciones y de las enseñanzas, el espiritista sincero enriquece los valores de la fe y representa al operario de la restauración del Templo del Señor, en el que los hombres se agrupan en variados sectores ante diversos altares, pero donde existe un solo Maestro, que es Jesucristo.


2. La trascendencia del Espiritismo 

En el ítem 5 de la Conclusión de El Libro de los Espíritus, Allan Kardec presenta una argumentación que muestra claramente la trascendencia del Espiritismo. Aunque reflejan la realidad de su época, sus palabras, superan el transcurso del tiempo por la fuerza de la lógica: 

Aquellos que dicen que las creencias espíritas amenazan con invadir al mundo, proclaman “ipso facto” la fuerza del Espiritismo, porque nunca podría llegar a la categoría de universal una idea sin fundamentos y carente de lógica. De modo que, si el Espiritismo se implanta en todas partes, si principalmente en las clases cultas atrae adeptos, es porque, como todos reconocerán fácilmente, tiene un fondo de verdad. Todos los esfuerzos de los detractores en contra de esa tendencia se verán frustrados, y la prueba de esto es que, el mismo ridículo con el que pretenden cubrirlo, en vez de disminuir su ímpetu, le da renovado vigor, y este resultado justifica plenamente lo que muchas veces han repetido los Espíritus: “No os inquietéis por la oposición; todo lo que hicieren en contra de vosotros, se volverá en vuestro favor , y así, sin quererlo, vuestros mayores adversarios servirán a vuestra causa. La mala voluntad de los hombres no puede prevalecer contra la voluntad de Dios. 

A través del Espiritismo, la Humanidad va a entrar en una nueva fase: la del progreso moral, que es su consecuencia inevitable. Por eso, no os asombréis más por la rapidez con que se propagan las ideas espíritas. La causa de esa velocidad reside en la satisfacción que brinda a todos aquellos que las profundizan y que ven en ellas algo más que un pasatiempo trivial. Ahora bien, como cada uno desea por sobre todas las cosas, su propia felicidad, no debe sorprender que cada uno adhiera a una idea que hace dichosos a aquellos que la adoptan. 



El desarrollo de esas ideas presenta tres períodos distintos: primero, el de la curiosidad que despierta la característica particular de los fenómenos producidos; segundo, el del razonamiento y el de la filosofía; tercero, el de la aplicación y de las consecuencias. El período de la curiosidad ya pasó; la curiosidad dura poco. Cuando está satisfecha, cambia de objetivo. Pero no sucede lo mismo con lo que desafía a la meditación seria y al razonamiento. El segundo período comenzó; el tercero, se producirá inevitablemente. 

El Espiritismo progresó principalmente, después de haber sido comprendido en su íntima esencia, después de que se percibió su alcance, porque hace vibrar la fibra más sensible del hombre: la de la felicidad, aún en este mundo. Esa es la causa de su propagación, el secreto de la fuerza que lo hará triunfar. Mientras su influencia no llega a las masas, hace felices a aquellos que lo comprenden. Aún quienes no hayan presenciado ningún fenómeno dicen: “Además de los fenómenos, está la filosofía que me explica aquello que ninguna otra me había explicado. En ella encuentro, únicamente por medio del razonamiento, una solución racional para los problemas que conciernen a mi porvenir en su más alto grado. Me da serenidad, entereza, confianza; me libera del tormento de la inseguridad. Comparado con todo esto, el problema de las cosas materiales pasa a un plano secundario.” 

Todos vosotros, los que lo atacáis, ¿queréis un medio para combatirlo con éxito? Aquí lo tenéis: sustituidlo por alguna otra cosa mejor; aconsejad una solución más filosófica para todas las cuestiones que él resolvió; dadle al hombre otra certeza que lo haga más feliz, pero comprended bien el significado de esta palabra “certeza”, porque el hombre no acepta como “cierto” sino aquello que le parece “lógico.” No os contentéis con decir: esto no es así. Esa afirmación es demasiado fácil. Probad, no por la negación sino mediante los hechos que esto no es real, que nunca lo fue y que no puede ser. Si no es así, decid qué se podría poner en su lugar. Probad, finalmente, que las consecuencias del Espiritismo no es lograr que el hombre sea mejor, y, por lo tanto, que sea más feliz mediante la práctica de la más pura moral evangélica, en entorno de la cual se entretejen muchos loores, pero poco se la practica. Cuando hubiereis hecho esto, tendréis el derecho de atacarlo. 

El Espiritismo es fuerte porque se fundamenta sobre las bases mismas de la religión: Dios, el alma, las penas y recompensas futuras; sobre todo, porque pone en evidencia que esas penas y recompensas son las consecuencias naturales de la vida terrestre, y, además, porque, en el panorama que presenta del porvenir, no hay nada que la razón más exigente pueda rechazar. ¿Qué compensación ofrecéis a los sufrimientos de este mundo, vosotros cuya doctrina consiste únicamente en negar el futuro? Mientras os apoyáis en la incredulidad, el Espiritismo se apoya en la confianza en Dios; invita a los hombres a la felicidad, a la esperanza, a la verdadera fraternidad, y vosotros les ofrecéis la “nada” como perspectiva, y el “egoísmo” como consuelo; explica todo, mientras que vosotros no explicáis nada; prueba mediante hechos, y vosotros nada probáis. ¿Cómo queréis que se dude en el momento de optar entre las dos doctrinas?



Esas palabras de Kardec dejan entrever la gran trascendencia social de la Doctrina Espírita. Pero, creer que (...) el Espiritismo pueda influir en la vida de los pueblos y facilitar la solución de los problemas sociales está aún muy distante de la comprensión de las ideas de la época. Con todo, por poco que se reflexione, nos vemos obligados a reconocer que las creencias tienen una considerable influencia sobre la formación de las sociedades. En la Edad Media, la sociedad era la imagen fiel de las concepciones católicas. La sociedad moderna, bajo la inspiración del materialismo, sólo ve en el Universo la competición vital, la lucha entre los seres, lucha ardiente en la que todos los apetitos están liberados. Tiende a hacer del mundo actual una máquina formidable y ciega que tritura las existencias, donde el individuo no es más que una ínfima y transitoria partícula que salió de la nada, para volver a la nada en breve tiempo. Pero, ¡cuántos cambios se han producido en este punto de vista desde que el nuevo ideal esclarece nuestro ser y regula nuestra conducta! Con la convicción de que esta vida es un medio de depuración y de progreso, que no está aislada de otras existencias, ricos y pobres le darán menos importancia a los intereses del presente. Debido a que está establecido que cada ser humano debe renacer muchas veces sobre este mundo y pasar por todas las condiciones sociales; que las existencias oscuras y dolorosas son las más numerosas y que la existencia en la que la riqueza haya sido mal empleada ocasiona graves responsabilidades, el hombre comprenderá, que al trabajar en beneficio de los humildes, de los pequeños, de los desheredados, trabajará a favor de sí mismo. (...) Gracias a esa revelación, se implantan la fraternidad y la solidaridad; los privilegios, los favores, los títulos pierden su razón de ser. La nobleza de las acciones y de los pensamientos sustituye a la de los pergaminos. Concebida de esta manera, la cuestión social cambiaría de aspecto: el derecho de expresar sus respectivos puntos de vista entre las diversas clases se tornaría fácil, y veríamos cesar todo antagonismo entre el capital y el trabajo. Al conocerse la verdad, se comprendería que los intereses de unos son los intereses de todos, y que nadie debe estar bajo la coacción de otros. Surgiría así la justicia distributiva bajo cuya acción no habrá más odios ni salvajes rivalidades, sino una confianza mutua, la estima, el afecto recíprocos, en una palabra, se pondrá en práctica la ley de la fraternidad, que se convertirá en el único precepto entre los hombres. Éste es el remedio que la enseñanza de los Espíritus trae a la sociedad.

De ese modo, es exacto decir, que al brindarnos (...) la prueba material de la existencia y de la inmortalidad del alma, al iniciarnos en los misterios del nacimiento, de la muerte, de la vida futura, de la vida universal; al mostrarnos en forma palpable las inevitables consecuencias del bien y del mal, la Doctrina Espírita pone en evidencia, mejor que ninguna otra, la necesidad del perfeccionamiento individual. Por medio de ella, el hombre sabe de dónde viene, a dónde va, por qué está en la Tierra; el bien tiene un objetivo, una finalidad práctica. No se limita a preparar al hombre para el futuro, sino que también lo educa para el presente, para la sociedad. Con el perfeccionamiento moral, los hombres prepararán el reinado de la paz y de la fraternidad en la Tierra. De este modo, la Doctrina Espírita es el más poderoso elemento moralizador, porque se dirige simultáneamente al corazón, a la inteligencia y al interés personal bien entendido. Por su misma esencia, el Espiritismo se relaciona con todas las ramas de los conocimientos físicos, metafísicos y morales.

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