domingo, 12 de marzo de 2017

Una invasión organizada

Hola familia,

en el Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita que hicimos en CEADS ayer, leímos sobre hechos muy importantes para la Doctrina Espírita. En diferentes partes del mundo a mediados del siglo XIX sucedían fenómenos que la incredulidad atribuía a la charlatanía y los amantes de lo fantástico, a lo sobrenatural. Los hombres de ciencia de mente abierta de aquel tiempo se dedicaron a investigar estos hechos, mientras que las personas frívolas sólo vieron en estos fenómenos ocasión de diversión. 

En la clase de ayer leímos sobre las manifestaciones que ocurrieron en Estados Unidos y en Europa, en particular en Francia, llamando la atención de cuantos tomaban conocimiento de dichos sucesos.

1. Los Fenómenos de Hydesville 
En 1847 extrañas manifestaciones perturbaron la casa (una rústica vivienda) de un tal John Fox (y de su esposa Margareth) radicado en Hydesville, pequeño poblado del Estado de Nueva York: se oían ruidos inexplicables con tal intensidad que impedían el reposo de esa familia. 
A pesar de las numerosas investigaciones no se podía encontrar al autor de ese insólito barullo, si bien pronto se notó que la causa que lo producía parecía ser inteligente.
Las hijas del matrimonio Fox, Margareth y Kate, incluida también la mayor de ellas, Lía, casada, eran médiums. El día 31 de marzo de 1848, cuando los golpes (en inglés denominados “raps”) se tornaron más fuertes y persistentes, Kate, de 11 años, resolvió desafiar el misterio y entabló un diálogo con lo que todos suponían que era el diablo: 
— Señor con patas de cabra, haga lo que yo hago, golpeando las manos. 
De inmediato se oyó una serie de golpes de igual cantidad que las palmadas. La Sra. Margareth, entusiasmada, ordenó a su vez: 
— Ahora, haga exactamente como yo. Cuente uno, dos, tres, cuatro. 
Enseguida se escucharon los golpes correspondientes.

— ¿Eres un espíritu? – preguntó – Si así fuera, da dos golpes.
La respuesta afirmativa no se hizo esperar. — Si eres un espíritu asesinado, da dos golpes. ¿Fuiste asesinado en esta casa?


Se oyeron dos golpes estrepitosos. Convocados los vecinos, fueron testigos de los mismos fenómenos. Pusieron en acción toda clase de medios de vigilancia para descubrir al invisible golpeador, pero la búsqueda de la familia al igual que la de los vecinos fue inútil. Resultó imposible identificar la verdadera fuente de aquellas singulares manifestaciones. 

Las experiencias continuaron, abundantes y categóricas. Los curiosos, atraídos por los nuevos fenómenos, ya no se contentaron con preguntas y respuestas. Uno de ellos, llamado Isaac Post, tuvo la idea de pronunciar en voz alta las letras del alfabeto y de solicitar al Espíritu que diera un golpe cuando la letra mencionada estuviera incluida en las palabras que quería hacer comprender. A partir de ese día quedó inventada la telegrafía espiritual; este mismo proceso sería aplicado en las mesas giratorias.
Mediante ese proceso – el uso del alfabeto en la telegrafía espiritual – los Espíritus enviaron mensajes reveladores de los designios superiores, tales como el que sigue: 
Queridos amigos, debéis proclamar al Mundo estas verdades. Es la aurora de una nueva era, no intentéis ocultarla por más tiempo. Cuando hayáis cumplido con vuestro deber Dios os protegerá y los buenos Espíritus velarán por vosotros.

Los Fox, víctimas de la intolerancia y del fanatismo de los conservadores de la fe, resolvieron entonces ofrecerse para mostrar públicamente los fenómenos a la población reunida en el Corynthian-Hall, el salón más importante de la ciudad de Rochester. Después de pasar por el riguroso examen de tres comisiones, esas presentaciones fueron declaradas auténticas y, como era de esperar, grande fue el tumulto, al punto que las jóvenes Fox casi acaban linchadas. 
Pero la persecución trajo como consecuencia el aumento del número de adeptos a las ideas combatidas. Por consiguiente, pocos años después ya había varios miles de seguidores del espiritualismo moderno en los Estados Unidos.
2. Las mesas giratorias 
No podemos dejar de mencionar que el fenómeno adoptó enseguida otro aspecto. En vez de producirse sobre las paredes o el suelo, los golpes se hacían oír en la mesa alrededor de la cual se reunían los experimentadores. Precisamente los Espíritus sugirieron este modo de proceder.

Las primeras manifestaciones inteligentes se produjeron por medio de mesas que se levantaban y con una de sus patas daban cierto número de golpes, para responder de ese modo – por sí o por no – según se hubiera convenido, a una pregunta determinada. Hasta ahí no había nada convincente para los escépticos, porque bien se podía considerar que todo era obra de la casualidad. Posteriormente, con la ayuda de las letras del alfabeto, se obtuvieron respuestas más extensas: el mueble daba un determinado número de golpes que correspondían al número de orden de la letra. De esa manera se formaban palabras y frases en contestación a las preguntas formuladas. Tanto la precisión de las respuestas como la correlación que mantenían con las preguntas fueron motivo de asombro. Cuando se lo interrogó acerca de su naturaleza, el misterioso ser que respondía de esa manera declaró que era un Espíritu o Genio y rehusó mencionar su nombre, aunque suministró informaciones acerca de él mismo. Hay aquí una circunstancia muy importante que merece ser señalada: nadie imaginó que los Espíritus serían el medio para la explicación del fenómeno; el propio fenómeno reveló la palabra.
Cabe destacar que la raíz de esas manifestaciones nuevas en los Estados Unidos, muchos intelectuales, como el juez John W. Edmonds, el profesor James J. Mapes, el célebre profesor Roberto Hare, el sabio Robert Dale Owen entre otros, se acercaron a las nuevas ideas con el propósito de ilustrar a las personas acerca del engaño del que eran objeto. Pero por el contrario, ellos mismos, los sabios, se retractaron con honestidad de sus intenciones para declarar la autenticidad de los hechos, lo que aumentó más todavía el interés por las manifestaciones mediúmnicas, portadoras de mensajes provenientes del mundo espiritual.
La noticia de los misteriosos fenómenos que se producían en los Estados Unidos suscitó en Francia una enorme curiosidad y, en poco tiempo, la experiencia de las mesas giratorias alcanzó una difusión extraordinaria. En los salones la moda era interrogarlas sobre las más fútiles cuestiones. Era un pasatiempo de nueva índole que hizo furor. 
La imprenta informaba y urdía minuciosos comentarios acerca de las extrañas manifestaciones y, a no ser por el notable físico inglés Faraday, el sabio químico Chevreul, el conde de Gasparin, el marqués de Mirville, el abad Moigno, Arago, Babinet y algunos otros eminentes hombres de ciencia, a muy pocos les interesaba descubrir sus causas y explicarlas, mientras que la mayoría de los académicos miraban a esos fenómenos con superioridad y desdén. 
De vuelta a los días de la tumultuosa Francia de mediados de 1853, vemos que se habían organizado en un abrir y cerrar de ojos numerosos grupos de experimentadores curiosos. La maravillosa locura del siglo XIX ya se había infiltrado en el cerebro de la humanidad y toda París asistía, atónita y aterrorizada, a este torbellino fantástico de fenómenos imprevistos, que para la mayoría sólo eran creaciones de mentes alucinadas, pero la realidad los imponía aun a los más escépticos y frívolos. 
A raíz de la constatación irrefutable de los nuevos hechos (manifestaciones de Espíritus) que saltaban a la vista de todos, la prensa concedió mayor espacio en sus columnas a las noticias al respecto, lo que equivalió a atizar todavía más el fuego de los debates y las controversias que habían tomado impulso entre los observadores no tan frívolos.
La utilidad moral de los fenómenos de efectos físicos
Llegamos a la conclusión de que estas manifestaciones, planificadas y coordinadas por la espiritualidad superior, tenían objetivos elevados, pese a lo "grosero" que pudieron llegar a ser. Su función residió en:
  • Llamar la atención de las masas, tanto de las clases más humildes, como de las más ilustradas, de pobres y de las clases favorecidas;
  • La enorme repercusión que estos hechos generó, en particular por el espacio que ocupó en los medios de comunicación de este tiempo, contribuyeron a la propagación de las ideas espíritas;
  • Se cambió la visión de la mediumnidad, hasta entonces considerada únicamente como algo patológico o demoníaco;
  • Abrir las mentes y conciencias para la posibilidad de la existencia de algo que, aun desconocido, trascendía sus explicaciones y expectativas meramente materialistas;
  • Ofrecer a los que necesitaban "ver para creer" una oportunidad impar de constatación de que la muerte no es más que una transición a otra forma de vida, ya que seguimos existiendo con las mismas características que poseímos cuando encarnados, pero ahora sin un cuerpo físico.

Arthur Doyle clasificó estos hechos fundadores como una "invasión organizada". También es curioso pensar que Kardec mismo acudió a una de estas reuniones de las mesas giratorias como escéptico, con el propósito de identificar el embuste que allí consideraba que tenía que haber. Habiendo, sin embargo, excluido toda forma de engaño posible, llegó Kardec a la conclusión de que un efecto inteligente tiene una causa inteligente. Así fue como, entreviendo la trascendencia moral de los hechos que presenciaba, decidió dedicarse a la codificación de la Doctrina, lo que hizo bajo la asistencia e inspiración del espíritu de Verdad. Hoy en día fenómenos de esta clase son menos frecuentes, porque, por una parte, ya tenemos la Doctrina y lo que estos fenómenos nos venían a explicar; y por otra parte, vivimos la era de los fenómenos inteligentes.
Seguiremos con el estudio en las próximas clases, amigos.
¡Que la semana sea reica en oportunidades de aprendizaje y crecimiento para todos!
Equipo de Divulgación
CEADS




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